El país “rojo-rojito” del chavismo adquiere un rostro multicolor

Por Rafael Croda
Notimex

Caracas.- Para la venezolana Mónica Salom su país era hasta hace unas cuántas horas una nación "roja-rojita", el color revolucionario que ritualizó el presidente Hugo Chávez, en el que las tonalidades diferentes enfrentaban un sistema opresivo.

Ella estudió odontología en la Universidad Central de Venezuela (UCV), tiene 29 años de edad, está casada, tiene un hijo, se considera parte de una familia común de clase media y hasta hace cuatro años era chavista.

"Mi esposo y yo peleábamos por Chávez porque él no lo quiere, pero yo también perdí la ilusión cuando la huelga (petrolera de 2002 y 2003 que provocó una debacle económica)", dice Mónica, quien en algún momento de su vida pensó que Chávez salvaría al país.

Le gustaba el discurso de fuerte contenido social del gobernante, su carisma de mulato caribeño ilustrado y sus promesas de acabar con el viejo régimen político que había conducido al país a profundas crisis económicas y sociales y a niveles intolerables de corrupción.

Chávez la fue desencantando de a poco, hasta que la hartó con el manejo de la huelga de la industria petrolera de 2002-2003, la cual causó desabasto de combustible y una crisis económica que hizo caer el Productor Interno Bruto (PIB) en 16.6 por ciento en dos años.

En el referendo revocatorio del mandato de Chávez realizado hace tres años, Mónica y su esposo Carlos Goiz participaron en forma activa en la campaña a favor del "Sí", que buscaba sacar del poder al gobernante, y en uno de los mítines le ocurrió lo impensable.

Cuenta que de repente sintió un piquete en el muslo y vio que sangraba: era una bala calibre 38 milímetros disparada desde un grupo de motociclistas chavistas con camisas rojas que atacaron con sus armas a un mitin a favor del "No".

Mónica, quien estudia una maestría en Bioética, salvó su vida tras permanecer una semana en el hospital, pero quedó con un leve daño en la pierna que aún le provoca intensos dolores de cuando en cuando.

"Chávez creó grupos de choque que andan motorizados (en motocicletas) con sus armas atacando a la gente, a los ‘escuálidos’ (como les dicen a los antichavistas), y cada vez que me duele la pierna me acuerdo de ellos y de Chávez", indica.

Dice que Chávez es populista, irresponsable como gobernante, pues derrocha la riqueza petrolera del país, autoritario, autócrata y, además, intolerante, pues "ha creado una cultura del odio contra todo lo que no sea ‘rojo-rojito’, como él dice".

Mónica viste una entallada camiseta tricolor -amarillo, azul y rojo como el lábaro patrio venezolano-, lo que la ubica en la acera contraria a los "rojos-rojitos" del ex teniente coronel que suele vestir camisas rojas, igual que sus partidarios.

"Rojo-rojito" es una frase que popularizó Chávez hace seis meses, cuando "re-nacionalizó" la industria petrolera al obligar a las transnacionales que operan en el país a traspasar al Estado venezolano la mayoría accionaria.

El presidente dijo que esa medida implicó pintar de "rojo-rojito" a la estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA) y a sus trabajadores, y luego aseguró que las Fuerzas Armadas y sus efectivos también son "rojos-rojitos", y la frase se convirtió en un lema recurrente.

Por eso los más fieles chavistas, desde sus seguidores en barri

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