Papa critica afán de progreso y socialismo en segunda encíclica

Ciudad del Vaticano.- El Papa Benedicto XVI hizo una amplia crítica al "cientificismo" como moderno afán de progreso que pretende sustituir a la fe y al socialismo revolucionario, en su segunda encíclica "Spe Salvi" (Salvados por la esperanza).

En el texto, lanzado a nivel mundial este viernes desde El Vaticano, el Papa señaló que la virtud de la esperanza es la respuesta a los "vacíos existenciales" del hombre actual y permite a los creyentes tener confianza en el futuro.

Al analizar la naturaleza del cristianismo, Ratzinger dejó en claro que Jesús "no trajo un mensaje social-revolucionario" al contrario de otros personajes como Espartaco, quien propuso "luchas cruentas" que lo "llevaron al fracaso".

"Jesús no era Espartaco, no era un combatiente por una liberación política como Barrabás; él lo que trajo, habiendo muerto en la cruz, fue algo totalmente diverso: el encuentro con la esperanza más fuerte que los sufrimientos de la esclavitud", ponderó.

Más adelante el obispo de Roma estableció que la persona tiene miedo a la muerte, porque su interior expresa un deseo de vida eterna, siente la necesidad de permanecer por siempre en un mundo del cual, se da cuenta, esto sería imposible.

Agregó que este sentimiento, sumado al desarrollo tecnológico de los siglos pasados, hizo que el ser humano desplazara la fe en Dios "a un segundo nivel" y pusiera en su lugar a la "fe en el progreso", la cual debería traer el mundo "el reino del hombre".

Por ello, sostuvo, "la crisis actual de la fe, en sus aspectos concretos, es una crisis de la esperanza cristiana", mientras la sociedad, basada en la "ideología del progreso", pone su sentido último en adelantos de las potencialidades humanas.

Inmediatamente después Benedicto XVI ligó este "cientificismo" a las ideologías políticas de los siglos XIX y XX, al constatar que el "afán de progreso" inspiró al socialismo-marxista y su idea revolucionaria.

"El progreso hacia lo mejor, hacia el mundo definitivamente bueno, ya no viene simplemente de la ciencia, sino de la política, de la política pensada científicamente y así indica el camino hacia la revolución, hacia el cambio de todas las cosas", ponderó.

Reconoció que la "agudeza del análisis" de Karl Marx y su indicación sobre cómo debe llevarse a cabo el cambio radical "fascinó y fascina todavía hoy de nuevo", pero advirtió que su propuesta tuvo un grave error: no consideró la libertad del hombre.

Según el Papa, el padre del comunismo creyó que, una vez solucionada la economía, todo quedaría solucionado para los seres humanos y allí cometió su fallo, porque "el hombre no sólo es producto de las condiciones económicas y no es posible curarlo desde afuera".

"El recto estado de las cosas humanas, el bienestar moral del mundo nunca puede garantizarse sólo a través de estructuras, por muy válidas que estas sean; (.) las buenas estructuras ayudan, pero por sí solas no bastan", insistió.

"Quien promete –añadió- el mundo mejor que duraría irrevocablemente para siempre hace una falsa promesa, pues ignora la libertad del hombre. La libertad debe ser conquistada para el bien una y otra vez".

El líder máximo de la Iglesia desechó entonces que la ciencia, el poder, la revolución y el socialismo, rediman al hombre porque, como escribió en la página 40 de la enc&iacut

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