Che Guevara: el mito y la verdad

Miguel A. Erice

La propaganda de Fidel Casro ha embaucado al mundo con el mito de un Che Ghevara heroico y deseoso de "liberar" a los pueblos de la América Latina del "yugo del capitalismo".

La realidad es que el marxista argentino fue cruel al ordenar cientos de fusilamientos a la caída del Presidente Fulgencio Batista el 31 de diciembre de 1958 en la Sierra Maestra, Santa Clara y en la fortaleza de La Cabaña y su ambición fue conquistar a Bolivia como primer paso para dominar el continente suramericano, intento que terminó en rotundo fracaso ya que el ejército lo capturó y ejecutó el 8 de octubre de 1967.

El Che comenzó su fatal aventura al unirse a Castro en México en julio de 1955 e ingresó en la expedición del yate Granma, que partió para Playa Colorada, Provincia de Oriente y de allí se dirigió a la Sierra Maestra donde los insurgentes celebraron encuentros con un ejército que no quiso combatir.

Batista huyó a República Dominicana y después a Portugal y el 7 de enero 1959 siendo yo reportero de El Diario de Nueva York y en compañía del fotógrafo Miguel Luis y el corresponsal argentino Horacio Estol, del diario Clarín de Buenos Aires, salimos para La Habana para informar de la marcha triunfal de Castro y sus barbudos a la capital.

El Che Guevara nos recibe en la tétrica fortaleza de La Cabaña abarrotada de ex militares y políticos del depuesto gobierno, quienes muchos fueron calificados de "criminales de guerra" juzgados sumariamente y ejecutados en el paredón.

El Che, nacido en Rosario, Argentina, el 14 de junio de 1928, fue el verdugo del régimen castrista y según el libro "Habla el coronel Orlando Piedra", página 215, escrito por el periodista Daniel Efraín Raymundo, edición Universal 1994, el citado militar relató que el Che fue responsable de más de 375 fusilamientos sumarios mientras estuvo en la Sierra Maestra y después a cargo de la tétrica Fortaleza de la Cabaña.

Entre esos cientos de fusilados figura el teniente José de J. Castaño, cuyo único delito fue ser el director del Buró de Represión de Actividades Comunistas (BRAC) de la Policía Nacional, que arrestado el Estado Mayor Rebelde ordenó la suspensión del fusilamiento debido a gestiones diplomáticas de los embajadores de Estados Unidos y Brasil. Pero el Che no acata la orden sino que lo fusila inmediatamente alegando que la orden de suspensión había llegado tarde y el militar había sido fusilado. Unos pocos testigos, entre ellos Javier Arzuaga, capellán de la fortaleza y José Vilasuso, que pertenecía al personal a cargo de los trámites de la justicia sumaria brindaron dolorosos testimonios de las continuas masacres en la Cabaña.

El Che, imbuido de ideas marxistas hasta la médula, con despliegue de dialectiva nos habló a mí y al periodista argentino Estol, de que Cuba daría el ejemplo a la América Latina de que era factible una revolución violenta apoyada por el campesinado.

La obsesión del Che para lograr el triunfo de los ejércitos, quebrando así la defensa de los gobiernos, era fomentar la previa agitación y campaña de propaganda psicológica a las masas populares para conseguir su apoyo.

El Che, designado posteriormente director del Instituto de la Reforma Agraria (INRA), Presidente del Banco Nacional y Ministro de Industrias, no le interesaron estos altos cargos y renunció a ellos para promover su declarada guerra de "liberación". Primero va al Congo y entrena una de las facciones comunistas y pasa nueve meses en Brazzaville antes de regresar a Cuba en diciembre de 1965.

Después el guerrillero argentino escogió a Bolivia como primera etapa de la revolución continental y posteriormente planeaba ataques en el Perú, Argentina y Brasil y llegó a La Paz con pasaporte falso el 4 de noviembre de 1966 y organizó la guerrilla en una misión sin regreso.

Mario Monge, presidente del Partido Comunista de Bolivia, se entrevista con el Che y demanda ser el jefe político/militar de la guerrilla, intención que el argentino rechazó y tanto los comunistas como el campesinado bolivianos no apoyaron en lo absoluto a la guerrilla, que después de 11 meses de vagar en la selva y celebrar varios encuentros con el ejército, es herido el 8 de octubre de 1967 y ejecutado al día siguiente por orden del Alto Mando del Ejército.

En el fracasado intento del Che murieron 49 soldados y oficiales y 37 lesionados bolivianos y en la guerrilla 35 (17 bolivianos, 13 cubanos, tres peruanos y dos argentinos).

La maquinaria de propaganda de Castro, ayudado por los comunistas, socialistas, tontos útiles, jóvenes radicales ignorantes, etc., creo el mito de que el Che Guevara era el "salvador" de los pueblos latinoamericanos cuando la realidad fue que la historia del guerrillero argentino esta bien teñida de sangre y muerte en su frustrado sueño de imponer a la brava el comunismo en la América Latina.

En estos días pasados, la prensa izquierdista nacional e internacional ha ensalzado al aventurero argentino, incluso el presidente boliviano Evo Morales, que olvidó el intento del Che para conquistar a Bolivia e imponer el yugo comunista al pueblo.  Nadie mencionó los fusilamientos del verdugo castrista, su único éxito en una carrera llena de honda tragedia para el pueblo de Cuba que ha perdido su libertad desde hace 47 años.



 

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