Libre Comercio: ¿libre de qué? – Parte 3

Parte 3 de 5: Argentina, golpes, y reacción

El liberalismo en Argentina

Después de su independencia, Argentina se debate entre los federales de las provincias y los unitarios liberales del puerto de Buenos Aires.  Capitales privados comenzaron a mediados del Siglo XIX la construcción de vías ferroviarias, que compra el gobierno con miras a desarrollar las zonas más aisladas.  Pocos años después, el presidente Mitre, habiendo llevado los liberales al poder, e imbuido de las ideas liberales emanadas de Europa, abre las fronteras al capital extranjero.  Los ingleses rápidamente compran los ferrocarriles y construyen nuevos, no con el propósito de fomentar el desarrollo en las provincias, sino de canalizar la producción de granos, carnes y enlatados hacia Buenos Aires para su exportación, algo así—aunque a escala mucho mayor—como el famoso trencito guatemalteco, único en el país, que existía sólo para llevar al puerto los plátanos de la United Fruit.  

Hasta la llegada de Perón en pleno Siglo XX no vuelven los trenes a ser propiedad del estado, siendo nacionalizados. Después de la dictaturas militares, bajo Menem y el neoliberalismo del Consenso de Washington, los ferrocarriles son desmantelados en parte y el resto entregado a concesionarios privados.

El neoliberalismo a golpes

El 11 de septiembre de 1973 los militares chilenos derrocan el gobierno electo e implantan la dictadura.  En breve llegan los Chicago Boys desde la ciudad de ese nombre para predicar e implementar los conceptos neoliberales: privatizar, reducir el tamaño del gobierno, eliminar reglamentaciones, y abrir las fronteras a capitales y productos extranjeros; y hacerlo todo con terapia de choque.  La economía chilena se viene abajo, y no se recupera hasta años después, ya despedidos los Chicos de Chicago.   Pero más dictaduras siguen el modelo, en Argentina y Uruguay, y en Bolivia.  (Brasil también estaba en manos militares, pero éstos protegían más a las compañías nacionales.)

De esta manera, el comercio libre llega no por libre opción de los pueblos, sino a la fuerza, a punta de fusil y entre torturados y desaparecidos.  Es el libre comercio del Plan Cóndor, que también cruzaba fronteras sin impedimentos.

Incluidos los gobiernos de las guerras centroamericanas, respaldados por EU, y los sucesores de éstos finalizadas las guerras, Latinoamérica casi entera se entrega al Consenso de Washington.

Para 1994, EU está dispuesto a formalizar su Consenso (de organizaciones en Washington) a nivel regional.  Comienza con México y Canadá, que conforman el NAFTA (Tratado de Libre Comercio para las Américas, o TLCAN).  Anticipa un futuro FTAA, Free Trade Area of the Americas, o ALCA, que incluiría a todos los estados americanos menos Cuba.

Pero ya se veían nubes sobre el horizonte.  Tanto el Banco Mundial como el BID, encargados de requerir de sus clientes “cambios estructurales,” avisaban que crecía la pobreza y se concentraba la riqueza; y que, de no cambiar las cosas, de no suavizarse los efectos del modelo, se podría perder todo.

La reacción

Algo inesperado sucede: a días de la firma del NAFTA, estalla en México la sublevación de los zapatistas, que atacan directamente al tratado y al neoliberalismo. Hasta esa fecha, sólo Cuba como estado se oponía de frente; poca fuerza tenían las voces disidentes en otros países; en ningún otro se daba una rebelión, mucho menos indígena, contra el neoliberalismo y sus gobiernos aliados. 

Se contuvo el alzamiento y pasó el susto.  El libre comercio Made in USA seguía viento en popa.  Pero entonces, en 1999, sucede algo más inesperado: sale electo en Venezuela un nuevo y—fuera del país—casi desconocido líder, Hugo Chávez, que arremete contra los principios y la práctica del libre comercio.   Defiende los recursos naturales y asegura que la estatal venezolana del petróleo vigilará su independencia.   El golpe no se deja esperar, y en 2002 Chávez es derrocado, pero devuelto al poder por el pueblo.  Vendrá la huelga empresarial y el sabotaje, y la campaña por el referéndum revocatorio, pero Chávez gana y demuestra que está para quedarse. 

En Brasil, Lula asciende a la presidencia, y Kirchner en Argentina.  Entre todos ellos, declaran sin vida la propuesta del tratado para las Américas.  Latinoamérica va cambiando.  Para el 2006, son reelectos Chávez y Lula.  Gana Evo Morales en Bolivia, y Correa en Ecuador.  Para mayor sorpresa, vuelve Daniel Ortega a la presidencia en Nicaragua. 

En México el susto es mayor, pero retoma Los Pinos el PAN, firme asociado al libre comercio.  Tambíén, en dos años de elecciones continuas, el gobierno centro-izquierda de Chile se mantiene sobre los rieles librecambistas, y Álvaro Uribe vuelve en Colombia. Oscar Arias retorna a la presidencia de Costa Rica, y Alán García a la de Perú.  No todo es negativo para el libre comercio, aunque los reveses han sido grandes.

En respuesta, EU abandona el proyecto continental y se enfoca en uno menor, el DR-CAFTA, conocido también como el Dr. Cafta, para la República Dominicana y Centroamérica.  Estos no tienen otra opción que asentir, aunque en Costa Rica la oposición popular casi rechaza al tratado ya negociado.  Por otro lado, EU persigue la Integración Profunda con Canadá y México, trabajando reglamentos administrativos más que proyectos de ley que implicarían a las legislaturas.

Próxima: Ganadores y perdedores.

You must be logged in to post a comment Login