Fue Vicente Huidobro un destacado exponente de la literatura chilena.

México.- El destacado poeta y escritor chileno Vicente Huidobro, creador y exponente del creacionismo, cuya obra aún deslumbra a la crítica con sus imágenes, vivacidad y autenticidad, así como por su marcada rebeldía a los lineamientos literarios de su época, murió el 2 de enero de 1948.

Huidobro es considerado como uno de los cuatro grandes de la poesía chilena, con Pablo Neruda, Gabriela Mistral, ambos Nobel del Literatura, y Pablo de Rokha.

Es autor de "Altazor o el viaje en paracaídas", obra cumbre del Creacionismo universal, al lado de "Temblor de cielo". Ambas constituyen el mayor legado del vate a la poesía de su tiempo.

Las dos son una fuente que con mayor generosidad habría de surtir a los poetas venideros, que aún a finales del siglo XX, después de que las corrientes estéticas hayan virado por centenares de derrotas diferentes, el valor poético de las citadas obras sigue siendo incalculable.

Vicente García-Huidobro Fernández era su nombre completo, nació en el seno de una famila acomodada con tradición literaria, en Santiago, Chile, el 10 de enero de 1893 y pronto mostró una notable inclinación hacia la creación poética, plasmada en sus las primeras composiciones, a la edad de 12 años.

Este talante creador, estrechamente ligado a su espíritu iconoclasta, le llevó a rechazar, en un manifiesto que hizo público, cuando aún era adolescente, cualquier forma de poesía anterior.

Así, decidido abrirse camino en el mundo de las letras, rechazó también la reducida atmósfera literaria chilena para trasladarse a París en 1916, donde participó en todos los movimientos vanguardistas que por aquellos años florecían, y vertiginosamente se agostaban.

En dicha ciudad, publicó sus primeras colaboraciones en algunas revistas tan significativas como Sic y Nord-Sud, y entablar relaciones con las principales cabezas de la Vanguardia europea, como los surrealistas Guillaume Apollinaire y Pierre Reverdy.

Sin embargo, y a pesar de esta estrecha colaboración en los comienzos de su andadura literaria, Huidobro pronto se distanció voluntariamente de los postulados surrealistas, pues en su concepción de la creación artística no cabía la máxima de que el artista era un mero instrumento revelador de los dictados de su inconsciente.

Rechazó también las propuestas del futurismo, pues tenía el convencimiento de que el fervor manifestado hacia la máquina se apagaría en cuanto el hombre su hubiera acostumbrado a los adelantos del progreso técnico.

Negado a todos los postulados estéticos de la Vanguardia, llevó a Huidobro a crear su propia corriente, bautizada como Creacionismo, (una creencia, inspirada en dogmas religiosos, que dicta que la Tierra y cada ser vivo que existe actualmente provienen de un acto de creación por un ser divino; siendo creados ellos de acuerdo con un propósito divino.

Así, para Huidobro y el resto de los creacionistas que inmediatamente cerraron filas en torno a estas propuestas tan originales como transgresoras, el artista no debía limitarse a reflejar la Naturaleza, sino que debía mantener con ella una especie de competición en la que podía mostrar el vitalismo de su propia obra.

Dichas propuestas y concepción del arte en general muy particular del autor en las letras, la acompañaba una necesidad de crear nuevas imágenes, tan coloristas como animadas y sorprendentes, e incluso, un novedoso lenguaje poético capaz de romper con todos los niveles de la lengua y generar también su propia sintaxis.

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