Desear

“Evidentemente, toda vida es un proceso de demolición.” F. S. Fitzgerald.

12 de la noche y el año nuevo nace con el aliento fresco de un bebé. Alegría, baile, festejo, aunque nadie sepa a ciencia cierta cómo y en qué estado terminará su vida útil la flamante criatura.
De todas formas, todo nacimiento viene envuelto en papel regalo brillante. Además, como buenos terrícolas nos gusta creer que hay esperanza para todo, hasta para dejar de ser humanos y eso se condensa en los deseos más simples que, a la vez, pueden llegar a ser complejísimos: “Este año dejaré de beber”, “Esta relación se acabó”, “Basta de comer como puerco”; hasta los que están lejos de nuestras posibilidades, pero que lamentablemente sí están dentro de las posibilidades de otros: “Este año acabaré con la mitad del globo terráqueo”; “Este es el año de mi bombita nuclear” etc.
Lo importante en realidad no es lo que se desea, lo importante es desear, lo importante es el ser deseante, o mejor, es ser un ser deseante, base no sólo de la psicología, sino de nuestra naturaleza humana toda.
Yo deseo, tu deseas, nosotros deseamos y de aquí al infinito y más allá. Y de eso se trata en definitiva, de desear, y el nacimiento del nuevo año, pobrecito, viene plagado de deseos que como hemos visto no siempre son tan buenos, aunque eso podría también discutirse desde la perspectiva del ente o el ser deseante.
Por ejemplo, seguramente quienes quieren acabar con una parte del planeta no se pondrán de acuerdo con la parte del planeta a ser eliminada por obvias razones de eliminación. Entonces ¿Quién define que lado del planeta es el bueno y cuál el malo?
Lo mismo creo que sucedería si es que alguien desea a la mujer del prójimo, lo cual es más común de lo que uno puede o quiere imaginar, porque claro, siempre es posible que la mujer del prójimo esté de acuerdo en ser deseada por más de uno, pero ¿será posible que el prójimo esté de acuerdo con semejante deseo impertinente del ser deseante?
En fin que nuestros deseos, desde los que parecen más inofensivos hasta los que podrían parecer más agresivos, lo único que hacen es ir contra los deseos de otros entes deseantes y viceversa, y en definitiva, de lo que nos ocupamos todo el año es de tratar de imponer nuestros deseos sobre los deseos del resto del planeta.
Entonces, puestos en esta perspectiva ¿Qué y qué no es lícito desear al comenzar un nuevo año? A mi criterio, lo mejor es no desear nada, aunque eso es prácticamente imposible. O bueno, desear con limitaciones, es decir, hacer un ejercicio de humildad y enunciar nuestros deseos de otra manera: “Diosito, si se puede, sólo si se puede, a ver si mi mujer deja de …”
Creo que de esa forma se pueden minimizar todos los daños colaterales a ser causados a otros seres deseantes. Ahora, esto también podría verse como una afrenta para algunos, que podrían tildarme de ir contra las leyes de mercado y que podrían exigirme dejar al deseo regular sus propias obsesiones porque de lo contrario sería entrar en un tipo de control inaceptable, ya que el deseo es lo que mueve la historia y el capital y las caderas de Shakira, lo cual, esto último, no es un asunto menor.
Lamentablemente en Bolivia, país del que soy originario, por supuesto, no tan originario como otros que sí son del todo originarios, no se como funciona este asunto del deseo en la cosmovisión andina, pero intuyo que no querrán que deseemos tampoco de manera tan libre, ya que ellos querrán, seguramente, desear por nosotros, lo cual también tiene su lógica, supongo que comunitaria, o querrán que todos deseemos juntitos y a la vez.
F. S. Fitzgerald ya lo dijo de una manera hermosa y con la mejor literatura: “Toda vida es un proceso de demolición” y así es, tiene su espacio y su tiempo, se inicia y se cierra un ciclo. Así, el nuevo año puede catalogarse también como una vida de la cual apenas hemos iniciado su exterminio.

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