Opiniones irrelevantes

Las encuestas de opinión retratan una nación en la que la población se distancia más y más de su gobierno, o viceversa, sin que nada cambie en los planes de gobierno, en particular sobre la guerra en el Medio Oriente, que sigue siendo el motivo principal de la discordia.

A comienzos del mes, un sondeo de Washington Post/ABC News encontró que el nivel de aprobación del presidente Bush ha descendido a un récord de 33%, mientras que sólo un 29% aprueba del desempeño del Congreso opositor, de tal forma que el pueblo ahora no respalda ni a uno ni al otro, sino todo lo contrario. La segunda cifra refleja una caída de 14 puntos para los congresistas demócratas desde enero de este año.

Según la encuesta, 55% de los consultados quieren que el Congreso haga más para ponerle fin a la guerra en Irak.

Ya en julio, una encuesta del American Research Group daba los anonadantes resultados de que un 45% de los participantes favorece un juicio político contra el presidente, mientras que una mayoría, el 54%, quiere lo mismo para el vice-presidente Cheney. Y no es estrictamente partidaria la opinión: 69% de los demócratas estaban a favor de un juicio contra Bush, pero también 13% de los republicanos, y 50% de los independientes. El 93% de los entrevistados estaban inscritos para votar.

Un juicio político (impeachment) permite que la cámara baja traiga cargos, contra uno o el otro de los funcionarios, por “traición, soborno, o demás altos crímenes y delitos menores.” Un voto de 2/3 basta para removerlos. Durante el gobierno de Clinton, la Cámara republicana puso cargos contra el presidente por mentir acerca de su relación con una pasante en la Casa Blanca, algo que no le costó al país más que una pérdida de prestigio del incumbente. El proceso sí le costó al gobierno unos $40 millones. Pero, en realidad, la probabilidad de un juicio político por la guerra en Irak es de cero.

Tales datos en cualquier otro país serían vistos como evidencia de un gobierno en crisis, o aún fracasado. ¿Qué diría la prensa de EU si, por ejemplo, Hugo Chávez contara con sólo el 33% de aprobación, y su congreso bolivariano con sólo 29%? ¿Qué tal si fuera Vladimir Putin, o Evo Morales, el mandatario del caso? Habría que estar ya pensando en un cambio de régimen, asistido por fondos del Patrimonio Nacional para la Democracia (NED).

En EU, nada de esto afecta la conducta del gobierno. No sólo se mantienen los planes de establecer una presencia permanente militar en Irak, se discute abiertamente un bombardeo masivo de su vecino, Irán. Por su parte, los candidatos opositores principales (Clinton, Obama, Edwards) dicen que no se pueden comprometer a un cambio de estrategia, que es muy pronto para decidir si vale o no continuar la guerra. En cuanto a Irán, posiblemente haya que bombardear el país, y si tenemos bombas nucleares, pues bueno, “todas las opciones siguen sobre la mesa.” De los republicanos, ni hablar. Romney, Giuliani, Thompson priorizan la guerra ante las necesidades sociales del país. Romney insiste en reducir los impuestos, no obstante el ascenso imparable del costo de las guerras; Giulani afirma que reducirá el presupuesto social a favor de la guerra.

¿Quién va a votar por ellos? Una encuesta dada a conocer el 18 de septiembre de 2007 por el prestigioso Pew Research Center muestra que, aunque el corriente “surgimiento” de tropas en Irak ha traído un poco de nueva esperanza, solo el 42% de los encuestados piensa que EU definitiva o probablemente alcanzará sus metas en Irak. La cifra era 45% en abril, y 57% hace un año, arrojando un descenso en el entusiamo bélico desde entonces de 15 puntos.

En EU, el pueblo opina sobre su presidente cada cuatro años. En el interino, parece que su opinión no necesariamente cuenta. Cuando el gobierno y los candidatos presidenciales van a contra-corriente con la opinión popular, se le llama a eso “liderazgo,” siempre con una connotación de valentía.

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