Acupuntura urbana

Por Hamlet Hermann

Muchas personas preocupadas por el bienestar de las ciudades han podido enterarse de quién es Jaime Lerner. Arquitecto brasileño, tres términos como alcalde de Curitiba y dos como gobernador del Estado de Paraná. Por sobre todos esos cargos, fue la persona que impulsó a Curitiba hasta convertirla en una utopía de ciudad.

Repartimos democráticamente los sesenta minutos de nuestra conversación interrumpiéndonos uno a otro, como si nos conociéramos de toda la vida. Nada diferente podría suceder entre dos conversadores que creen sabérselas todas. Como enamorado de República Dominicana, me recibió diciendo: “En qué puedo ayudar?” Y ahí empezó un diálogo, que fue más bien una suma de monólogos, en que el urbanista dejaba ver al maravilloso ser humano que es.

Lerner tiene infinita cantidad de ideas sobre el uso de los espacios. Está atraído por la fuerza de la gravedad del maltrato que sufren las ciudades del mundo entero. Pero Jaime, al decir del arquitecto Oscar Niemeyer, “es intuición lo que le ha llevado a acometer las transformaciones urbanísticas que confieren a Curitiba características completamente diferentes de otras capitales de Brasil.”

El más reciente libro de Jaime se titula “Acupuntura Urbana”. En éste relaciona la forma de intervenir en las ciudades tal como lo hacen los pinchazos de las agujas orientales en el cuerpo humano. Usa el criterio de que se deben tocar los puntos de las zonas urbanas de manera que ayuden a curar, mejorar, así como crear reacciones positivas y en cadena.

En un momento planteé que para salvar las ciudades se requería de personas audaces que bordearan en la locura y no conocieran el miedo. Como respuesta, le salió lo poeta y declamó un verso del español Antonio Machado donde habla de la locura del amor.

Me regaló entonces su más reciente libro. Prometí devorarlo y así lo hice en una noche. Descubrí los conceptos simples, al tiempo que geniales, hasta el punto que mis subrayados llegaron a convertir las hojas de esa obra en un arbolito de navidad en diciembre. Los resaltadores destacaban criterios como aquel en el que decía: “…las intervenciones se dan más por necesidad que por deseo, para sanar las heridas que el propio hombre produjo en la naturaleza, como las canteras.” Subrayé la belleza de la frase.

Pero no fue hasta el día siguiente al visitar el parque Tangüí cuando entendí lo que quiso decir. Jaime Lerner aplicó la acupuntura en una enorme cantera donde el hombre ambicioso sacó cuanta piedra le sirvió para hacerse más rico antes de abandonarla por inservible. Y del enorme hueco hizo un lago artificial. Del área donde estuvo la maquinaria oxidada creó un anfiteatro con capacidad para 28 mil personas. En otra herida creó una cascada. Y en el terreno que todavía sobraba forjó un parque natural como compensación al daño provocado por los ambiciosos enemigos de la Naturaleza.

Y cuál no sería mi sorpresa cuando al visitar uno de los anfiteatros creados por Jaime me lo encontré recorriendo su obra. “Los genios aparecen, muchas veces, sin la lámpara mágica.” Disfrutaba del anonimato entre tanta gente joven que no lo imaginaba en persona caminando como uno más. Revisaba ese creador el cuido que al parque le dan las autoridades de Curitiba, una ciudad que podría ser llamada urbe del mantenimiento preventivo.

Pero Jaime Lerner no cesa de sorprendernos. Recuerda una orden que impartió en uno de su períodos como alcalde de Curitiba. Escribió en un pedazo de papel: “No hacer nada, con urgencia.” Paradójico aunque esencial. “A veces en la vida de una ciudad amenazada por decisiones que pueden perjudicarla, es necesario no hacer nada, con urgencia.” Por afán de algunos funcionarios en asfaltar una zona, ponían en peligro la existencia de un manantial que la Naturaleza le regalaba a Curitiba. Era preferible entonces no hacer nada con tal de salvar ese hilo de agua pura. La acupuntura surtía efecto.

También hablamos de nietos y con ese tema nos olvidamos de que lo nuestro era las ciudades, los proyectos y las realizaciones. El nieto sacaba lo más humano del urbanista. Genial por intuitivo, por audaz, y por esa ración de locura que tiene cada personaje que la historia elige para realizar transformaciones importantes. Y al momento de la despedida sellamos el compromiso: nos veremos en Santiago de los Caballeros.

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