Lavatrastes Pedro Zapeta, paradigma para la impartición de justicia

Por Mónica Castañeda

El caso del guatemalteco Pedro Zapeta, merece una mayor reflexión. Sus tribulaciones con la justicia estadounidense durante poco más de dos años nos hacen pensar que ha sido elegido como paradigma, en términos de “castigo ejemplar” para la impartición de justicia.

Pedro trabajó durante once años como lavatrastes y logró ahorrar la muy respetable suma de 59 mil dólares. Respetable, si tenemos en cuenta que percibió un salario de alrededor de 220 dólares a la semana, es decir, 11, 400 dólares por año.

Al considerar que tenía lo suficiente para adquirir un pedazo de tierra para trabajarla y vivir con su familia, Pedro decidió dejar Stuart, Florida  y regresar a su natal Guatemala.

Sencillez, ingenuidad e ignorancia se conjugan en la pretensión de Pedro de llevar el efectivo consigo mismo, sin declararlo ante las autoridades aduanales, como marca la ley cuando se trata de una cantidad mayor a los 10 mil dólares. Sin embargo, hay que tener en cuenta que Pedro no habla inglés y es muy probable que ése fuera el primer viaje en avión, en toda su vida, pues con toda seguridad  cruzó la línea fronteriza por tierra.

Inicialmente las autoridades asumieron que era dinero proveniente de actividades del narcotráfico. Sin embargo, los cargos fueron retirados cuando Pedro presentó los talones de pago de los restaurantes donde prestó sus servicios.

En tal caso, su patrón tuvo que haberle retenido, aproximadamente, diez dólares de su sueldo semanal si trabajó 40 horas con salario mínimo de 5.50 dólares (con el tiempo llegó a ganar 5.75 dólares), como pago parcial de impuesto al ingreso. El restaurante también le hizo retenciones por concepto de impuestos federales para la seguridad social (FICA) y Medicare, beneficios éstos que nunca usufructuaría, en el entendido que Pedro utilizó un número de Seguro Social apócrifo.

Zapeta ahorró –grosso modo- entre el 30 y el 40 por ciento del total de sus percepciones. No es difícil imaginar las condiciones de vida que hubo de soportar durante su estadía en  este país, si se estima que alguien con mucho mejores ingresos como lo es un profesionista, idealmente debe ahorrar entre el 12 y el 20 por ciento de su salario mensual para tener un retiro cómodo sin que impacte mayormente su economía. 

Pedro definitivamente antepuso el trabajo y las responsabilidades (el muy freudiano principio de realidad) a  cualquier posibilidad hedónica (el principio del placer). Semejante suma, perseverantemente ahorrada, nos indica que Pedro se proporcionó mínimas o ningunas satisfacciones y placeres durante su estancia en este país, y, nos deja ver que vaya si tuvo, durante todo ese tiempo, muy claro el objetivo de construirle una casa a su madre y hermanas.

Es innegable que casos como el de Pedro resulten paradigmáticos para  la autoridades gubernamentales en términos de mostrar una implacable impartición de justicia (las redadas a trabajadores indocumentados en sus centros de trabajo también lo son). Cierto es que Pedro se apartó del cauce legal al no declarar la suma en efectivo que llevaba, por desconocimiento o desconfianza o ambos.

Para las autoridades estadounidenses, Pedro es un criminal porque además, entró al país ilegalmente. Es de sobra conocido el postulado de representantes del gobierno, presidentes incluidos, de que el gobierno de los Estados Unidos “no negocia con criminales”, de manera que, se observa un doble estándar en el trato hacia el señor Zapeta, cuando trasciende que fisca

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