Danza macabra del transfuguismo

Por Hamlet Hermann

La culpa es un término jurídico que, al igual que la negligencia, supone “la voluntaria omisión de diligencia en calcular las consecuencias posibles y previsibles del propio hecho”. En otras palabras, hay culpabilidad cuando una persona no pone el suficiente empeño para prever el daño que podría ocasionar una decisión suya. Digamos que alguien decide conducir un automóvil a excesiva velocidad por una vía congestionada basándose en su destreza como conductor y la calidad de los frenos de su vehículo. Pero sucede que su apreciación del tránsito y de sus habilidades no es exacta y atropella un grupo de transeúntes provocando enormes daños. Aunque el accidente no haya sido hecho con intención, ese individuo es culpable por los perjuicios producidos, ya por imprudencia, por negligencia, por impericia o por inobservancia de las leyes y los deberes ciudadanos.
El Director del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INDRHI), Héctor Rodríguez Pimentel, admitió su responsabilidad por emitir la orden de que se abrieran las compuertas de la presa de Tavera hasta desfogar más de cinco mil metros cúbicos por segundo. La circunstancia agravante vino dada porque lo hizo mientras la ciudadanía de la zona dormía. Justificó luego su decisión con una especulación. Dijo el dirigente político que tomó esa medida debido a que, de no haberlo hecho, la presa de Tavera habría fallado estructuralmente y arrasado con Santiago de los Caballeros y gran parte de la línea noroeste del territorio dominicano. Ninguna prueba aportó para que esa aseveración pudiera tener visos de credibilidad. No pudo confirmarla en base a cálculos estructurales ni por experiencias anteriores. Este político parecía ignorar que una conjetura no puede imponerse al daño que su decisión provocó. Esas justificaciones son tan falsas como cuando Trujillo ordenó el asesinato de decenas de miles de haitianos bajo el argumento especulativo de que ocuparían el territorio nacional y terminarían con la dominicanidad. Una especulación de Trujillo trataba de ocultar un hecho criminal.
Tan falsa de toda falsedad fue aquella macabra excusa de Trujillo como lo son ahora las declaraciones de Rodríguez Pimentel y su orden de abrir desmesuradamente las compuertas de la presa de Tavera para, supuestamente, evitar que ésta colapsara. Aunque esa decisión no haya sido tomada con mala intención, ese individuo es culpable por los daños producidos, ya por sus imprudencias, por negligencia, por impericia o por inobservancia del protocolo que rige el manejo de una presa como la de Tavera. Nunca tomó en cuenta la vulnerabilidad de la zona contigua al río Yaque y afluentes, agravando con su desatinada actuación el daño que pudo haber ocasionado la tormenta Olga por sí sola.
El Director del INDRHI debía recibir una restricción judicial de sus libertades mientras se investigan las responsabilidades particulares en esta pésima y lamentable decisión cuyos descomunales efectos todavía desconocemos en su totalidad. La impericia demostrada encuentra explicación en la incapacidad para ejecutar una operación de aritmética simple. La cuenca de la presa de Tavera es inmutable y su capacidad potencial de almacenamiento es controlada centímetro a centímetro. La existencia de la onda tropical Olga era conocida con casi una semana de anticipación y los estimados de lluvia fueron difundidos por todas las agencias internacionales de noticias. Si el Director del INDRHI hubiera multiplicado los estimados de lluvia por el área de la cuenca de Tavera, habría conocido el volumen necesario para almacenarla. Habría sabido, por aritmética simple, cuánta agua había que desfogar desde que les llegó esa información con días de anticipación, mucho antes de que, convertida en tormenta, Olga llegara hasta el territorio dominicano.
Esto así, el Director del INDRHI es, a todas luces, culpable de una actuación imprudente y negligente. Al mismo tiempo, practicó una conducta atrevida, descuidada e irresponsable al ordenar la apertura de las compuertas de la presa de Tavera en la medida y en el momento que lo hizo, provocando enormes e irreparables daños a la ciudadanía y a la economía nacional. Han sido tan amplios y graves los daños provocados por la decisión del Director del INDRHI que podría analizarse legalmente como homicidio negligente, también llamado homicidio culposo o involuntario, vistos los daños provocados a un conjunto social numeroso.
Otra experiencia que nos deja esta tragedia es que las responsabilidades otorgadas por el Presidente de la República al transfuguismo político debían tener límites. No puede ponerse en manos de cualquiera los asuntos que son de alto interés para la nación. Como también no se debía manejar la nación cual si fuera una propiedad feudal para el disfrute de los tránsfugas que apoyen las ambiciones presidenciales.

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