Cuentos de hadas en el Día de Acción de Gracias

Si usted celebra el feriado de Thanksgiving, ¿sabe qué, precisamente, es lo que celebra? Si es como la mayoría de los estadounidenses, no lo sabe, porque Thanksgiving  Day en su versión popular es más bien un día de mitos.

El cuento conocido, en resumen, es éste: Un grupo de ingleses–llamados ahora los Peregrinos–, buscando la libertad de culto, viajaron en buque de vela a la América de la cual habían oído, tocando tierra en la Roca de Plymouth, ahora parte de Massachusetts.  Encontraron un bosque silvestre ocupado por pocos indígenas.  No les fue bien, y pintaban mal las cosas para el invierno, pero sus nuevas amistades los Wampanoag les trajeron algunas de sus comidas, salvándoles así las vidas. En la temporada de cosecha de 1621, en acto de agradecimiento y confraternidad, los colonos y los indígenas se reunieron en paz para compartir una gran cena, que ahora se repite cada año con las mismas comidas de aquel feliz día.  Así comenzó la aventura que desembocaría en un nuevo país de libertades y prosperidad.

Casi todo el cuento es puro invento.  Veamos:

— Los Peregrinos no fueron los primeros colonos ingleses en la costa del este. Ya existía una colonia en Jamestown, Virginia, manejada por una compañía comercial inglesa.  En el siglo anterior, otros exploradores ingleses habían buscado un cruce marítimo hacia el norte, e incluso habían llevado indígenas en sus viajes de vuelta a Inglaterra.

— Los Peregrinos no fletaron un buque propio.  Se montaron como pasajeros en un buque de la mencionada compañía de Virginia, que, esperando expandirse hacia el norte, pensaba que los Peregrinos servirían su propósito al establecerse como nueva colonia. Los Peregrinos, que eran una minoría entre los viajeros, pensaban que iban a desembarcar más al sur, pero por algún motivo se desvió el buque. Y no llegaron primero a la Roca de Plymouth, sino a Provincetown.

— Poco después de su llegada, los Peregrinos, encontraron reservas de maíz de los indígenas del área, los Wampanoag, mismas que robaron.  También habían despojado unas tumbas de los objetos que encontraron valiosos.

— Los Peregrinos eran, de hecho, parte de una secta religiosa–separatistas de la Iglesia de Inglaterra, la cual consideraban perdida irremediablemente–, pero no muy bien portados.  Pasaban el tiempo degustando su cerveza artesanal, con tal comportamiento que su líder temía que terminaran todos en la perdición.

— La tierra que encontraron no estaba baldía.  Abandonada, sí, porque la plaga que trajeron los primeros ingleses, antes de los Peregrinos–posiblemente la bubónica; después vendrían la viruela y otros males–había diezmado a la tribu local, y los sobrevivientes habían abandonado su aldea y sus campos labrados, los cuales ocuparon los Peregrinos.

— Los Peregrinos buscaban, cierto, la libertad de culto, pero sólo para ellos.  Para con los demás eran intolerantes, y de los indígenas, ni hablar.  Los consideraban salvajes malditos, lo cual  justificaba que fueran muertos y perdieran sus tierras. En la opinión de los líderes ingleses, las epidemias tan mortíferas para los indígenas eran obra y voluntad de Dios.

— Los indígenas se llegaron a la aldea con un regalo de cinco venados y muchas aves, y no necesariamente por invitación. No se trataba de una cena para dar gracias: para los Peregrinos, un Thanksgiving era una ocasión religiosa, sobria, de oraciones, no un banquete con juegos y competencias; y los Wampanoag no tenían mucho que celebrar con los colonos.  Posiblemente buscaban negociar una paz y lograr que los ingleses dejaran de cazarlos y matarlos.

— Los Peregrinos no se vestían de blanco y negro salvo para sus cultos, ni calzaban zapatos con grandes hebillas.  Normalmente andaban vestidos de colores como beige, verde, marrón, y gris.  Difícilmente hayan tenido los collares de blanco brillante que vemos en las imágenes inventadas de la cena–no había lavadoras ni detergente–, y los Wampanoag se habrían cubierto no con taparrabos sino con pieles, debido al frió de un noviembre tan al norte.

— El festín duró unos tres o cuatro días.  No fue una cena como tal–los indígenas sumaban unos 90, y los ingleses, 52–sino una especie de gran picnic, esparcido a través del área, en el cual participaba el que tuviera hambre, cuando quisiera,  hasta que se acabaron los alimentos. 

— No se sabe si además de venado se comió pavo, aunque es posible; más probablemente, las aves eran patos o gansos.  No hubo pastel de calabaza, ni cranberries, ni puré de papas, ni maíz en mazorca o en rositas.  Maíz seco y frutas, sí es posible.   Ni los indígenas ni los colonos usaban tenedores: con cuchillos y dedos se habrán despachado los venados.

— La fiesta de 1621 no trajo la paz y la amistad entre colonos y pueblos originarios.  Inglaterra siguió penetrando en las tierras fecundas de América, en ese tiempo de abundantes estuarios y ríos de agua fresca, aves y peces y animales silvestres en cantidades hoy inconcebibles, y  animales de finas pieles.   Los indígenas hicieron eventualmente la guerra en defensa de lo suyo, pero no pudieron con los adelantos tecnológicos de la nueva potencia.

— La ocupación de las tierras que siguió, se dio no mediante pacíficas acomodaciones y tratados, sino con batallas tan crueles como las que se libraron en cualquier otro lugar del continente durante la colonización.  He aquí un resumen de una que tomó lugar ni lejos ni mucho después de la cena de 1621, en la voz de John Mason, quien en 1637 acabó con los Pequot en una feroz batalla:

En una hora, los Pequot "fueron Destruidos totalmente, en Número de seis o siete cientos…Solamente siete fueron capturados, y unos siete escaparon…Así fue visto Dios en la Montaña…quemándolos en el fuego de su Ira, fertilizando la Tierra con su Carne; fue la Obra del Señor, y maravilloso a nuestros ojos."  De la batalla dijo William Bradford: "Fue una visión espantosa verlos freír en el fuego, con corrientes de sangre apagándolo: el olor era horrible, pero la victoria parecía un dulce sacrificio."

Bradford era Gobernador de la Colonia de Plymouth cuando se dio la cena en 1621 entre colonos e indígenas.

En fin: Los Peregrinos no vinieron solos, sino como parte de una expedición comercial.  No hubo una cena, sino más bien una fiesta de tiempo de cosecha que duró varios días. Los colonos no invitaron a los indígenas, quienes fueron numéricamente casi el doble de los colonos. El plato fuerte fue venado, no pavo.  Ni colonos ni indígenas tenían en mente un Día de Acción de Gracias, algo que fue proclamado mucho después, y que tuvo mucho que ver con agradecer a Dios que eliminara a los indígenas con pestilencias mientras que favorecía a los colonos.  La paz de la fiesta compartida pacíficamente en 1621 pronto se trocó en un estado de guerra colonial. 

Hasta hoy, la mayor parte de los indígenas que sobrevivieron el genocidio viven en reservaciones, lo que queda de sus tierras originales.

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