Libre Comercio: ¿libre de qué? – Parte 4 de 5

Parte 4 de 5: Ganadores y perdedores

Es común ver el concepto de libre comercio como uno de intereses nacionales.  Gana un país y pierde el otro, o, según el argumento propositivo, ganan ambos y todos. Pero no es así de simple la cosa.

Las economías de mercado en América—hasta ahora, todas menos Cuba—están compuestas de diferentes sectores: manufacturas de una cosa o la otra, agroindustria, servicios profesionales, bancos, turismo, minas, tecnologías de punta, transporte—todo lo que cabe dentro de las economías modernas.  No todos se benefician por igual bajo los tratados de libre comercio, porque algunos sectores deben ceder espacio mientras otros lo ganan.  Un país puede ostentar una industria de avanzada pero estar a la zaga en otras; o la influencia de un sector puede ser tan grande como para adelantar sus propios intereses a expensas de otro.

Cuando se abren las fronteras, aún dado las asimetrías entre los países del continente, algunos sectores esperan ganar, mientras otros ven un futuro oscuro.  EU ha traspasado a otros países una buena parte de su manufactura, o ha cedido el terreno en sectores determinados, como el de máquinas DVD.  Ahora se enfoca en los servicios, un sector que persigue ampliar bajo los tratados.  Todavía extiende grandes subsidios a sectores agrícolas, como el maíz y el azúcar, pero no a todos.  En producciones que requieren una gran mano de obra barata, queda en desventaja.

Para los latinoamericanos, algunos sectores de exportación esperan ver una expansión dentro de nuevos espacios abiertos en EU, por exiguos que sean.  Otros sectores relacionados, o que dependen de una cercanía a EU, también se verían beneficiados.  Hay incluso quienes esperan ganarse unos dólares a cambio de su nombre o influencia, o por su conocimiento del terreno o disposición de vender el concepto.

Otros sectores quedarán arrasados, sin embargo, como el agro.  Ya se ha visto esto en México, que no sólo rápidamente se hizo dependiente de las importaciones del maíz subsidiado y mecanizado de EU, sino que, debido al desvío de maizales para producir etanol, ha visto subir los precios del maíz blanco, que quiere decir la tortilla, que quiere decir el consumo tradicional y diario.  Además, con los TLC entran las variantes transgénicas, que, porque no se reproducen, requieren nuevas compras de semilla cada año, en lugar de usar semillas de la cosecha anterior.  En el sector de servicios en general, ni hablar.  Ni México, que emplea más y más los consultores de EU, puede competir de cara a cara con éste, mucho menos los pequeños paises del istmo.

En otras palabras, en este sentido ganan o pierden sectores, no países como tales. 

Hay otras dimensiones, sin embargo.  Los países subdesarrollados dependen mucho de la venta de recursos naturales, y no tanto de las manufacturas y servicios.  Hay países que quieren retener el control de sus recursos, y utilizarlos primero para beneficio y desarrollo propio.  Los países que pierdan ese control los verán utilizados para servir primero al desarrollo de otros países.   Eso es en gran medida un interés nacional.

Y algo más: no todo en los TLC tiene que ver con la economía y las finanzas.   Robert Zoellick, hasta hace poco negociador de los TLC, y ahora jefe del Banco Mundial, ha dicho en un discurso que "EU busca la cooperación—o algo mejor—en la relaciones exteriores y la seguridad.”  Es decir, que los países menores no sólo quedarán dependientes de EU en cuanto a sus economías, sino que deberán alinearse con la política exterior del Hermano Mayor y su concepto de la seguridad nacional.  Esto se traduce en soberanía disminuida, y representa un interés que sí es nacional, a no ser que se definan los intereses de los grupos dominantes de EU como idénticos a los de los países latinoamericanos y caribeños.

Próxima: Conclusiones

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