La pobreza y el campo

La pobreza no desaparece en Latinoamérica, aunque la región se vea favorecida por el crecimiento de sus economías.  Es que, en la mayoría de los casos, la riqueza no se reparte.  Para el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), América es el continente más desigual del mundo.  

La opción para el desarrollo más ampliamente difundida en la región durante las últimas décadas ha sido la del neoliberalismo, con la promesa de que a todos los sectores les llegarían los beneficios de la privatización de bienes del estado y la desregulación.  Dos de los países mayores que, bajo gobiernos conservadores, se han alineado con esa política económica son México y Colombia, y en ellos se esperaría ver un decrecimiento en la pobreza y la desigualdad.

Dos estudios recientes, sin embargo, dicen que no es así.  Afirma César Caballero, coordinador del proyecto “Objetivos de desarrollo del milenio”, del PNUD, que en Colombia, cuya economía crece al ritmo muy respetable de 7%, este crecimiento es menor que el de la pobreza, que ahora alcanza el 44 por ciento de los habitantes. El PNUD le asigna a Colombia el tercer lugar en los índices de desigualdad en la región, después de Haití y Brasil. En un departamento, el Chocó, colindante con Panamá, la tasa de pobreza llega al 80%.

En México, mientra tanto, alrededor de 40 por ciento de la población sigue en la pobreza, y 14 de cada 100 mexicanos viven con menos de dos dólares al día.  Así aseveraron funcionarios del Banco Mundial, institución que respalda las recetas económicas del neoliberalismo, y quienes ofrecieron datos para ejemplificar la diferencia en ingresos entre el norte industrializado y el sur agrícola de México. Según Vinod Thomas, director general de evaluación del BM, México, con un ingreso promedio de 8 mil 300 dólares anuales en poder adquisitivo, casi puede clasificar como un “país de alto ingreso”.  Sin embargo, acotó Francois Bourguignon, vicepresidente y economista en jefe del BM, “los estados del sur definitivamente tienen un nivel más cercano a los países de bajo ingreso”.  El BM clasifica como páises de bajo ingreso a aquellos cuyos ciudadanos perciben menos de mil 500 dólares anuales.

El Informe del desarrollo mundial, la publicación anual del BM, este año enfocó en la situación del agro.  El Informe destaca que el campo mexicano perdió una cuarta parte de sus habitantes en una década, y que, entre 1988 y 1996, los trabajadores agrícolas restantes perdieron un 30 por ciento de su poder adquisitivo, déficit que todavía no han recuperado. Según el BM, la situación en México refleja la de América Latina en general. En Brasil, por ejemplo, los agricultores han perdido un tercio de sus ingresos en los últimos 30 años.

No es que se trate de países subdesarrollados.  El informe señala que los salarios reales han aumentado en la mayoría de países de Asia y Africa, habiéndose triplicado en Paquistán y duplicado en Sudáfrica.  Incluso en el llamado Primer Mundo se ha visto la misma condición de desigualdad, pero se ha podido ameliorar.  En rueda de prensa en relación al Informe, Bourguignon aseveró:

“Hay muchos ejemplos de países y regiones donde había ese problema de desigualdad regional y con el tiempo se resolvió. Uno puede mirar la Unión Europea. Era exactamente el problema que tenían, y no solamente resolvieron los problemas de desigualdad entre los países miembros, sino también dentro de las naciones. En España, por ejemplo, impulsaron el desarrollo de Andalucía o Galicia, que estaban rezagadas respecto al resto del país. Si eso fue posible en España y en Europa, tiene que ser posible en México.”

¿Por qué, entonces, sigue siendo el caso que en grandes países dotados de recursos naturales y humanos, el 40% y más de la población sigue en la pobreza? ¿Por qué se permite la despoblación y empobrecimiento del campo, atentando contra la seguridad alimenticia de toda la población y acelerando la emigración hacia EU? Bourguignon asegura que México no ha asignado los recursos necesarios para el sur agrícola, pero eso no contesta la pregunta de fondo: ¿Y por qué no se han asignado esos recursos?

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