La otra España, la racista

En las últimas dos semanas los medios de comunicación de España y el mundo han dedicado al tema del racismo quizás tanto o más tiempo que el que habían dedicado en toda su existencia. El catalizador de esta reacción mediática fue la agresión de un xenófobo contra una adolescente ecuatoriana en un tren de Barcelona que la cámara de seguridad grabó con lujo de detalles y ha sido retransmitida por cada medio audiovisual desde Catalunya a Quito, pasando por Manila para cortar camino.

La chica, de 16 años, viajaba en un tren catalán a la altura L’Hospitalet, cuando Sergi Xavier, de 21 años, que había abordado el vagón manteniendo una conversación de tono racista por su móvil, se percató de la presencia de la chica sudamericana. La imagen muestra como la agredió de palabra primero,luego la manoseó , y antes de bajarse le dio una patada de medio giro en la cara; nunca dejó de hablar por teléfono mientras asediaba a la chica. El testimonio posterior de la víctima confirmó que, mientras le pegaba, el agresor le gritaba insultos de corte racista como: "zorra", "inmigrante de mierda", la amenazaba de muerte y la “invitaba” a "irse a su país".

La actuación de la justicia  española en lo referente a este caso ha sido, como poco, ineficiente. El agresor fue dejado en libertad por decisión de dos jueces y el fiscal ni siquiera acudió a la primera citación, aunque luego, en respuesta a la presión mediática y de la representación ecuatoriana en España, pidió la detención del violento racista.  Una seman después del ataque, Sergi Xavier sigue en libertad y su víctima no quiere salir de su casa por temor.

Muchos se preguntan hoy por que razón este caso ha tenido tanta difusión dado que no es único, ni el más grave, ni siquiera raro. Jorge del Cura, portavoz del “Movimiento contra la Intolerancia” en Madrid, asegura que esa organización registra más de cuatro mil incidentes racistas al año en toda España.  En febrero de 2006 en Alcalá de Henares, Miwa Buene, congoleño de 42 años, recibió una paliza que le propinó un hombre de 29 años “porque es negro”.  Buene quedó parapléjico, sólo puede mover la boca.  El agresor, que cuenta además con dos antecedentes por agresión y uno por robo con amenazas, fue interrogado por el juez siete meses después del ataque, y dejado en libertad. Tampoco en esta ocasión el fiscal acudió a la comparecencia.

En  gran parte de los incidentes denunciados, los agresores son integrantes de cuerpos armados del estado: la Policía Nacional, la Policía Local y la Guardia Civil. En 2006 hubo más de 600 denuncias por malos tratos policiales presentadas por inmigrantes. De los cuerpos de seguridad oficiales, el más denunciado son los Mossos d’ Escuadra, la policía catalana. Tres personas fallecieron en cuarteles del Instituto Armado en 2006 y otras tres en dependencias de la Policía Local.

Pero hay otras formas de racismo, que los medios de comunicación omiten sistemáticamente. Cada verano, miles de inmigrantes ilegales,  llegan a España, y a otros países de la Unión Europea, arriesgando su vida para cruzar cientos de kilómetros de océano en embarcaciones que apenas se mantienen a flote, las mejores de las veces. En 2006 se registraron 1167 muertos intentando la travesía. Obviamente esta cifra es mucho menor a la real, ya que es muy difícil cuantificar una actividad ilegal o contar cadáveres en alta mar.

El precio del pasaje en patera desde Senegal  hasta España ronda los 600 euros, mientras se puede comprar un pasaje en avión de Dakar a Madrid desde 343. (el salario mínimo en Senegal son 84 euros) La sencilla razón por la que miles de africanos se aventuran cada año a la travesía en la que tienen más probabilidades de perder la vida que llegar a destino en lugar de tomar un avión a mitad de precio, es que las autoridades de aduana españolas los devolverían a su país. Las leyes de inmigración de la Unión Europea, que permiten la entrada de unos y no la de otros, son la verdadera causa de miles de muertes al año y la principal fuente y expresión del racismo en toda Europa y en España en particular.  

Lo que resulta más difícil de entender es que esta situación de verdadera catástrofe humanitaria se de en un país que no hace veinte años era un emisor de emigrantes. Pocas familias españolas no tienen un integrante que haya viajado a buscar una mejor vida. De hecho, recién en 2006 las remesas de trabajadores en España hacia el exterior superaron las que el país recibe de sus emigrados.  Muchos de los inmigrantes que hoy son discriminados y maltratados, o  simplemente rechazados en el aeropuerto, vienen de los países que recibieron a los españoles que no hace mucho huían  de la violencia y el hambre en la Europa fratricida. Pero los pueblos no tienen buena memoria, y sus gobernantes mucho menos.

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