“Yo maté al Padre Pro.”

Por Esteban Zamora
Notimex

"Yo maté al Padre Pro y ahora mataré al Padre PRI", fue el grito que escuché en mi adolescencia en un mitin de la campaña del general Miguel Henríquez Guzmán como candidato a la presidencia de la República al que asistí -aclaro- por mera curiosidad. Yo todavía no podía votar, pero mis simpatías estaban, ­naturalmente!, con don Efraín González Luna.

El autor del desaforado berrido, que se enorgullecía de un crimen cobarde como si se hubiera tratado de una hazaña de gran mérito, era el general Roberto Cruz ex jefe de la policía del Distrito Federal, quien en una foto publicada por los periódicos de la época, aparece con un puro en la mano y un arrogante gesto de deleite mientras contemplaba el fusilamiento del mártir.

Este próximo viernes 23 se cumplirán 80 años del suplicio del Padre Miguel Agustín Pro Juárez ordenado por el presidente Plutarco Elías Calles en ese turbulento periodo de la vida nacional que fue la persecución anticatólica, el que los gobiernos de la Revolución se cuidaron empeñosamente en borrar de la historia oficial, y que se extendió desde Venustiano Carranza hasta Lázaro Cárdenas.

El antecedente de la muerte del Padre Pro fue el atentado contra el general Alvaro Obregón, presidente electo por segunda vez, a quien el ingeniero Luis Segura Vilchis, joven militante de la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa, arrojó una bomba sobre el auto en que viajaba el militar y político sonorense.

Una falla en el artefacto de fabricación casera destinado a eliminar a Obregón determinó que se frustrara el intento de homicidio.

Hay que tomar en cuenta que los hechos se dieron en medio de la guerra cristera y "puesto que era necesario luchar, -comenta el historiador Antonio Rius Facius- ¨no era más humano, en lugar de abatir a los soldados que no eran a la postre sino instrumentos ciegos del tirano, destruir a éste que fría y deliberadamente organizaba, ordenaba y proseguía sin tregua la sangrienta persecución?"

Segura Vilchis logró huir, pero sus compañeros Juan Antonio Tirado Arias y Nahum Lamberto Ruiz fueron detenidos, éste último con una herida de bala en un ojo que lo llevó a la tumba a los pocos días.

El auto en que viajaba Luis Segura Vilchis había sido propiedad de Humberto Pro, hermano del Padre Miguel Agustín Pro, sacerdote jesuita a quien el gobierno perseguía ferozmente por su arriesgada actividad apostólica en medio de la persecución.

El Padre Pro se dedicaba a su ministerio y a socorrer a los pobres y dio muestras de un gran ingenio para eludir a sus perseguidores hasta que fue atrapado por la policía junto con sus hermanos Humberto y Roberto a raíz del atentado contra el general Obregón al cual los hermanos Pro habían sido completamente ajenos.

Luis Segura Vilchis urdió una inteligente coartada que lo ponía a salvo de la persecución, pero al enterarse de que los hermanos Pro habían sido detenidos pidió hablar con el general Roberto Cruz y prometió relatar toda la verdad acerca de los hechos si el jefe policiaco se comprometía, bajo palabra de honor, a liberar a los que fueran inocentes.

Con ese ofrecimiento del general Cruz, Segura Vilchis aceptó su total responsabilidad en la creencia de que su acción liberaría a los que no habían tenido ninguna participación en el atentado.

Pero Calles estaba lleno de rabia contra la Iglesia y contra el Papa. El pontífice se encontraba muy lejos pero Calles tenía en sus manos a uno de sus ministros y no estaba dispuesto a dejarlo escapar.

El 21 de noviembre se reunieron los generales Calles, Obregón y Cruz, el presidente dio la orden de matar a los detenidos. Rius Facius afirma que el general Cruz intentó hacer ver a Calles los inconvenientes de tal procedimiento pero sus palabras no surtieron ningún efecto. Sin que mediara ningún proceso judicial, se determinó el exterminio.

El 23 de noviembre de 1927, a las 10 de la mañana, el Padre Miguel Agustín Pro fue sacado del sótano de la Inspección de Policía donde estaban los prisioneros y conducido al patio que se utilizaba para entrenamiento de tiro al blanco. Uno de los agentes que participaron en su aprehensión le pidió perdón pero el sacerdote le contestó:

-No sólo lo perdono, le doy las gracias.

Se arrodilló un instante para rezar, se levantó, besó el crucifijo de su rosario, abrió los brazos en cruz y gritó:

-­Viva Cristo Rey!

Las balas del pelotón de fusilamiento segaron la vida del sacerdote inmolado por odio a la fe de la mayoría de los mexicanos. Siguieron su misma suerte Luis Segura Vilchis quien en las fotos de los periódicos aparece con una gallarda serenidad, Humberto Pro y Juan Tirado Arias.

Un valiente abogado había obtenido un amparo pero los embrollos de la burocracia no le permitieron llegar a tiempo para impedir la ejecución.

Para conmemorar el aniversario de la muerte del Padre Pro y para colaborar en la difusión de los hechos que son ignorados por la mayor parte de nuestros compatriotas, a partir del lunes 19 habrá una serie de conferencias en la Parroquia de la Sagrada Familia y el viernes 23, día del martirio, tendrá lugar una peregrinación que partirá a las 10 de la mañana del sitio donde fue fusilado y que es donde está el edificio de la Lotería Nacional, para concluir en el Templo de la Sagrada Familia.

Los mexicanos estamos obligados a conocer la verdad de nuestra propia historia. (Notimex) (El autor es periodista) [email protected]

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