COMENTARIO Todos los hombres son iguales. menos los inmigrantes irregulares.

Por Mauricio Farah Gebara / Notimex  

"Ya nos habíamos hecho a la idea de vivir un poco en la sombra, pero ahora tenemos miedo", me dijo una mexicana en Prince William, ciudad cercana a Washington D.C., cuyas autoridades han emitido una resolución que autoriza y exige a funcionarios, agentes y personal de la localidad a verificar el estatus migratorio de cualquier persona sobre la que exista una "sospecha razonable" de que es un inmigrante indocumentado.  

Mexicanos Sin Fronteras, una organización que une a mexicanos y centroamericanos en la defensa de sus derechos en gran parte de las áreas urbanas aledañas a la capital estadounidense, ha realizado diversas acciones de protesta pacífica para contener la ola de restricciones que pretenden imponer las autoridades a los inmigrantes irregulares para aislarlos.  

La exclusión como vía para materializar la desigualdad en un país cuya Declaración de Independencia establece el reconocimiento explícito de que "todos los hombres han sido igualmente creados".   Difícil la lucha, los mexicanos están empeñados en defender sus derechos fundamentales, por lo que han emprendido un proceso legal para que la reciente resolución sea suspendida por las cortes federales.  

Pero el frente de batalla para la defensa de los inmigrantes está alcanzando proporciones mayúsculas.   Por ejemplo, las autoridades de Oklahoma han aprobado la Ley de Ciudadanos y Contribuyentes, conocida también como Ley 1804, que establece sanciones como multa, como mínimo de mil dólares, y prisión de por lo menos un año, a la persona que transporte, dé alojamiento o rente vivienda a una persona que no cuente con documentos migratorios.  

Asimismo, la ley faculta y obliga a los policías estatales a revisar el estatus migratorio de cualquier sospechoso de ser indocumentado, y exige a todos los empleadores verificar que sus empleados cuenten con su documentación migratoria. Prohíbe, además, brindar servicios médicos y de bienestar social a los migrantes irregulares.

No hay un solo dato que indique que Estados Unidos ya no requiere de la mano de obra de los inmigrantes; por el contrario, la dependencia de esta fuerza de trabajo se ha acentuado en los últimos años.   Pero lejos de reconocerlo, muchos son los estados y condados en los que se multiplican las iniciativas y ordenanzas antiinmigrantes, por no hablar de las redadas, que ahora, además de realizarse en centros de trabajo, se efectúan también en los domicilios particulares. 

Recientemente, el ex alcalde neoyorquino Rudolph Giuliani, quien compite por la candidatura republicana a la presidencia de Estados Unidos, se pronunció por establecer un programa de Tolerancia Cero en contra de los inmigrantes, pero no hay que esperar a saber si colmará sus aspiraciones políticas: desde el año pasado se puso en marcha en Yuma, Arizona y en el sector Del Río, Texas, la Operación Streamline, conocida también como programa Cero Tolerancia.  

Y ahora, a partir del 1 de noviembre, el programa se ha extendido a Laredo, Texas, con lo que se llega al 8 por ciento de cobertura de la línea fronteriza.   Esencialmente, la Operación consiste en que todo indocumentado detenido será procesado y puede ser sentenciado a una pena corporal por un periodo desde dos semanas a seis meses; si se trata de un reincidente, la prisión puede ser de hasta dos años; cuando se le detiene por tercera vez, la pena corporal es indefinida.  

De acuerdo con el vocero de la Patrulla Fronteriza, José González Lucero, las autoridades están considerando la posibilidad de extender la Tolerancia Cero al sector de Tucson, Arizona.   Los inmigrantes en Estados Unidos son hoy, pues, la caza preferida, a pesar de que hace seis meses todavía se analizaba la conveniencia de ofrecer canales de regularización para quienes ya están en la Unión Americana así como establecer un programa de trabajadores temporales.  

Independientemente de los términos en que estaban planteadas estas iniciativas, implicaban un reconocimiento a la necesidad de fuerza de trabajo.   Hoy se está imponiendo la línea dura, no como una expresión de soberanía, que desde luego debe reconocerse, sino como expresión de rechazo sistemático por parte de quienes, más que reglas para regular la inmigración, quieren normas para vulnerar los derechos humanos de los migrantes. Quieren convertir en ley su xenofobia.   Más que esperar un cabildeo efectivo por parte del gobierno mexicano, que ha sido omiso hasta ahora, habrá que esperar que los intereses económicos de los estadounidenses frenen las intenciones de hacer de los migrantes una especie de humanidad de tercera.  

Si esta posición se impone, habría que agregar una enmienda a la Declaración de Independencia de Estados Unidos: "Todos los hombres han sido igualmente creados. menos los inmigrantes irregulares." (Notimex) (El autor es Quinto Visitador General de la CNDH)

You must be logged in to post a comment Login