Subsidios de países desarrollados representan obstáculo para progreso agrícola

A pesar de que los subsidios otorgados por los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) representan un obstáculo para las exportaciones agrícolas latinoamericanas, el sector ha logrado un éxito notable en los campos de la agroindustria y los biocombustibles, de acuerdo con el Informe sobre el desarrollo mundial 2008. Agricultura para el desarrollo, dado a conocer el viernes. Además, en el último decenio la agricultura ha contribuido muy poco a reducir la pobreza de la región.

Si bien la agricultura explica una pequeña parte del crecimiento económico de los países de América Latina y el Caribe —7% de 1993 a 2005—, varios subsectores agropecuarios con fuertes ventajas comparativas han tenido un crecimiento espectacular —como la soja en los países del Cono Sur, los biocombustibles en Brasil, las frutas y el salmón en Chile, las hortalizas en Guatemala y Perú, las flores cortadas en Colombia y Ecuador, y las bananas en Ecuador— y los sectores de la agroindustria y los servicios vinculados a los alimentos tienen una elevada participación en el PIB.

Las exportaciones tradicionales siguen siendo importantes, ya que representan el 80% de las exportaciones agrícolas de la región; asimismo, ofrecen nuevos mercados, a medida que se alejan cada vez más de las características propias de los productos básicos para ajustarse a los gustos diferenciados de los consumidores, como ocurre en los casos del café orgánico y la comercialización conforme a prácticas de comercio justo. Las exportaciones de alto valor han ido en rápido aumento, y los pequeños productores están ingresando en mercados especializados, como los de determinadas hortalizas y los de productos orgánicos a América Central. En América Latina y el Caribe, la agricultura da empleo al 30% de la mano de obra y genera el 7% del aumento del PIB.

Competir en pie de igualdad

“Se pueden obtener considerables beneficios a partir de la reforma del comercio de productos agropecuarios”, dijo Pamela Cox, vicepresidenta del Banco Mundial para la región de América Latina y el Caribe. “Sin embargo, esos beneficios no se distribuirán en forma equitativa entre los distintos productos básicos ni dentro de cada país. Es imperioso que las negociaciones comerciales de la Ronda de Doha para el desarrollo conduzcan a la eliminación de las políticas casi distorsionadoras que dañan a los países pobres”. Asegurar condiciones equitativas para la participación de América Latina y el Caribe en el comercio agropecuario internacional es decisivo, dice Cox, dado que la protección y los subsidios siguen siendo altos en los países desarrollados.

Se observan relativamente pocos progresos en la reforma de las políticas agrícolas de los países desarrollados. La protección y los subsidios para los productores de los países de la OCDE disminuyeron del 37% del valor bruto de los ingresos agrícolas durante 1986-1988 al 30% en 2003-2005. Aun cuando esta reducción de 7 puntos porcentuales constituye un avance, en el monto de la ayuda proporcionada en este mismo periodo aumentó de US$242.000 millones anuales a US$273.000 millones. Si se liberalizara el comercio agrícola, los países latinoamericanos, como Brasil, compartirían los mayores beneficios del aumento estimado del producto agrícola.

La inversión en investigación y desarrollo es rentable

El rendimiento de las inversiones en investigación y desarrollo en el sector agrícola es alto en América Latina y el Caribe. Los elevados beneficios en relación con el costo del capital también indican que la ciencia agrícola está fuertemente subfinanciada, de acuerdo con el nuevo informe. En los países de América Latina y el Caribe se invirtió más en investigación y desarrollo agrícolas que en ninguna otra región, con excepción de Asia y los países de la OCDE. Por su parte, Brasil ha incrementado rápidamente el gasto en investigación y desarrollo en los dos últimos decenios y cuenta con conocimientos de última generación sobre el sector.

Biocombustibles: La promesa y los riesgos para América Latina y el Caribe

En vista de que los precios del petróleo han aumentado como casi nunca antes y de que hay pocos combustibles alternativos para el transporte, Brasil, Perú y otros países de la región están apoyando activamente la elaboración de biocombustibles líquidos a partir de productos agrícolas, generalmente maíz o caña de azúcar en el caso del etanol, y varias oleaginosas en el caso del biodiesel. Los posibles beneficios ambientales y sociales, entre ellos la mitigación del cambio climático y la contribución a la seguridad energética, se mencionan como las principales razones que justifican el respaldo del sector público al veloz crecimiento de las industrias de los biocombustibles. Según menciona el informe, al tiempo que se lleva a cabo un amplio debate sobre los efectos económicos, ambientales y sociales de los biocombustibles, es preciso evaluar detenidamente el tema, antes de extender el apoyo público a los programas de biocombustibles en gran escala. Las estrategias nacionales en este campo se deben basar en una evaluación exhaustiva de las oportunidades y los costos.

Programa latinoamericano
 
“Hay tres áreas clave en las que América Latina podría obtener beneficios adicionales en relación con la agricultura y el desarrollo rural”, señaló Laura Tuck, directora sectorial de Desarrollo Sostenible del Banco Mundial. “En primer lugar, el crecimiento de la producción agrícola podría favorecer en mayor medida la inclusión de los pequeños productores. En segundo término, el sector podría respetar más el medio ambiente. En la región, la deforestación está estrechamente vinculada con la agricultura y se está observando que la conversión de tierras en gran escala está produciendo un impacto considerable en el clima. Por último, el gasto en el sector podría ser mucho más eficiente”, concluyó Tuck.

En el informe se señala que un promedio del 54% de los subsidios va a manos del sector privado; este dato señala la necesidad de pasar a la inversión pública en agricultura, o de adoptar un criterio equilibrado, en los países de América Latina y el Caribe. Por otra parte, estas naciones gastan menos del 2% del PIB mientras algunos países asiáticos, como China e India, gastan entre el 4% y el 6% del PIB, lo cual indica que la región debería —y puede— usar mejor los recursos destinados a la agricultura. El consumo interno es la principal fuente de demanda de los productos agrícolas: absorbe 3/4 de la producción, y el 60% de las ventas minoristas se realiza a través de las cadenas de supermercados. Es necesario transformar la agricultura tradicional, de baja productividad, en una agricultura moderna y comercial, para generar tanto crecimiento como puestos de trabajo. A fin de aumentar la competitividad de los pequeños agricultores en los dinámicos mercados nacionales de alimentos se debe prestar atención especial a las arraigadas desigualdades en el acceso a los recursos, los servicios públicos y las instituciones de apoyo.

De acuerdo con el informe, la mayoría de los países de América Latina y el Caribe se consideran urbanizados; sin embargo, América Central y Paraguay tienen todas las características de los países agrícolas. En México, algunos estados presentan rasgos agrícolas. Y Brasil posee la particularidad de contar con estados urbanizados que, al mismo tiempo, dependen en gran medida de la agricultura para su crecimiento. En las regiones urbanizadas, la agricultura aporta, en promedio, apenas con el 5% del aumento del PIB. No obstante, el 45% de la población pobre todavía vive en zonas rurales, y la agroindustria y los servicios relacionados con los alimentos representan hasta un tercio del PIB. En este ámbito, el objetivo general consiste en vincular a los pequeños productores con los mercados modernos de alimentos y crear empleo remunerativo en zonas rurales. “Las economías en rápida transformación deben pasar de la revolución verde a una nueva agricultura de alto valor, en la que el veloz aumento de los ingresos de la población urbana y la demanda de productos de alto valor en las ciudades sean los factores que impulsan el crecimiento agrícola y la reducción de la pobreza”, dijo Alain de Janvry, uno de los dos jefes del equipo a cargo de la elaboración del informe.

Cambio climático y agricultura

El cambio climático tendrá consecuencias de gran magnitud para la agricultura que afectarán de manera desproporcionada a los pobres, se señala en el informe. La pérdida de un número creciente de cosechas y cabezas de ganado ya tiene un alto costo económico y socava la seguridad alimentaria. Los gastos que acarrearía modificar los sistemas de riesgo, especialmente aquéllos que dependen de los deshielos en los Andes, podrían llegar a millones o incluso miles de millones de dólares.
 
El apoyo que el Banco Mundial prestó para agricultura y desarrollo rural en los países de América Latina y el Caribe en el ejercicio de 2007 ascendió a US$1.800 millones, con un total de 42 proyectos en toda la región. Fuente: Banco Mundial   

COMUNICADO. FUENTE: BANCO MUNDIAL

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