¿Por qué no te callas?, gritó el Rey Juan Carlos a Hugo Chávez

Por Rafael Croda
Notimex

Santiago.- La plácida calma chicha y el tedio discursivo de la XVII Cumbre Iberoamericana se rompió el mediodía del sábado cuando los presidentes José Luis Rodríguez Zapatero y Hugo Chávez discutían y el Rey Juan Carlos decidió entrar al quite.

"¿Por qué no te callas?", gritó el Rey a Chávez agitando el índice de su mano derecha, apuntando hacia un imperturbable y molesto ex teniente coronel y hoy gobernante venezolano, quien había abierto el fuego al llamar al ex mandatario español José María Aznar "fascista", por cuarta vez en dos días.

Unos 15 atónitos gobernantes iberoamericanos observaban la escena en el Salón Gran Riesco del Espacio Riesco de la capital chilena, donde se expresó con claridad la nueva correlación de fuerzas vivas que impera en esa comunidad de naciones de habla española y portuguesa.

Ya lo había advertido esta mañana Rodríguez Zapatero cuando en una tempranera rueda de prensa exigió respeto a Chávez luego de que el conductor de la Revolución Bolivariana llamó el pasado jueves "fascista" a Aznar en tres ocasiones.   Pero Chávez, al fin Chávez, ignoró el público llamado de su par español y, quizá precisamente por ese exhorto, volvió a llamar "fascista" a Aznar cuando hizo uso de la palabra en la sesión final de la XVII Cumbre Iberoamericana.

Incluso fue más allá al considerar al ex gobernante español -adversario político de Rodríguez Zapatero y su antecesor en el cargo- cómplice del golpe de Estado que lo sacó del poder en Venezuela durante 48 horas en 2002.

Al concluir el largo discurso de Chávez ante sus colegas –durante el que cual varios de ellos tuvieron que abandonar el Salón Gran Riesco para regresar a sus países ante la prolongación de la sesión- Rodríguez Zapatero pidió la palabra con cara de pocos amigos.

Con la mirada fija en Chávez, quien estaba ubicado nueve asientos a su izquierda, y apuntando con su dedo índice, el presidente español empezó por expresar que, a su parecer, en una mesa de gobernantes democráticos debe prevalecer como principio esencial el respeto.

-Se puede estar en las antípodas de una posición ideológica –dijo el socialista español con voz firme, decidida y cortante-: no seré yo el que esté cerca de las ideas de Aznar (un derechista del Partido Popular), pero el ex presidente Aznar fue elegido por los españoles.

-Dígale a él que respete, que respete la dignidad- intentó interrumpir Chávez observando a su homólogo pero su voz apenas era perceptible en el salón porque su micrófono estaba cerrado, sólo el vozarrón grave del ex militar tratándose de abrir el paso.

-Exijo ese respeto –buscó continuar Rodríguez Zapatero-, por una razón además.   -Dígale usted lo mismo a él, presidente –insistía Chávez.

-Por supuesto, por supuesto, exclamaba el presidente del gobierno español, quien tenía a su izquierda al mismísimo Rey Juan Carlos, el jefe del Estado ibérico, a quien por lo general se le observa de muy buen humor en las fotos de los diarios y en revistas del corazón.

Chávez, sin embargo, trataba hacerse escuchar en la sala, mientras los periodistas que seguían en vivo la sesión comenzaban a correr inquietos con sus grabadoras y libretas de apuntes hacia las pantallas instaladas en el centro de prensa de la Cumbre.

-Dígale lo mismo a él (a Aznar), dígale lo mismo, interpelaba Chávez a Rodríguez Zapatero.

Fue preciso en ese instante, en el último "dígale lo mismo", cuando Su Majestad el Rey Juan Carlos de Borbón se descompuso como nunca lo había hecho en público, y quizá pensando que cumplía con su deber como jefe del Estado español le espetó a Chávez un categórico: "¿Por qué no te callas?".

Lo gritó nada más, espontáneo, molesto, alterado, agitando hacia Chávez su gran manaza izquierda, marcadísimo el "ceceo" ibérico, a tono pues, con la Cumbre Iberoamericana, y el conflicto, en forma inevitable, escaló.

Los gobernantes, cancilleres y personalidades de la política iberoamericana presentes en la sala se miraban unos a otros, sorprendidos, mientras el Rey pareció caer en cuenta que se estaba saliendo de protocolo y optó por recular.

La mandataria chilena Michelle Bachelet, quien presidía la sesión en su calidad de anfitriona de la cita iberoamericana, intentó poner paños fríos al áspero debate con:   -Por favor no hagamos diálogo, pidió Bachelet con su tersura habitual-: han tenido tiempo para plantear sus posiciones. Presidente (instruyó a Rodríguez Zapatero, termine.

Pero Chávez estaba empeñado en que le dieran el uso de la palabra y seguía exigiendo a su colega español que le pidiera también a Aznar respeto a su persona.

-Presidente Hugo Chávez, planteó un muy tranquilizado Rodríguez Zapatero, creo que hay una esencia y un principio en el diálogo y es que para respetar y ser respetado debemos de procurar no caer en la descalificación.

El presidente español habló del respeto, de la necesidad de debatir todas las discrepancias, por muy radicales que sean, en un clima de caballerosidad.

-Pido, pido, presidenta Bachelet, dijo Rodríguez Zapatero a la mandataria, que esa sea una norma de conducta en un foro que representa a los ciudadanos, que respetemos a todos nuestros dirigentes a todos los gobernantes y ex gobernantes.

Al concluir su intervención, el presidente español recibió un fuerte aplauso de los gobernantes y sus destacadas compañías presentes en el Salón Gran Riesco, mientras el Rey Juan Carlos optaba por abandonar el recinto, molesto y malencarado en toda su largura real.

Luego tocaba el turno de hablar al nicaraguense Daniel Ortega, pero Chávez insistió en hablar y lo hizo en tensa calma, en medio de un espeso silencio de la política y diplomática concurrencia iberoamericana, clara en sus afectos y desafectos a esas alturas de la XVII Cumbre.

El gobernante y teniente coronel en retiro dijo con voz de teniente coronel en activo que según el prócer uruguayo José Gervasio Artigas "la verdad ni ofendo ni peca, (por lo que) el gobierno de Venezuela se reserva el derecho a responde cualquier agresión, en cualquier lugar, en cualquier espacio y en cualquier parte".

Así nomás y luego se escucharon algunos aplausos que según el consenso de los periodistas acreditados para la Cumbre fueron de un decibel más bajo del que se escuchó al fin de la intervención de Rodríguez Zapatero.

Cuentan quienes lo vieron y escucharon dentro del Salón Gran Riesco que fue clarísimo que los aplausos más entusiastas para Chávez provinieron de los asientos donde se ubicaban las delegaciones de Bolivia, Ecuador y Nicaragua.   Bachelet, mientras tanto, abandonaba la sala de sesiones para acudir tras el Rey Juan Carlos y dialogar con él en una suerte de circunloquio sobre asuntos que quizá son de Estado porque el diálogo de ninguna manera trascendió a la prensa.

El caso es que minutos después, Su Majestad reingresó al salón, ya de otro talante, muy atemperado, y volvió a sentarse con su impecable traje gris junto a Rodríguez Zapatero, con el que este sábado hizo una potente mancuerna.

La XVII Cumbre Iberoamericana habría de concluir media hora después marcada por el altercado, aunque Bachelet dijo en la rueda de prensa final que esa bronca que dará la vuelta al mundo gracias a la magia del video, sólo revela "la diversidad que existe en esta región".

-¿Dividida Latinoamérica?, preguntó la inteligente anfitriona chilena a los periodistas que la interrogaban con insistencia, y ella misma respondió con cara de "ya bájenle"-: "íNo hay que dramatizar!"  

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