Controversia sobre el CO2 y los microcosmos.

La mayor parte de la gente acepta las preocupaciones sobre el llamado calentamiento global, frente a otros que niegan que los cambios recientes sean producto de la actividad humana, básicamente por quemar combustibles fósiles. Recientemente, el premio Nobel de la Paz fue concedido a Al Gore, ex vicepresidente de los Estados Unidos, y al Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (PICC) de Naciones Unidas, para el estudio del tema.

Uno de los miembros de este Panel es el Dr. John R. Christy, científico norteamericano. El Dr. Christy ha escrito en varias ocasiones sobre sus dudas respecto a la responsabilidad humana en el cambio climático, y sobre lo que él y otros consideran alarmas catastrofistas para los próximos años.

El pasado 1 de noviembre envió al Wall Street Journal una carta sobre el tema que intituló "Mi Momento Nobel", que ha provocado diversas reacciones.

En esta controversia, ambas partes se acusan, directa o elegantemente, de errores en el análisis científico del asunto, y en los dos casos también afirman que la contraparte hace presunciones y obtiene conclusiones no derivadas de análisis profundo de los datos disponibles.

Creo que esta controversia, en donde los alertadores sobre el activismo humano destructivo del medio ambiente llevan mano, continuará por mucho tiempo en los mismos términos. Ambas partes parecen llegar a presunciones e hipótesis sujetas aún a comprobación.

La base de la alerta sobre la responsabilidad humana en el cambio climático es el consumo de combustibles fósiles, que ha aumentado considerablemente el gas bióxido de carbono o CO2 en la atmósfera. La correlación estadística entre las variables concentración de CO2 y temperatura ambiente puede ser realmente causa-efecto, o bien lo que se llama "correlación espuria", es decir coincidencia.

Lo curioso, como sucede en mucha de la actividad humana, es que de los mismos datos, que pueden ser parciales, puntuales o muy generales, según el caso, y aún con estadísticas de largo plazo, las conclusiones son contradictorias. A nivel macro geográfico, las afirmaciones de gente como el Dr. Christy de que el CO2 no es un contaminante, sino "alimento para las plantas" pueden ser aceptables, según algunos criterios.

Pero a nivel micro-económico, digamos de una concentración urbana como son las grandes ciudades, el nivel de CO2 en el ambiente no puede considerarse inocuo y menos benéfico.

La calidad del aire que se respira en una metrópolis como la de la Ciudad de México, depende de varios factores, como el contenido de partículas de polvo en el aire, pero también de la concentración de CO2. No es lo mismo respirar oxígeno que bióxido de carbono. Reducir el consumo de combustibles que producen contaminantes atmosféricos es una meta que no podemos evadir a nivel urbano.

Igualmente hay otras actividades humanas contaminantes o que dañan el medio ambiente de millones de personas. Ejemplo de ello es la acumulación de basura, que prácticamente podría aprovecharse en su totalidad, por una parte los desechos orgánicos y por otra reciclando todo lo demás, pero enterramos casi todo o lo dejamos a cielo abierto amontonado.

Otra actividad humana que daña indudablemente el ambiente es la deforestación. En este caso, la información acumulada por décadas indica una correlación directa entre la pérdida de masa "verde" y cambios en los regímenes de lluvia y la temperatura.

Podemos hacer una larga exposición de factores humanos que afectan negativamente el medio ambiente en que viven principalmente las concentraciones urbanas, y la conclusión es que, independientemente de la controversia sobre el calentamiento global y el rol del CO2 macro-global, a nivel "micro" y no tan micro, las personas en lo individual y en lo colectivo e institucional debemos revertir o corregir los malos hábitos de descuido y daño al medio ambiente que nos rodea. (Notimex) reyes_estrello@hotmail.com

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