Todos los estudiantes a la universidad

Las escuelas públicas de la ciudad de Alexandria (Virginia) intensificarán sus esfuerzos para que cada estudiante que se gradúe esté preparado para ir a la universidad, una meta que, por ahora, elude a buena parte de los estudiantes hispanos y negros.

Asimismo, el Sistema de Escuelas Públicas de Alexandria (ACPS por su sigla en inglés) estudiará una propuesta del Comité de Inquilinos y Trabajadores Unidos (TWU) para instaurar un programa de “justicia restaurativa” que corrija la desproporcionada aplicación de medidas disciplinarias a los estudiantes negros e hispanos en esa ciudad.

Estos fueron los asuntos discutidos el sábado en dos paneles que congregaron a más de un centenar de padres, madres, estudiantes, maestros, funcionarios de las escuelas y activistas comunitarios en un foro en la Escuela Intermedia George Washington, al cual asistió también el alcalde William D. Euille.

“A todos los estudiantes debería exigírseles más, todos los estudiantes deberían tener acceso a los cursos que estimulan el interés y que crean la expectativa de ir a la universidad”, dijo la estudiante de secundaria Giselle Ávalos. “Por ejemplo, aunque ya desde noveno grado se supone que a los estudiantes se les informa sobre las oportunidades de cursos para el examen de Advanced Placement, yo recién en el grado 11 me enteré, porque una amiga me habló de eso”.

Avalos sugirió que debería institucionalizarse una mayor coordinación entre los departamentos de consejería y los de orientación escolar. Los alumnos, dijo, en su mayoría solo tienen contacto con su consejero cuando hay un problema de disciplina, y hay muy poco contacto con el personal que da la orientación sobre becas, préstamos estudiantiles, preparación para exámenes de aceptación en las universidades.

El sistema escolar de Alexandria, que incluye 13 escuelas primarias, dos intermedias y una secundaria, presenta una peculiaridad: aunque según la Oficina del Censo la población es 70 por ciento blanca, 21,7 por ciento negra y 13,7 por ciento hispana en las escuelas públicas de la ciudad los negros son el 43,5 por ciento de los estudiantes, los hispanos el 25,6 por ciento y los blancos 24,2 por ciento.

Las cifras de ACPS muestran que los blancos son el 60,3 por ciento de los estudiantes en el Programa para Alumnos Talentosos y Dotados (Talented and Gifted Program, TAG); los negros son 22 por ciento y los latinos el 9,2 por ciento. Esto muestra que, en muchos casos, ya sea por su antecedente en la escuela primaria, por algunas dificultades de aprendizaje o por la falta de conocimiento del idioma inglés, las escuelas ponen a los alumnos negros e hispanos en cursos de menor nivel, y los jóvenes no aprenden las disciplinas que necesitarán para aspirar a niveles más altos de educación.

En la clase 2007, la única escuela secundaria de la ciudad, T.C. Williams, que había tenido 711 estudiantes al comienzo del décimo grado, solo 459 se graduaron con diplomas estándar o avanzado. Hubo 533 estudiantes negros y latinos que habían ingresado en ese grupo, pero solo 272 se graduaron con ese tipo de diplomas. En otras palabras los negros e hispanos fueron el 69,1 por ciento de los estudiantes que ingresaron a esa escuela secundaria y tres años después solo el 59,2 por ciento salieron con un diploma en sus manos.

“Nuestra meta es que preparemos a todos y cada uno de los alumnos para que ingresen a la universidad”, dijo en el foro el director de T.C. Williams, Mel Riddile.

Joyce Rawlings, madre y abuela que durante años ha sido una activista en el sistema escolar de Alexandria, señaló el hecho de que a la reunión había asistido una mayoría de hispanos, y muy pocos negros.

“Cuando miro a esta audiencia noto muy poca gente como yo”, añadió. “Tenemos que esforzarnos más, tenemos que tener presente las necesidades de los otros grupos. Tenemos que hablarnos entre nosotros y no separarnos”.

En el segundo panel se presentó la idea que TWU formalizará ante ACPS para el establecimiento en dos escuelas intermedias de un plan piloto de justicia restaurativa, un concepto diferente de la disciplina que va más allá de las meras sanciones y suspensiones, y busca que el alumno que incurre en una conducta inapropiada, en lugar de ser excluido, sea incluido en actividades que restañen el daño hecho y le mantengan vinculado a la escuela.

Las cifras bosquejan el problema: los blancos e hispanos son el 601, por ciento de los alumnos en las escuelas públicas de Alexandria, pero durante los últimos tres años escolares recibieron el 90,9 por ciento de las suspensiones. La tasa promedio de suspensiones en el período escolar 2007 fue de 11,61 por cada 100 estudiantes. Pero fue de 3,44 por cada 100 estudiantes blancos, 11,06 por cada cien alumnos hispanos, y 23,97 por cada 100 estudiantes negros. Las cifras son aún más desproporcionadas en las dos escuelas intermedias, George Washington y Francis C. Hammond.

Padres y alumnos explicaron que, si bien es necesaria la disciplina, la aplicación casi automática de suspensiones no resuelve los problemas de conducta que, muchas veces, se deben a conflictos y dificultades que los estudiantes tienen en sus hogares y en sus comunidades.

La propuesta de un plan piloto para justicia restaurativa comprende la capacitación de voluntarios, maestros y administradores y la creación de un ámbito adonde puedan concurrir los estudiantes que han recibido sanciones, en lugar de que se vayan a la casa o a la calle. En varias ciudades de EEUU ya se ha probado, durante años, la eficacia de estos programas, tanto en el ámbito educativo como en el de la justicia, y existe una amplia experiencia que puede adaptarse a las características de Alexandria.

Marge Bleiweis, especialista en Resolución de Conflictos para las escuelas públicas del Condado de Fairfax, explicó que el establecimiento de un programa de justicia restaurativa, si bien requiere algunos fondos, “no requiere mucho dinero, y es más una reasignación de recursos: la capacitación del personal escolar, la incorporación de padres, madres, voluntarios de la comunidad”.

“Lo más importante que pueden hacer las familias por sus hijos e hijas es brindarles apoyo”, afirmó Rawlings. “Los padres y madres tienen que concurrir a las reuniones. Y no deben amilanarse por la barrera del lenguaje: los chicos mismos pueden servir de intérpretes, un vecino, una amiga puede traducir. La lección principal para todos los jóvenes es disciplina, que deben ser responsables por las consecuencias de sus acciones. Pero también hay que elevar las expectativas. Aún si el padre y la madre no pudieron ir a la universidad, hay que presentarles esa meta a los chicos, hay que estimularlos y exigirles que trabajen de manera diligente para ir a la universidad”.

Rawlings expresó a MetroLatinoUSA su preocupación porque, cuando se requiere un esfuerzo conjunto de la comunidad para la atención de problemas como la preparación deficiente de estudiantes para la universidad o la aplicación desequilibrada de sanciones, “no siempre hay unidad entre hispanos y negros. Unos y otros sienten que si se convoca a una reunión, y van y no ven gente de ‘su grupo’, no es algo que les concierne a ellos. Tenemos que hallar los puentes, tenemos que construir los mecanismos para que en estos y otros problemas todos actuemos unidos, no separados. Esto nos concierne a todos, son nuestros hijos, nuestros nietos, es el futuro de todos”.

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