Crisis crediticia quebranta el sueño de la casa propia

Por Rubén Barrera
Notimex

Hace tres años, luego de firmar los documentos que lo acreditaron como propietario de una casa en los suburbios de Virginia, Walter Espinal creyó ver finalmente realizado uno de sus mayores anhelos desde que llegó a Estados Unidos en 1990.

Sin embargo, Espinal -quien tiene un negocio de reparaciones domésticas- podría sumarse a los cientos de miles de personas en este país que perderán su casa debido a una de las peores crisis hipotecarias, que amenaza incluso con provocar una recesión.

Espinal, de origen boliviano, podría también ser uno de los 1.2 millones de personas que el gobierno estima se beneficiarán de un programa emergente con el que la administración del presidente George W. Bush ha decidido responder a la actual situación.

La crisis hipotecaria que afecta al país no sólo se ha traducido en una pesadilla para millones de estadunidenses que han perdido los ahorros de una vida, sino que ha sido más lesiva de lo que muchos anticipaban y generado un impacto negativo a nivel internacional.

Gobiernos de países como Canadá, Reino Unido y Suiza, algunos de cuyos bancos apostaron fuerte al sector hipotecario, se han visto obligados a intervenir, pero sin lograr que los efectos de la crisis parezcan haber menguado.

Las consecuencias poco anticipadas que ha tenido hasta ahora parecen ir de la mano con la errática naturaleza de los créditos de alto riesgo o "subprime" -como se les conocen en el argot financiero estadunidense- señalados como la causa de la crisis.

La crisis fue producto de un vigoroso auge de la industria, impulsado por tasas de interés que alcanzaron bajos niveles históricos, las cuales alentaron una demanda que llevó al sector a una de sus etapas de crecimiento más fuertes de las últimas décadas.

Pese al alentador panorama, millones de residentes, muchos con antecedentes crediticios poco favorables o complicados, se vieron forzados a recurrir a préstamos hipotecarios de alto riesgo.

La cerrazón de la banca de "primer piso", donde los estrictos requerimientos hacían poco probable la obtención de un crédito, usualmente con mejores tasas de interés, dio paso a lo que el sector bancario ha calificado como un "servicio" nuevo, los préstamos "subprime".

En el mundo del "subprime", personas como Espinal requirieron sólo estampar su firma en los contratos legales para ver superados todos los obstáculos que antes se habían interpuesto en su camino.

Una institución bancaria, con frecuencia de "segundo piso", de esas en cuyas oficinas no se atiende al cliente a través de una ventanilla y en muchos casos ubicada a cientos de kilómetros de distancia, se ocupó de esa parte.

A cambio de ello, millones de estadunidenses adquirieron créditos a plazos usualmente de 30 años, con tasas por encima de las ofrecidas en el mercado de primer piso.

De manera invariable, la estocada final fue la cláusula mediante la cual el banco ofreció mantener la tasa de interés inicial por un periodo de dos a tres años, pero después de ese plazo sería variable.

Arreglos como estos han dado como resultado que cientos de miles de personas se declaren día tras día imposibilitadas para continuar cubriendo el pago de estos préstamos conforme han visto elevarse sus mensualidades.

La situación ha colocado a cientos de miles de personas ante una dolorosa disyuntiva.

"Yo empecé pagando mil 800 dólares al mes. Desde hace tres meses mi pago subió a dos mil 130 y he estado a punto de no poder pagar un mes. No quiero perder mi casa, pero si no hay como pagar ¿qué vas a hacer?", dijo con resignación Espinal, padre de tres menores.

El caso del boliviano de 34 años, residente de la vecina comunidad de Falls Church Virginia, muestra además el efecto que la crisis ha tenido entre la comunidad hispana.

Cifras del Centro para Préstamos Responsables apuntan que más de 110 mil hispanos que adquirieron préstamos hipotecarios de alto riesgo en 2005, perderán sus casas al no poder continuar cubriendo sus pagos, y lo mismo podría suceder con unos 98 mil afroestadunidenses.

Las estimaciones han puesto de relieve además los alcances de las prácticas usureras de que fueron blanco minorías como los hispanos, entre quienes la tasa de propiedad se disparó durante la época de bonanza.

Datos recientes del gobierno revelaron que 40 por ciento de los hispanos que adquirieron una vivienda en la última década lo hicieron a través de créditos hipotecarios de alto riesgo, dos veces más que los compradores de raza blanca.

Tim Sandros, presidente de la Asociación Nacional de Profesionales de Bienes Raíces (NAHREP, por sus siglas en inglés), dijo que los hispanos conforman el único grupo minoritario en Estados Unidos donde la tasa de propiedad tuvo un crecimiento súbito.

Sin embargo, ese crecimiento se ha visto afectado "por las prácticas abusivas de financiamiento", dijo Sandros, quien consideró que parte del problema fue también la pobre o nula información sobre los préstamos hipotecarios.

Entre 2005 y 2006, el nivel de adquisición de vivienda entre los hispanos cayó 5.2 por ciento, situación que podría empeorar si se confirman las proyecciones del Instituto Congresional Hispano (CHICI), que prevé un aumento de los embargos en los próximos meses.

Un informe del CHICI y de la organización NeighborWorks America reveló que el número de embargos ha sido especialmente elevado en Washington y su zona metropoliana, Austin, Chicago, Denver, Miami, Phoenix y Los Angeles, ciudades con altas concentraciones de hispanos.

A su vez, las entidades de Estados Unidos con el mayor incremento de embargos son Florida, Nevada, Arizona y California.

En este último estado, sólo en el condado de Los Angeles casi ocho mil viviendas fueron requisadas por bancos de enero a septiembre de este año, seguido por el de Riverside, con más siete mil embargos, y el de San Diego, con poco más de cinco mil.

Ante la posibilidad de que la crisis se agudice, la Reserva Federal ha inyectado más de 188 mil millones de dólares en instrumentos financieros de corto plazo, en un intento por mantener la liquidez de los mercados financieros y reavivar la confianza de los inversores.

No obstante, ni siquiera el programa anunciado por Bush hace dos semanas parece haber aminorado el nerviosismo de los inversionistas o mejorado la maltrecha confianza de los consumidores sobre el estado de la economía.

En agosto pasado, la confianza de los inversionistas se ubicó en su nivel más bajo de los dos últimos años, mientras que el número de casas ofrecidas en venta que se quedaron en el mercado en julio fue el mayor en los últimos 15 años.

Por si fuera poco, los precios promedio durante el segundo trimestre del año registraron su mayor caída en las últimas dos décadas.

De igual modo, la crisis ha provocado la pérdida de unos 60 mil empleos en el sector inmobiliario y de crédito hipotecario de Estados Unidos este año.

La desaceleración en la expansión económica que Estados Unidos ha experimentado este año ha sido atribuida en gran medida a la crisis, la cual -según algunos analistas- podría provocar incluso un retroceso en el crecimiento económico.

En días recientes, el ex presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan, generó una mayor ansiedad al reconocer la posibilidad de que Estados Unidos se enfile hacia una recesión.

"Es muy temprano para decirlo, pero claramente las posibilidades están aumentando", dijo Greenspan durante una entrevista con la Radio Nacional Pública (NPR) de Estados Unidos.

La sombría evaluación de Greenspan, sumada a las constantes réplicas que la crisis continúa generando en el ámbito económico, ha provocado que las perspectivas sean cada vez más negativas.

La incertidumbre se ha apoderado de Espinal, quien no ha podido encontrar hasta ahora un programa de refinanciamiento que le permita superar sus problemas.

"No sé lo que va a pasar. No quiero perder mi casa, por todo el esfuerzo que me costó comprarla, pero tampoco estoy dispuesto a cargar con una deuda mayor que haga más complicada la situación en la que estoy, y del gobierno no es mucho lo que uno puede esperar", dijo.

– NOTIMEX

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