En adoración a Tonantzin tiene su origen culto a Virgen de Guadalupe

Por Luis Carlos Sánchez
Notimex

México.- Este 12 de diciembre se festeja el día de la Virgen de Guadalupe, objeto de una fe y veneración que traspasa generaciones y fronteras, y cuyo culto, según los historiadores, se remonta a la época anterior a la llegada de los españoles, cuando los aztecas dominaban la ciudad de Tenochtitlán.

Símbolo inequívoco de la religiosidad mexicana, en la guadalupana se funden dos tradiciones que forman parte de la idiosincrasia de este país, pues su imagen evoca el sincretismo entre la deidad de los antiguos mexicanos, Tonantzin, y María, la virgen madre de Cristo, de la religión católica.

Como parte de la cosmovisión precolombina, señalan algunos autores, Quetzalcóatl y Cihuacóatl representaban el origen de la vida y de todas las cosas; en su pasado eran inseparables y aparecen ligados como las dos caras del principio dual, mujer y hombre, donde Tonantzin representa la parte femenina.

Cronistas como Fray Bernardino de Sahagún refieren que los nativos de esta tierra venían a rendirle culto en el cerro del Tepeyac a la diosa Cihuacóatl, llamada también Tonantzin, que significa "Nuestra madre", de lo cual hay testimonios de los misioneros del siglo XVIII.

"En este lugar que se nombra Tepeyac tenían un templo dedicado a la madre de los dioses, que la llamaban Tonantzin, que quiere decir Nuestra Madre. Allí hacían muchos sacrificios a honra de esta diosa. Y venían a ellos de más de 20 leguas de todas las comarcas de México y traían muchas ofrendas", señala el cronista.

"La historia general de las cosas de la Nueva España", escrita por Sahagún, relata que "venían hombres y mujeres, mozos y mozas a estas fiestas. Era grande el concurso de gente en estos días y todos decían Vamos a la fiesta de Tonantzin. Y ahora está allí edificada la iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe, también llamada Tonantzin".

A la llegada de los españoles y con el proceso de adoctrinamiento, los evangelizadores construyeron templos católicos sobre los que consideraban paganos, y utilizaron las mismas costumbres con fines de devoción cristiana; así, los lugares de peregrinación se conservaron y sólo fueron sustituidas las imágenes.

Conservando elementos fundamentales, los nuevos iconos se adaptaron a la nueva visión del mundo, ejemplo de ello es el color verde-azul del manto de la Virgen de Guadalupe, idéntico al azul jade de Quetzalcóatl y color fundamental de la religión mexicana.

En su libro "Tonantzin Guadalupe", el historiador mexicano Miguel León-Portilla muestra, de hecho, la relación que Guadalupe tiene con el antiguo pensamiento náhuatl: "con el simbolismo de la flor y el canto se pinta y matiza esta otra realización del encuentro de dos mundos".

En su texto, donde realiza una interpretación del Nican Mopohua o relato náhuatl que significa "Aquí se refiere.", y donde se da cuenta de las apariciones de la virgen, León-Portilla expone la estrecha relación de la Virgen de Guadalupe y Tonantzin.

"Ha llegado a la tierra florida, la de nuestro sustento, ha hecho suyos los cantos, las flores; sabe ya, sobre todo, que la noble señora celeste es su madrecita compasiva, es Tonantzin Guadalupe", describe el historiador, a partir del texto antiguo.

Con el paso de los años, "la lupita" como se le dice de cariño, se convirtió en objeto de devoción oficial y popular en la Nueva España, que se sustentó en la historia de la

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