La mentira repetida mil veces

El martes 25 de setiembre, el matutino El País de Madrid publicó las actas de una reunión que mantuvieron el ex presidente español José María Aznar, George W. Bush y sus respectivos asesores cuatro semanas antes de la invasión a Irak, en el rancho de Crawford, Texas. La importancia de esa conversación y su actual revelación radica en el hecho de que tuvo lugar cuando aún ni siquiera se había enviado a la ONU la segunda resolución referente a Irak, que al final ni siquiera llegó a considerarse. Sin embargo, el presidente norteamericano ya tenía los movimientos previos en marcha, e incluso había decidido la fecha de la invasión.

Bush dijo que el ataque era inminente, con resolución favorable o no, "Quedan dos semanas. En dos semanas estaremos militarmente listos. Estaremos en Bagdad a finales de marzo".  Aznar, por su parte, le aseguró su apoyo y sólo pidió que le ayudara con la opinión pública de su país. Esto significa que, cuando al día siguiente el presidente español se dirigió a la población por televisión y aseguró que el régimen de Irak era un enorme peligro para el planeta y que se estaba haciendo todo lo posible por evitar el conflicto, mentía descaradamente.

A partir de ese momento, Aznar se dedicó a justificar su actitud ante la ciudadanía, sumando una mentira a otra y repitiéndolas frente a los medios de comunicación sin el más mínimo pudor, en cada oportunidad que se le presentaba. Un año después de la invasión, el 11 de marzo de 2004 (11M), tuvo lugar en la estación central de trenes de Madrid el mayor atentado  que sufrió la nación española desde la Guerra Civil, consecuencia directa de la participación del país en la guerra de Irak.  El gobierno de Aznar continuó su sumatoria de mentiras atribuyendo el atentado a la organización terrorista vasca ETA cuando ya era clara la autoría del fundamentalismo islámico; pero esta vez el electorado le dijo basta.  El Partido Popular (PP) de Aznar perdió las elecciones que se celebraron tres días después y consideraban ganadas.
Pero el PP no perdió las elecciones por amplio margen, más de un 40 por ciento del electorado siguió fiel a los populares, pese a sus mentiras.  Por eso los socios políticos de Aznar insisten en su modus operandi, y día a día agregan nuevas creaciones a su ya conocido repertorio de mentiras. Desde 2003 han continuado, y continúan hoy, repitiendo la mentira de la autoría de ETA en los atentados del 11M, que fue rebatida una y otra vez, incluso en los tribunales.

Esta forma de hacer política no es exclusiva de España, ni siquiera novedosa. Cambiando un par de nombres y algunas fechas, podemos trasladar esta crónica a casi cualquier país del planeta. De un modo u otro, todos suponemos que cuando los responsables de la política mundial se reúnen, se dicen cosas como las que ahora se revelan sobre la reunión del 22 de febrero de 2003 en Crawford, e inmediatamente después esos hombres poderosos se dedican a mentir sistemáticamente a sus respectivos votantes.  Obviamente, hay una razón por la que esas reuniones son secretas, es lógico suponer que los participantes no quieren que la opinión pública sepa lo que realmente sucede en tales ocasiones, sino la distorsionada versión que ellos darán luego a los medios. Lo que resulta verdaderamente indignante es verlos luego llenarse la boca una y otra vez anunciando a los cuatro vientos la transparencia y honestidad de sus actos. Y más curioso es ver que sus electores, sabiendo de sus constantes patrañas, les crean (o simulen creerles) y los vuelvan a votar.

Dicho más claramente, el actual sistema político mundial se basa en un entramado de falsedades, fraguadas por los que detentan el poder, y aceptadas por un electorado conformista que  simula creerlas y les entrega sus impuestos y sus votos; sólo piden que a cambio se las repitan mil veces.

 

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