Deportación desintegra a la familia Díaz

A pocos días del primer aniversario de la deportación de su esposa, la vida de Miguel Díaz y su familia ya no es la misma.
“A partir del momento que la deportaron —el 5 de enero del 2007 a las 5 de la mañana— la vida me dio un gran giro porque ahora yo ejerzo la doble función de papá y mamá y eso es muy duro”, se lamenta Díaz, quien reside en el condado de Baltimore junto a sus hijos Edwin, de 13 años y Cynthia de 8.
“Es que cuando uno tiene establecida una familia y se sufre una separación, a partir de ahí la vida toma otro rumbo. Estoy hablando de una familia normal, porque muchos padres dejan a sus hijos para venir a este país pero lo hacen por necesidad”, agregó.
Díaz reconoció que siempre trata de hacer las cosas bien y se apega a la ley. Por esa razón quiso arreglar el estatus migratorio de su esposa Fidelia, pero le costó caro.
Ella había solicitado asilo político pero se lo rechazaron en 1996 porque no pudo demostrar el sufrimiento extremo que tendría al regresar a El Salvador. Por lo tanto le dieron una orden de salida voluntaria, pero no obedeció y prefirió quedarse en Baltimore más que todo porque ya tenían a su primer hijo.
A pesar del peligro que representa presentarse voluntariamente a las autoridades de inmigración, Díaz quiso arreglar el problema de su esposa de una vez por todas. Pero les fallaron las buenas intenciones.
“Teníamos que arreglar esa situación porque no íbamos a estar bajo las sombras todo el tiempo y tomamos la determinación de enfrentarla”, remarcó Díaz. “Pero no nos imaginamos que la reacción de la gente de inmigración iba a ser tan rápida y drástica”, agregó.
“Hasta el día de hoy no he sido carga social ni para el estado ni para nadie, porque mi trabajo me permite un seguro médico y mis prestaciones, para que mis hijos no dependan de ningún programa que caiga sobre los contribuyentes. Gracias a Dios aquí estamos luchando”, enfatizó.
Explicó que la separación de la familia no es nada fácil, no se lo desea a nadie, pero que en medio de la incertidumbre busca algo positivo.
“Hay que estar preparado porque en alguna medida estar separado me ayuda a ser más humano y más unido con mis hijos y a valorar más a la familia por la ausencia de mi esposa, quien nos hace falta”, afirmó.
Agregó que “eso genera un desequilibro en diferentes aspectos: emocional, económico y de tiempo para ellos”.
Díaz no pierde la esperanza que haya una reforma migratoria integral en este país, pero señaló que en la campaña electoral para las elecciones de noviembre del próximo año es difícil que se apruebe.
Para Díaz, que planea hacerse ciudadano el próximo año, la reforma solamente se ha estancado pero no está muerta.
“Si después de todo no resulta nada vamos a ver que opción tomamos porque no podemos estar así separados todo el tiempo. El lugar de mis hijos es con su mamá y el lugar de su mamá es con su esposo, que soy yo”, destacó.
En julio pasado, Díaz fue a El Salvador. “Al menos puedo viajar con mis hijos a ver a mi esposa, pero hay miles de trabajadores inmigrantes que se ven imposibilitados de salir y no pueden hacer nada para reunificar a sus familias, pero es algo que no lo puedo hacer a menudo por los gastos y el tiempo que representan”, dijo.
Díaz recomendó a otros padres de familia a tener fe y trabajar duro para lograr lo que se quiere y no desanimarse, ni tomar vías equivocadas. “Hay que mantene

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