Astrología mantiene un lugar privilegiado en el mundo de hoy.

Por Luis Carlos Sánchez


Verdad o superchería, ciencia o charlatanería, la adivinación o interpretación de la vida a través de los astros es una práctica que se remonta a los orígenes del hombre y que en la actualidad es muy socorrida en esta época del año en busca de conocer lo que el destino prepara para el ciclo venidero.

Ello, no obstante que se ha demostrado que las predicciones de año nuevo tienen apenas un margen de acierto de 15 por ciento y, casi siempre, sobre circunstancias evidentes o sin repercusión en la vida de las personas.

Desde importantes reyes y personajes de la historia hasta las cartas astrales de dirigentes de la época moderna, la adivinación a través de la ubicación de los planetas o del zodiaco se vuelve una práctica común los últimos días y horas de cada período que termina. Con estos consejos, siempre proporcionados por magos, sacerdotes u otro tipo de adivinos, gente de todos estratos sociales, raza o idioma, pretenden dejar atrás lo vivido y encontrar nuevos bríos para los tiempos que vienen.

En la historia de la humanidad es notable el caso de las antiguas civilizaciones donde los astros eran la base del conocimiento científico, principalmente en la época clásica, aunque la iglesia posteriormente se empeñara en ocultarlo.

De esta forma, los senadores romanos aprovecharon los cuerpos celestes para fines políticos; el emperador Aureliano, por ejemplo, imponía el culto al Sol, y cada que terminaba un período convocaba a los más eruditos astrólogos para determinar su futuro.

Otro importante caso es el del rey francés Luis XIV, quien exprimía sus miedos propios a la muerte y el destino, solicitando la elaboración durante cada año nuevo, de una carta astral en la que se proyectaran los resabios que vendrían en el siguiente período, con la finalidad de tratar de evitar los que pudieran afectarle.

De acuerdo con algunos historiadores, el emperador romano Adriano escribía en enero lo que sucedería a lo largo del año, hizo su horóscopo personal y llegó a predecir la fecha de su muerte, mientras que la reina británica Isabel I tenía como consultor de cabecera al astrólogo John Dee.

En Francia, Nostradamus era el asesor de Catalina de Médicis, después que éste predijo la muerte del rey Enrique II y en España, Alfonso X, llamado El Sabio, se dedicó en forma amplia al estudio del ocultismo, especialmente la astrología, prologando incluso varios libros sobre el tema. Sigue. Mantiene la astrología/dos/tema.

Felipe II siguió sus pasos y mandó construir el monasterio de El Escorial y su posición exacta la definió un grupo de astrólogos. Dentro de la Iglesia Católica, Sixto IV fue el primer Papa que levantó e interpretó un horóscopo.

En la época moderna, algunos aseguran que grupos como los nazis tenían una especie de secta secreta basada en el ocultismo y la predicción, mientras que en Venezuela, el dictador Juan Vicente Gómez era un gran iniciado en las ciencias ocultas, que utilizaba cada año para predecir los augurios del período que comienza.

Otros más aseguran que el expresidente estadounidense Ronald Reagan consultaba con sus astrólogos hasta la hora propicia para iniciar conflictos armados y que el líder cubano Fidel Castro no se despega de un amuleto, que le protege durante los años aciagos, además de que consulta con avidez cada fin de año las predicciones de algunos astrólogos.

Basado en un conjunto de creencias o conocimientos con el que se

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