Papás del guacarrock armaron fiesta de los 80 los.

México.- Un concierto lleno de nostalgia rockanrolera, un recital con el más puro sabor naco, chido y mexicano, derivaron en una fiesta de los 80 que armó anoche la banda madre del guacarock, Botellita de Jerez.

Sergio Arau "El Uyuyuy", Armando Vega Gil "El Cucurrucucú" y Francisco Barrios "El Mastuerzo" son historia viva, entes acaso de antología musical mexicana que todavía, para fortuna de miles, cantan y tocan como debe ser.

Anoche en el Hard Rock de esta ciudad, ante un ramillete de conocedores de la fórmula si lo chido es naco y Dios es chido, entonces Dios es naco, el grupo se reinstaló en su sitial de honor, de aceptación y de reconocimiento.

Con su apariencia ruda, de malos e irreverentes cubrieron, como siempre, su calidad musical, su talento para interpretar sus propias letras y su depurada técnica para pulsar cada uno de los instrumentos, pulidos y afinados.

El trío encierra un gran orgullo por lo mexicano y una gran desilusión por la llegada a México del American Way of Life. Una variante filosofal es: Si lo mexicano es naco, y lo mexicano es chido, todo lo naco es chido, eso dicen.

En realidad, esa ideología sintetiza lo que significa Botellita de Jerez. Y como una legión de seguidores lo pidió, anoche tuvo una presentación única (por su calidad y número de funciones) en ésta su amada Ciudad de los Palacios.

Ahí, quedó de manifiesto que hubo una época en la que el rock sabía ser contestatario, inteligente, irreverente y visceral, sin dejar de ser divertido, pachanguero, relajado y bien hecho. Los Botellos eran una anti banda.

Con la idea de ver qué salía de la mezcla de aguacate y rock, sin dejar de lado influencias de Lola Beltrán, Chuck Berry, José Alfredo Jiménez y Janis Joplin, llegaron al rock mexicano en una época en la que era vital un respiro.

La trascendencia de Botellita cobra fuerza hoy que las bandas jóvenes, reflejo tal vez de una nueva generación, han dejado de utilizar la palabra. Los botellos hicieron verdaderos himnos en un lapso de tiempo relativamente corto.

Sigue Armaron. dos. corto "Alármala de tos", "Oh Dennos", "Charrocanrol" y "El guacarrock del Santo", "Saque de meta y pique", "Tlálocman" y el "Guacarrock de la Malinche" son temas increíblemente divinos que han dejado profunda huella en el rock mundial.

Hace algunos años, tras su rompimiento, varios grupos trataron de tomar la bandera de Botellita, algunos con éxito, más del que los botellos soñaron, pero ni así lograron que el público olvidara a los creadores de Heavy Metro.

Y así se lo demostraron anoche, todos los asistentes, sin excepción, sabían cada letra, cada canción y la cantaron, entonados o no, roncos, con gripa, con frío o calor, pero nadie dejó de cantar, por ejemplo, "La Baticumbia".

El doble sentido fino, el albur ocurrente más no recurrente, la parodia a la vida y la pasión por la creatividad son elementos que sólo el trío de súper héroes de barrio han logrado amalgamar para regalarlo en sus retomadas actuaciones.

No se presentan con la regularidad deseada porque los tres Botellos siguieron su camino en solitario dentro del mundo creativo. En la música, el cine o la literatura, siempre queda claro que su discurso como banda es auténtico.

Por supuesto, lo que dijeron a lo largo de tres discos es lo que estaba en sus corazones y no lo que la moda dictaba. Eso se conoce como autenticidad y compromiso, variables que poco a poco se han diluido a favor de propuestas inocua

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