Adiós a los micropartidos

Por Salvador Flores Llamas
Notimex

Entre los muchos pendientes que deja esta reforma electoral está eliminar los legisladores plurinominales y aplicar mayor rigor a los partidos chicos, por ser grandes rémoras de nuestra incipiente democracia y encarecerla enormemente y sin sentido.

No podía esperarse menos de una reforma a las volandas, más que para avanzar en la democracia, para cobrar venganza del IFE y sus consejeros, por no haberle dado el triunfo a López Obrador, aunque fuera fraudulentamente, pues él quiere ser Presidente como sea.

En un principio los diputados plurinominales se crearon para compensar a la oposición panista de los triunfos electorales que le robaba el PRI. Sirvieron después para animar a otras oposiciones a hacer contrapeso al PAN, el contrincante principal del tricolor. Mas hoy ya no tienen razón de ser, pues ya hay tres partidos y llegamos a la alternancia.

Los senadores de lista plurinominal cambian sólo de nombre, pero son lo mismo que aquellos y nacieron con idéntico fin; por lo que son innecesarios y perjudican el juego democrático.

Como los plurinominales son premios para los adeptos a los caciques de los partidos, no los eliminarán, sino los conservarán, sobre todo hoy que -como dijo Luis Carlos Ugalde, al salir de la presidencia del IFE- estamos en vías de la partidocracia, o sea del dominio de los partidos y, por ende, de sus dirigentes.

Dato curioso: de los coordinadores legislativos de los grandes partidos (para no errar con los de los chirris) en ambas cámaras, sólo Javier González Garza, el de los diputados perredistas, fue elegido por voto mayoritario.

Los demás son plurinominales, aun el más pintado. Eso no obsta para que engolen la voz, se erijan en amos de la República y deciden vitales cuestiones legislativas.

Ya que los legisladores se aumentan sueldos, dietas, gastos de representación y bonos a su antojo, cada día salen más caros a un pueblo pobre, al que prometieron -inveterada usanza- rescatar de ése y demás males que padece. Pero en vez de eso, se dan a la grilla y a promoverse mediáticamente para futuros huesos, sin reparar en la bajísima estima en que los tenemos los mexicanos

Así las cosas ¨para qué sirven los legisladores plurinominales, si ni los elegidos por voto directo convencen? ¨Vale la pena conservarlos, pese a su altísimo costo?

Interrogantes parecidas provocan los partidos masquiña, ésos que sólo sirven a sus líderes para disfrutar de subsidios millonarios y brincar de una cámara a otra y aun a la Asamblea Legislativa del DF sin molestarse en hacer campañas y ofrecer soluciones para los problemas del país y los estados; les basta con aliarse a los partidos mayores para no preocuparse por lograr buen porcentaje de votos y conservar sus prebendas.

PAN, PRI y PRD eliminaron las coaliciones que favorecían a los partiditos, y crearon las candidaturas comunes, en las que contarán los votos que cada partido obtenga para conservar el registro y el subsidio; por eso la chiquillada puso el grito en el cielo y amaga con una demanda de inconstitucionalidad ante la Suprema Corte, para la que sabe claramente que no tiene el quórum legal.

Así se verá qué partiditos tienen los adeptos suficientes para alcanzar el 2% de la votación legislativa nacional y mantener sus prebendas, y tendrán que partirse el alma para convencer a los electores, y no ampararse tras un partido grande ni negociar con él qué porcentaje de votos y cuántos legisladores les donará, al final de cada proceso electoral.

Todavía los grandes les hicieron una oferta (llamada cláusula de la vida eterna) de que si logran el 1% de votos, les regalan otro tanto para cubrir el 2% y puedan seguir en la arena política. Pero se dieron por ofendidos, pues se exhibirían como grupos sin arraigo popular auténtico y como viles zánganos de la política.

Ojalá prospere la decisión de los partidos grandes, pues tanto partidito no indica pluralidad, sino cinismo de logreros, que con sólo doblegarse ante los líderes de los grupos fuertes seguían en el candelero, para engordar sus bolsillos, no para servir al país.

Casos hubo, como el de Gustavo Riojas, que hizo del Partido Sociedad Nacionalista un medio de enriquecimiento, amparado en su supuesto parentesco con Diana Laura Riojas viuda de Colosio y ya cuando ella había fallecido.

Gustavo fue diputado federal, igual que su esposa Margarita Durán; convirtieron a Gustavo Jr. en el líder partidista, amparaban los gastos del partido en facturas falsas y de negocios fantasma; por eso el IFE les aplicó multas. Las que no pagaron ni entregaron cuentas al perder el registro del partido, pues se esfumaron para disfrutar de la millonada que les dio su aventura partidista.

Antes los nuevos partidos recibían un registro condicionado a que alcanzaran determinado porcentaje de sufragios, y sólo después se les daba el registro definitivo. Mas seguían sujetos al porcentaje para mantener el registro. Pero las coaliciones con los grandes les otorgaron auténticas patentes de corzo.

Así vemos al Niño Verde, que heredó de papi el PVEM, brincar de la ALDF a San Lázaro, al Senado y de nuevo a la Cámara Baja. No le van muy atrás Alberto Anaya, Alejandro Yáñez y José Narro, del PT o Dante Delgado, de Convergencia, entre otros.

Menos mal que la cuestionada reforma electoral rinda este fruto y depure a nuestra política de una de tantas lacras. (Notimex) (El autor es periodista)

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