Cantina Pierino: un centenario encanto de los sabores italianos

Por Cecilia González
Notimex

Buenos Aires.- En un discreto rinconcito de Buenos Aires está la Cantina Pierino, uno de los mejores restaurantes de la ciudad que, en medio de un ambiente acogedor, ofrece desde hace más de 100 años el encanto del auténtico sabor casero italiano.

La sensación inmediata de cualquiera que entra a este lugar, enclavado en el tradicional barrio porteño del Abasto, es de una calidez que se va incrementando con la esmerada atención que ofrecen sus propietarios.

Cantina Pierino es un negocio familiar que está encabezado por Pedro Capalbo, el heredero de una tradición que comenzó en 1906 en la capital argentina, cuando su abuelo Vicente abrió en el mismo sitio un almacén para probar fortuna.

Como tantos otros italianos, Vicente vino solo desde Calabria a la tierra de oportunidades que era Argentina a principios del Siglo pasado y después se trajo a su hijo Juan, quien se quedó de manera definitiva en Buenos Aires.

El almacén no funcionaba muy bien, pero como a unas pocas cuadras quedaba el Abasto, que fue uno de los mercados más grandes de Sudamérica, Vicente aprovechó que sabía cocinar y comenzó a venderles platos de comida a los trabajadores del mercado.

"Les daba porotos (frijoles) con cerdo, papas con arvejas (chícharos), pero era un plato solo, así empezó a andar el negocio y por eso quitó el almacén para poner una fonda, ofrecía platos sencillos", cuenta Pedro.

En las primeras décadas del Siglo pasado, acorde a la usanza de la época, el local fue conocido primero como "La cantina de Don Vicente" y después, cuando se lo heredó a su hijo, "La cantina de don Juan".

El nombre actual y definitivo del centenario negocio familiar se debió al parecido de Pedro con un director italiano de orquesta de nombre Pierino Gamba.

Hoy, a sus 72 años, Pedro-Pierino dice que nunca pensó en dedicarse a otro oficio porque siempre estuvo ligado a la cocina, de la que se enamoró sin remedio desde que era un niño.

"Siempre estuve aquí, dentro, siempre; anduve en la Marina Mercante tres años, pero lo dejé, porque siempre me gustó esto. Acá es vida. Si te sentís mal por algo acá encuentras un poco de barullo (bullicio) y se te pasa. A mí me retuvo el cariño de la gente", cuenta.

Pierino lamenta que los negocios familiares se estén extinguiendo en Argentina porque "hay gente que se quiere dedicar a esto de la noche a la mañana y no saben. El secreto es la limpieza, el buen gusto de la comida y la atención".

En todos estos años, explica, nunca le fue tan mal en el local como para pensar en cerrarlo y tampoco se le ocurrió modificar el menú para introducir platillos más argentinos, como la tradicional milanesa de ternera o los incomparables bifes.

"Aquí nos gustan mucho las verduras, los guisos", dice convencido al recitar algunas de las especialidades del menú, como los incomparables zapallitos (calabazas) a la napolitana; los ravioles de cordero patagónico o el pecaminoso tiramisú de su esposa Teresa.

Cantina Pierino está en un buen momento, con una capacidad para atender a 100 comensales que disfrutan la acogedora decoración de paredes de ladrillo donde cuelgan banderas y mapas italianos, y una placa de homenaje a tangueros como Astor Piazzolla.

El célebre autor de "Adiós Nonino", considerado como uno de los músicos de tango más importantes de la segunda mitad del Siglo XX en Argentina, tiene un rincón especial en el local de Pedro, quien tuvo una cerc

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