Latinoamérica, un actor vulnerable y activo contra el cambio climático

NUSA DUA, Indonesia (AFP) – Latinoamérica es muy vulnerable a los efectos del cambio climático y su posición en el seno de los países en vías de desarrollo puede resultar esencial cuando la Conferencia de Bali entre en su fase decisiva el lunes con la participación de ministros de todo el mundo.

Debido al aumento de la temperatura, los glaciares de los Andes y de la Patagonia se deshielan, las sequías amenazan a ciertas zonas mientras otras se ven arrasadas por las inundaciones y el Caribe teme la creciente violencia de los huracanes.

"El repliegue de los glaciares amenaza con disminuir la disponibilidad de agua de millones de personas", alertó recientemente el informe de desarrollo humano del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

En la región de América Central y el Caribe el estudio identificó como elemento crítico el aumento del nivel del mar. El cambio climático "traerá consigo tormentas tropicales más intensas a medida que suba la temperatura del mar, generando ciclones y aumento del nivel", agregó.

Según los peritos, una elevación del nivel del mar de apenas 50 centímetros provocaría la pérdida de más de un tercio de todas las playas en la región caribeña, con un impacto fenomenal en la industria del turismo.

Frente a estas graves consecuencias, "la adaptación es uno de los asuntos clave para el futuro de América Latina", considera Gerardo Honty, especialista uruguayo en cambio climático del Centro Latino Americano de Ecología Social.

Latinoamérica en su conjunto es sólo responsable de 8% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero (GEI). Y sin embargo, varios gobiernos de la región están aplicando voluntariamente políticas dirigidas a reducir este tipo de gases.

Así, por ejemplo, Brasil ha centrado sus esfuerzos en la utilización de energías renovables, el desarrollo de biocombustibles y el freno a la deforestación.

En el seno del G-77 (grupo que reúne a los países en vías de desarrollo y China) defiende que los países industrializados son responsables de las emisiones de GEI causantes del calentamiento y no pueden imponer a las economías emergentes recortes energéticos que pongan en peligro su desarrollo industrial.

"El 85% de toda la energía eléctrica brasileña es renovable y limpia. El 45% de toda la energía brasileña es limpia. Por eso, no vamos a aceptar lecciones. Estamos dispuestos al diálogo, pero no a aceptar imposiciones", había afirmado el presidente brasileño Luis Inacio Lula da Silva en la ceremonia de publicación del informe del PNUD, a finales de noviembre.

Su posición puede ser esencial cuando comienza en la Conferencia de Bali (Indonesia) la fase de negociación política entre ministros de los países miembros de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático.

Estos deberán sentar las bases para la negociación de nuevas medidas a aplicar a partir de 2012, fecha en que expira la primera fase del Protocolo de Kioto.

Las economías emergentes latinoamericanas, como Brasil o México, buscan en este nuevo acuerdo mayor transferencias de tecnologías limpias y ayuda financiera para adaptarse al cambio climático. Y pueden jugar un papel importante en la federación de la posición del G-77.

"En el Grupo de los 77 tenemos a países exportadores de petróleo, y también a varios estados del Pacífico, que corren riesgo de ser sumergidos. Nosotros tendremos que hacer un esfuerzo para construir ese consens

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