Indígenas bolivianos viven bajo el estigma del racismo “demócrata”

Por José Luis Castillejos
Notimex

Santa Cruz.- La indígena guaraya Asunta Ramada se confiesa triste: no sabe si sus ancestros olvidaron que existe, tampoco los beneficios de la modernidad y mucho menos comprende por qué los blancos la rechazan al grado de caerle a palos.

Pero sabe lo que la tiene triste: pobreza, lejanía de su tierra, la imposibilidad de ver a sus hijos y la falta de comida.

Recuerda la mañana del 29 de noviembre cuando fue molida a palos. Vendía frutas en un mercado de Santa Cruz cuando miembros de la Unión Juvenil Cruceñista (UJC) la emprendieron a golpes contra los comerciantes para obligarlos a acatar un paro.

Ramada tiembla y de su arrugada mano derecha se le cae un mango que come. Tiene la mirada extremadamente triste, no sabe su edad y ni falta hace, debe estar por los 60 aunque pareciera de 70.

"Un día me vine de Ascensión de Guarayos (una provincia boliviana) y aprendí a sobrevivir aquí, pero la gente es malita. Esos jóvenes no lo quieren a uno. Yo sólo vendo mi frutita, pero cuando hacen paro quieren que todos paremos", cuenta a Notimex.

Dice que se arrepiente de haber dejado su tierra, donde tenía su propio "chaco" (parcela). Allá criaba animales y podía ver a mi familia. Aquí es otra forma de vida, más difícil señor. A veces no hay venta y solo comemos fruta".

Aquella mañana del 29 de noviembre Asunta Ramada salió de su casa más temprano que de costumbre; tomó café, un pancito y se fue a vender frutas. Nunca sabría por qué los miembros de la UJC iban a llegar enardecidos a golpear a todos.

Ni la virgencita de Cotoca, a la que se encomienda siempre, la libró de los palos; dos le cayeron en el brazo, uno en la pierna. "Salí corriendo, dejé mi bolso; hoy ya no quiero regresar y mejor vendo aquí en la calle (Libertad).

Se declara devota de la virgen de Cotoca, a la que el 7 y 8 de Diciembre festejan, a unos 20 kilómetros de Santa Cruz, sobre la carretera que cruza el Río Grande para entrar en la Chiquitanía y al Beni.

"Los blanquitos son así. A veces se molestan por nada y lo patean a uno. El indígena no es bien visto. Tenemos un presidente indígena (Evo Morales) pero ni a él lo quieren y ojalá que dé una ley que nos proteja", enfatiza la mujer temerosa por los apuntes del reportero.

"¿No es usted policía?", pregunta desconfiada y se tranquiliza al escuchar que sólo nos interesa su historia.

En Santa Cruz, los miembros de la Unión Juvenil Cruceñista (UJC) hacen cumplir a palos los paros que dispone el Comité Cívico y la Prefectura de Santa Cruz.

Eso ha ocurrido en el mercado Abasto y en barrios "collas" Plan Tres Mil y Villa Primero de Mayo donde los jóvenes vándalos quemaron una casa de una persona que desacató la orden.

Siempre que hay movilizaciones los comerciantes de barrios pobres saben que en cualquier momento pueden llegar bandas juveniles a robarles la mercancía y a golpearlos ante la mirada paciente de las autoridades.

Los comerciantes del mercado 4 de Noviembre ya están cansados de que siempre los presionen o de que se esté paralizando la ciudad.

"Queremos vivir en paz. No nos interesan los paros, las manifestaciones, las marchas o las protestas que lideran los ricos. Nosotros somos afectados con eso", afirma a Notimex Lilian Robles, una prestadora de servicios turísticos.

Las ventas caen, los turistas no vienen y de eso no se dan cuenta ellos (los ricos y las autoridades) porque tienen asegurado su dinero mientras nosotros estamos "fastidiados&q

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