Una de piratas

El ladrón entró a casa de sus anfitriones con cautela, había escuchado varias historias acerca de la enorme fortuna que allí se guardaba, así que aprovechó cada instante para buscar vestigios de oro, plata y objetos valiosos. Los dueños de casa notaron el nerviosismo de su huésped y le preguntaron la razón. Él les contó las historias que sabía,  y se mostró muy interesado en la naturaleza de sus tesoros, dijo que los ayudaría a guardarlos. Sus anfitriones no dudaron en mostrarle sus valores con orgullo, y hasta le regalaron algunas piezas.  

Pero los regalos, lejos de contentar al ladrón, despertaron su infinita ambición. Enceguecido por el brillo del oro, decidió entonces que debía adueñarse de esa riqueza por los medios que fuera. Empezó por hacerse amigo y confidente de los dueños del oro, les habló de un dios bueno, de paz y amistad. Ellos confiaron en él y le abrieron las puertas de su casa. Cuando la ocasión fue propicia, el ladrón asesinó a toda la familia, a algunos los torturó durante horas antes de ultimarlos. Una vez terminada la matanza, agarró todo lo que pudo y se lo llevó a su casa.   En su huída atolondrada cargó más de lo que podía llevar y perdió muchas preciosas piezas por el camino, aunque nunca se enteró. Llevó los tesoros a su casa y fue recibido como un héroe. Sus vecinos le colmaron de honores, manjares y excesos;  tuvo una vida larga y viciosa y  nunca trabajó.  

Mucho tiempo después, ya muerto el ladrón, un grupo de intelectualesque estudiaban la historia de la rica comarca, descubrieron todo acerca del robo y la matanza. Siguieron el camino que el ladrón hiciera en su tiempo, encontraron las piezas que había perdido en su huída y se las llevaron a su casa. Pero los nietos del ladrón se enteraron y acudieron a la justicia para reclamar  las piezas “pertenecientes a su abuelo”. El juez , que casualmente también era descendiente del viejo ladrón, les dio la razón y ordenó que las piezas les fueran “devueltas”. 

Parece una historia de las Mil y una Noches ¿verdad? pues es muy real. En mayo de 2007, la empresa norteamericana Odyssey Marine Exploration dedicada a la investigación y recuperación de naufragios, encontró los restos de un antiguo navío con un gran tesoro en monedas de oro y plata. El estado español se enteró y, ante la sospecha de que se tratara de un barco de su flota imperial, reclamó su propiedad.  

 En el siglo XV, España envió sus barcos, sus curas y sus tropas a robar todo lo que pudieran de América, los tesoros que transportaban sus galeones no era otra cosa que el producido de las minas del Perú, donde los nativos trabajaban como esclavos.  Seis siglos más tarde, los descendientes de aquellos saqueadores genocidas reclaman la propiedad de esas riquezas. Lo mejor de todo es que llaman al botín hundido “patrimonio histórico español” y un juez tuvo el descaro y el mal gusto histórico de ordenar la detención del buque “Odyssey Explorer” cuando saliera de Gibraltar.    

El barco fue apresado el martes 16 de agosto, tan pronto entró en aguas españolas, y conducido al puerto de Algeciras para su inspección. Tres días después, fué liberado y se le concedió permiso para zarpar. Greg Stemm, copresidente y fundador de la empresa con sede en Tampa, dijo a los medios mientras disimulaba una sonrisa: "Estamos satisfechos con el hecho de que las autoridades españolas hayan podido llevar a cabo su inspección eficientemente", luego se acomodó el parche del ojo y se alejó caminando con su pata de palo. 

Según la compañía rescatadora, los restos fueron encontrados en una zona del Océano Atlántico que se encuentra en aguas internacionales y que designa como “El Cisne Negro”. De acuerdo al investigador John Morris, esta zona está plagada de naufragios: “Nuestros estudios sugieren que un gran número de naves del período colonial se perdieron en esta zona, así que tenemos que ser muy cautelosos antes de especular con la identidad del pecio. Sin embargo, hemos tratado este hallazgo con mucho cuidado y creo que nuestro equipo arqueológico ha hecho un trabajo excelente. Estamos convencidos de que el hallazgo tendrá una enorme relevancia para la historia", agregó.

Voceros de la empresa aseguran que el rescate se ha hecho en estricta observancia de las leyes internacionales.  O dicho de otro modo; “como ya no queda oro que robar, buscamos lo que perdieron los viejos ladrones, nos lo llevamos, y ustedes no nos molesten” y se despidió diciendo: “estamos tranquilos porque sabemos a ciencia cierta que tendremos cien años de perdón”.      

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