Estampida de periodistas por fin de misión humanitaria en Colombia

Por Edelmiro Franco
Notimex

Villavicencio.- La suspensión de la misión de rescate de los tres rehenes en poder de las FARC generó la estampida de la mayoría de los periodistas, gran parte de los cuales viajaron anoche a Bogotá para recibir el nuevo año junto a sus familias.

"Nos fuimos (.) nos fuimos (.) se acabó todo esto (.)", fueron algunos de los gritos que se escucharon la noche del lunes en la destruida carpa que concentró durante cinco días a 178 periodistas colombianos y extranjeros interesados en cubrir una noticia de carácter mundial.

Los comunicadores nos paseábamos en las primeras horas de la mañana del 31 de diciembre por los ambientes del aeropuerto Vanguardia con la seguridad que sería el día más tranquilo de los cinco de cobertura periodística, pero fue el más intenso y noticioso.

Los periodistas empezábamos la jornada religiosamente a las 06:00 horas locales (11:00 GMT) reportando las llegadas desde Caracas de las aeronaves de la caravana humanitaria y las respectivas declaraciones de los garantes internacionales.

Además, cada uno buscaba sus propias historias en torno a la eventual liberación por parte de las FARC de la ex candidata la vicepresidencia de Colombia, Clara Rojas; su hijo Emmanuel, y la ex congresista Consuelo González.

El 31 de diciembre, pese a lo simbólico de la fecha, los enviados de los medios colombianos y extranjeros llegamos, a la misma hora de siempre, a la terminal aérea de esta ciudad distante 117 kilómetros al sureste de Bogotá.

Mientras la mayoría buscaba café y jugo de naranja, varios conversaban a través de sus celulares con sus familias para dar, desde temprano, los deseos de un feliz Año Nuevo.

"Mamá te quiero mucho, creo que esto va para largo, dos o tres días más", "mi amor, te amo mucho", "hija, disfruta esta noche con tu madre" y "hermano, lo llamo para desearle feliz Año Nuevo, no creo que esté en Bogotá" eran algunas de las frases que se escucharon.

Cuando todos los comunicadores, reporteros gráficos, camarógrafos, técnicos de sonido y asistentes de cadenas de televisión estaban empezando a respirar el aire tempranero de los llanos, se escuchó el ruido de un avión que se acercaba a la pista para aterrizar.

"Llegó un Falcon (.) pilas, pilas", fue la gritería a las 07:30 horas locales (12:30 GMT) y todos encendieron cámaras y grabadoras, lo que puso fin a la tranquilidad del último día de 2007 para quienes llevábamos cinco días apostados en la pista de Vanguardia.

Todos estábamos convencidos que en ese jet tipo ejecutivo, procedente de Caracas, venía el personaje más importante de la Operación Emmanuel, el ex ministro venezolano del Interior, Ramón Rodríguez.

El era el hombre que debía traer a Villavicencio las anheladas coordenadas dadas por los rebeldes para poder llegar al sitio de entrega de los tres rehenes en poder de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

Los enviados más jóvenes de los medios locales empezaron a lanzar extras con la supuesta llegada de Rodríguez, mientras que otros más experimentados esperaron mayores datos respecto de quiénes eran los personajes que bajaban del avión en un extremo de la pista.

El personaje, sin duda, no era el esperado Rodríguez, sino el canciller venezolano Nicolás Maduro.

La agitación, sin embargo, siguió porque apareció en la terminal el alto comisionado de Paz de Colombia, Luis Carlos Restrepo, quien en otro lugar, bajo un frond

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