La Ciudad Maravillosa recibe el año nuevo a lo grande

RIO DE JANEIRO (AFP) – La ciudad de Rio de Janeiro recibió a toda fiesta y color la madrugada del martes el año 2008 con cientos de miles de personas apostados en su turística zona sur que se apiñaron básicamente en la famosa playa de Copacabana para ver un deslumbrante show pirotécnico.

Un hervidero de gente marcó la llegada del nuevo año en la ‘Ciudad Maravillosa’ que deliró con el espectáculo de 22.000 fuegos lanzados desde 16 balsas en el mar (10 en Copacabana) y que según los organizadores reunió dos millones de personas.

Desde temprano y con temperatura de casi 40 grados centígrados miles de personas, muchas pertrechadas con sillas, heladeras portátiles llenas de bebidas, sombrillas y hasta tiendas, llegaron a Copacabana para guardar lugar y antes aprovechar la playa y el sol.

La puesta en escena duró unos 16 minutos y en la mitad del show el humo se apoderó de los 6 km de costa de ‘Copa’, aunque el público, que hizo la cuenta regresiva, acabó delirando con un final en donde se tiró ‘la casa por la ventana’ con un crisol de colores imponente que iluminó las arenas.

No faltaron miles de espectadores privilegiados: desde los costosos apartamentos de la avenida Atlántica o los hoteles frente a la playa muchos hacían su propia fiesta, al igual que los pasajeros de varios trasatlánticos y de decenas de embarcaciones anclados en el mar.

Un público variopinto que incluía turistas extranjeros, familias o pobladores de las favelas, ricos y pobres, llegó al evento con ánimo de festejar y pedir deseos de cara al 2008. Cientos de vendedores ambulantes hicieron su ‘primavera’ en una atmósfera casi de kermés.

A la orden del día estuvieron las ‘simpatías’, ritos tradicionales que los brasileños gustan de usar para el ‘Reveillon’ (Año Nuevo) en busca de un mejor destino, que van desde comidas hasta vestimentas.

Por ejemplo, muchos comían 12 uvas –una por cada mes– o habían ingerido una comida con lentejas para afinar la suerte.

Muchos lucían vestimentas de color blanco (símbolo de paz), dorado o amarillo (prosperidad económica), o llevaron orquídeas y rosas blancas, rojas y amarillas para lanzar entrando de espaldas al agua en ofrenda a Iemanjá, la diosa del mar en el culto afro candomblé.

Hubo quienes ‘lavaron’ el alma’ zambulléndose en el agua oceánica o encendieron velas en pozos en la arena para manifestar sus deseos. Ropa interior roja para una nueva atracción en el amor también traslucía las intenciones de algunas.

Cerca un joven veintiañero con una camiseta que decía "Deja que la vida me lleve" dejaba llevar su mente en el humo de un ‘porro’ (cigarro de marihuana). El romance también tenía su espacio, pues al lado de él una pareja se besaba apasionada con botella de espumante en mano.

En tanto, desde 32 torres de sonido el funk de las favelas comandado por el DJ Marlboro y colegas hizo sacudir las caderas de cientos de cariocas. Después fue el samba el que tomó la posta con escuelas tradicionales como Mangueira y Beija Flor que pusieron ritmo caliente a la noche.

Los quioscos más exclusivos sobre la playa cobraban hasta 483 reales (USD 273) para pasar la mesa con baño, mesas y otros servicios exclusivos.

Se calcula que la fecha atrajo a 600.000 turistas brasileños y extranjeros.

"Para mí y mi familia éste fue un sueño hecho realidad, algo mágico", dijo a la AFP Renata (59), una gerente de marketing llegada de Sao Paulo.

Más de 20.000 policías fueron movilizados en la ciudad, 10.600 de la Policía Militarizad

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