2008.

Por Eduardo Leaman
Notimex

Tal vez sea nostalgia, tal vez el recuento de un período de tiempo, tal vez el frío, en fin, el año termina y comenzamos las obligadas reflexiones, entre ellas, sobre los acontecimientos de este primer año de gobierno en la nueva administración federal, donde la cultura una vez más fue motivo de ajustes presupuestales, de novedades y también, -por qué no- de algunos desencantos.

Acaso uno de los momentos que más incertidumbre causó fue el cierre de la biblioteca Vasconcelos, que luego de la intervención incluso de la comisión de cultura del senado de la república, dejó al descubierto la ausencia de un proyecto claro y de un ejercicio transparente de la función pública.

No hubo previsión ni cuidado en los procesos de construcción y en el control de calidad; así como en el diagnóstico previo que llevó a la decisión de construir un edificio que hoy finalmente -y después de un largo cierre- se perfila (afortunadamente) como un centro cultural.

Sin duda, otro hecho fue la anunciada reducción del presupuesto federal asignado a cultura, frente a la cadena de aumentos y reconsideraciones económicas del sector militar -que si bien encuentra justificación en el combate al narcotráfico- evidencia una visión estrecha que pareciera no considerar que el arte y la cultura son elementos incidentes y determinantes en los procesos de integración social.

Desafortunadamente este hecho -la reducción presupuestal- parece provocar un efecto dominó que se afecta hasta las esferas de la función municipal, por lo que, consecuentemente, en el umbral del 2008 en muchas ciudades y estados de la república, se habla ya de reducción de presupuestos a las instituciones de cultura.

Todo esto nos lleva a pensar en la necesidad de un nuevo diagnóstico, una nueva visión en los grupos parlamentarios, y una necesaria legislación que considere no solo el combate de los elementos discordantes, sino el refuerzo de aquellos espacios y sectores que privilegian las formas democráticas y promueven la civilidad y la participación ciudadana, como lo son los procesos culturales, artísticos y educativos.

Así mismo es más urgente una revisión de los derechos económicos, sociales y culturales, sobre todo ahora en el marco del 60 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos que los propios colectivos intelectuales buscan la forma de participar y establecer una crítica constructiva.

Todo ello ante las decisiones de los legisladores (caso de intelectuales amparados ante las nuevas reformas constitucionales a la Ley Electoral) sobre todo hoy, que la sociedad civil exige y demanda nuevos espacios para participar creativamente del desarrollo y de la equidad social.

Parece irreal, pero vivimos tiempos de acecho, de temor y de noticias que día a día a nivel nacional e internacional, vulneran sensiblemente la paz y la confianza en los tiempos futuros. Un tiempo donde la sociedad se ha vuelto un rehén de la guerra abierta entre gobiernos y células criminales, entre grupos de poder y medios de comunicación masiva.

Vivimos un tiempo de gran desencanto frente a las noticias de un planeta que ha empezado a desequilibrarse (tal vez) por nuestra indiferencia hacia los procesos de conservación de las reservas y recursos naturales, ante nuestra avidez por vivir y generar satisfactores inmediatos, sin atender las consecuencias a mediano y largo plazo.

Vivimos pues, un tiempo en que hacer una pausa y reorientar las formas de legislar y las prioridades comunes son inaplazables.

Es evidente que ante este panorama que poco deja a la esperanza, existen esfuerzos coordinados y sensibles que aun buscan -en algunos municipios y Estados- fortalecer la actividad cultural como una acción angular y esencial de algunos gobiernos.

Lo anterior a través de festivales, jornadas comunitarias, desde luego con la voluntad de cabildos que han decidido apostar por la inversión al fomento cultural, al desarrollo de programas sociales y educativos, y a la visión de algunos gobiernos que ven en el arte un potencial elemento de concilio ciudadano y desarrollo.

Esperemos atentos -y esperanzados- los acontecimientos que el 2008 tiene reservados, y esperemos que tanto los integrantes de la comisión de cultura del Senado como de la Cámara de Diputados, tengan a bien reconsiderar la importancia social del tema y sigan en los procesos y la pertinencia de aumentar los presupuestos para el arte y la cultura. (Notimex) (El autor es especialista en temas culturales y comunicación) [email protected] http://www.culturaycomunicacion-leaman.blogspot.com/

– NOTIMEX

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