Presidente mexicano se puso el casco contra el narcotráfico en su primer año

El presidente de México, Felipe Calderón, se puso el casco para combatir el narcotráfico en su primer año de gobierno con una ofensiva militar y policial que le apuntó algunos éxitos y se lo quitó para virar la política exterior hacia América Latina, con guiños a Cuba y Venezuela.

En su primera medida de alto impacto, a poco a de asumir el 1 de diciembre pasado, Calderón lanzó un impresionante operativo militar y policial contra el crimen organizado, tras comprobar que la creciente influencia del narcotráfico y la inseguridad incontrolable podían hacerle muy difícil la gobernabilidad.

"Mucho ruido y pocas nueces", coincidieron varios expertos y opositores al verificar que la espectacularidad de las primeras operaciones no se correspondían con los resultados.

Algunos cabecillas de los carteles extraditados a Estados Unidos, uno que otro decomiso y aparatosos despliegues de fuerzas de seguridad en varios estados fue el saldo de los primeros meses, con la excepción de la incautación de 205 millones de dólares en efectivo en la casa de un hombre de origen chino al que se vincula con el narcotráfico.

Fue en el segundo semestre del año cuando se sacudió la inercia con el decomiso de dos grandes cargamentos de cocaína, uno de ellos, de 23 toneladas, el más grande en la historia del país, y otro de 11 toneladas.

Ello y el alto impacto mediático de los operativos le valieron a Calderón que la preocupación por la inseguridad ciudadana bajara en el período septiembre-noviembre de 21,5% a 18,5% de la población, según un sondeo de la consultora Mitofsky sobre el primer año de gobierno.

Pese a ello, en México se registraron 1.950 ejecuciones hasta agosto pasado, la mayoría relacionados con el crimen organizado, en especial el narcotráfico.

La encuesta realizada entre mil mexicanos mayores de 18 años (margen de error 3,1%) le concede a Calderón una calificación promedio 6,8 puntos en su primer año de gestión, contra 7,0 de su antecesor Vicente Fox, ambos del Partido Acción Nacional (PAN, derecha).

Calderón, de bajo perfil, se diferenció de Fox por su estilo más discreto. Pero en las acciones de gobierno la mayor distancia la tomó en política exterior, enfocado en revertir la escasa presencia de México en América Latina durante el sexenio de su predecesor (2000-2006).

Mientras en el gobierno de Fox las relaciones con la región no despegaron y las de México con Cuba y Venezuela se redujeron a niveles mínimos, Calderón busca ahora puentes con Caracas y La Habana en una visión más prágmatica de la actual realidad latinoamericana.

Una de las asignaturas pendientes en política exterior sigue siendo el vínculo con el vecino y poderoso Estados Unidos, en medio de una cada vez más complicada situación de los inmigrantes mexicanos y la amenaza de la construcción de un muro de 1.200 km en la frontera común de 3.000 km.

Pero también la realidad económica y la desigualdad social son los temas que le plantean a Calderón una titánica labor para el resto de su sexenio, hasta 2012.

Durante un discurso el miércoles, el mandatario mexicano aseguró que en su primer año de gobierno se ha avanzado con "paso firme para detonar" los cambios que requiere el país y reconoció que "las grandes necesidades" de los sectores más pobres "no permiten mayor demora".

Tal vez uno de sus mayores desafíos sea reducir la fuerte brecha social que se refleja en que casi la mitad de la población

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