Carlos Fuentes sospecha de los escritores con éxito garantizado

Por Cecilia González
Notimex

El escritor mexicano Carlos Fuentes (1928), autor de novelas como "La muerte de Artemio Cruz" o "Cambio de piel", manifestó su desconfianza en los autores que trabajan con base en recetas que les garantizan el éxito de ventas.

"Sospecho mucho del escritor que, de entrada, proclama que escribe para el pueblo y detesto al que supone que conoce los secretos prefabricados, la receta del éxito", afirmó ante dos centenares de personas que se congregaron en el Centro Cultural Borges. En cambio, dijo, "me siento atraído por la aventura de un misterio inicial: ¨para quién escribo?, o por el onanismo de una justificación solitaria".

Fuentes se definió como "un escritor premoderno que no utiliza máquinas, sino pluma, tinta y papel transportables y a la mano en un avión, en la playa y en un hotel; me pregunto si requiere algo más la palabra".

El autor, que vino a Buenos Aires a participar en un coloquio empresarial y a presentar el segundo tomo de su libro "Capital Mexicana", advirtió que "lo cierto es que en la escritura y la vida vivimos un trueque constante con las palabras".

En la historia de la literatura, dijo, hubo éxitos inmediatos y bien merecidos, como "El Quijote de la Mancha" y "Cien años de soledad", "pero hay otros que se disipan y otros que se rescatan, en esta materia nada está escrito en mármol".

Solo y de pie en un atril colocado al centro del escenario, Fuentes habló de sus sueños e, intimista, recordó a sus hijos.

Contó que Cecilia, la mayor, le ayuda en su trabajo, mientras que a Natasha la definió como a una joven que "murió a los 29 años de una vida impaciente, curiosa de saber, apresurada, privada de un solo golpe, inquieta".

A ella en particular, explicó, "la recuerdo siempre graciosa, corriendo por mi estudio y anunciándole a una de sus amiguitas: éste es mi papá: tiene 100 años de edad". También se refirió a su otro hijo fallecido, Carlos, quien "intentó la armonía de su vida y su vocación de poeta, cineasta y pintor; desde la niñez se supo hemofílico".

Su hijo y su tío del mismo nombre, señaló, quizá sean sus dos sostenes, "acaso los dos protagonistas más familiares de mis sueños, al grado de que al despertar y ponerme a escribir ya no sé si lo que escribo me pertenece a mí o me lo dictan ellos".

"Los dos son mis tocayos de vidas truncas que convierten mi mera existencia en un obsceno milagro, que no sabría pagar si no fuese por la gracia del amor de mi esposa Silvia", señaló.

– Notimex

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