Se mueren por lograr la ciudadanía

El 18 de octubre, el Ejército informó que no encuentra cómo reclutar nuevas tropas para mandar a Irak.  Por ahora, el Pentágono extenderá el uso del programa "stop loss" (parar las pérdidas), especie de reclutamiento forzoso mediante el cual se extiende perentoriamente el servicio de los soldados que ya han cumplido los períodos contratados.  Para ellos, parafraseando a Sartre, no hay salida.

Un vocero del Ejército confesó que mientras no baje la demanda (en este gobierno, hasta el Pentágono habla en términos de las curvas de oferta y demanda, así se trate de vidas) no podrían dejar de conminar la extensión de los plazos de servicio. Tautológicamente, añadió que cuando comienzen a retirar tropas de Irak podrán depender menos del "programa".

Cuatro días después, la revista alemana Spiegel publicó su propio reportaje sobre unas de las nuevas maneras de llenar la falta de oferta de mano de obra militar: el reclutamiento de inmigrantes.  Informó Spiegel, entrevistando a soldados y a su familiares–en el caso de los fallecidos en la guerra–que los interesados vienen de países como Alemania y Portugal, pero la mayoría, de Latinoamérica y el Caribe.  Y tiene sentido que, en tiempos de una histeria anti-inmigrante, jóvenes de, por ejemplo, México y la República Dominicana, busquen refugio en una ciudadanía automática, y por lo demás bien compensada, por lo menos para los que sobreviven.

Así fue el caso, según Spiegel, del dominicano Juan Alcántara.  Su madre, María, relata que el Ejército le prometió a Juan "hasta $50.000 para la universidad, más un extra de $20.000, su preferencia entre 200 trabajos, y una posición a tiempo completo". En la ceremonia fúnebre y entierro de Juan, le entregaron a ella una bandera de EU, una medalla Corazón Purpúreo–galardón de los heridos en combate–, y el certificado de ciudadanía de Juan, quien, ya naturalizado, abraza la tierra de su nuevo país desde el interior de su tumba.  Todos en la ceremonia le aseguraron a la madre que su hijo fue un héroe. 

Juan se convirtió en el soldado inmigrante 103ro en obtener la ciudadanía después de morir en Irak, siguiendo el ejemplo de uno de los primeros soldados en caer al comienzo de la invasión en 2003, el infante de marina José Gutiérrez, un joven huérfano de Guatemala que entró ilegalmente a EU.

José había cruzado 3.000 millas a pie, por carretera, y por tren, para poder saltar la barda que era su último obstáculo, antes de ser detenido por Inmigración y enfrentar la deportación.  Se pudo quedar porque mintió acerca de su edad, diciendo que tenía 16 años. Su caso fué descrito en el programa televisivo 60 Minutes II (The Death Of Lance Cpl. Gutierrez), en 2003.

A él, también, lo declararon un héroe, aunque antes lo querían deportar. El Pentágono le compró un espacio en el cementerio más lujoso de Guatemala, para que ahí descansara siendo ya, póstumamente, ciudadano de otro país.

El reportaje en el sitio de Web de 60 Minutes incluye una postdata: "Varias semanas después de que 60 Minutes II transmitiera esta historia por primera vez, el servicio militar de EU reveló la causa de la muerte de Gutiérrez. No fué por las armas iraquíes, sino por fuego amistoso, de sus compatriotas estadounidenses."

Juan, el dominicano, el número 103, no será el último en ganarse la ciudadanía de la forma más brava. La guerra promete estar con nosotros por muchos años más.

You must be logged in to post a comment Login