Lágrimas Negras

Con la despreocupación y crueldad de un niño, mi oculista no sólo me ha diagnosticado hipermetropía sino que ha dado con la novedad de que mis lágrimas no son lo que deberían ser, sino otra cosa.
"Mira tu suerte, de cinco mil sólo le pasa a uno a tu edad, además, mejor te lo digo de una vez: tus lágrimas son de muy mala calidad".
Semejante afirmación, más allá de delatar un complejo hecho fisiológico y haberme sumido en una profunda depresión, pone en duda mi convicción acerca de que, poniendo de lado los motivos, llanto es llanto y punto.
Ahora resulta que para que este acto de precipitación del universo humano tenga a bien llegar a esa categoría, debe cumplir con al menos tres pasos de obligatoriedad: uno, motivación/causas (Aquiles), otro, forma/instrucciones (Cortázar), y por fin, densidad/medición (mi oculista).
Más allá de cualquier exceso dramático que pudiera ser atribuido al mortificado autor de estos párrafos, creo que es un deber moral de profunda convicción humana advertir sobre esta situación a los miles y millones de visitantes asiduos al universo lagrimal, para que luego no se sientan como uno, absurdamente estafados por no haberse dado cuenta desde cuándo es que muchos de nosotros hemos estado derramando lágrimas de cocodrilo sin darnos cuenta.
El derecho a un llanto adecuado y lágrimas saludables debería ser una de las búsquedas prioritarias del ser humano, así como uno de los puntales de las políticas planetarias como el techo, la educación, el alimento y las palomitas de maíz antes, durante y después de ir al cine.
¿Pero qué es lo que empuja a que las lágrimas terminen por deteriorarse haciendo de las telenovelas y las baladas de Luis Miguel algo menos necesario que una ensalada de remolacha con piña? Quién sabe. Ante tal situación, cualquier explicación resulta limitada.
Es más, por el contrario, este problema puede llevarnos a otro complejo racimo de preguntas que los oculistas podrían no ser capaces de responder, como: ¿Tiene este déficit de calidad en mis lágrimas algo que ver con la problemática no resuelta entre estructura y superestructura, Dr.?
Pero la preocupación latente alrededor del tema, es que este problema de las lágrimas truchas o "fake tears", como las llaman las camareras de corazones rotos, tengan algo que ver con la disminución del gramaje o peso de nuestras oscuras almas.
Dicho de otra manera, si se supone que todos nacemos dotados de 21 gramos por alma, ¿Será que el deterioro en la calidad de las lágrimas es el reflejo de una disminución en el gramaje de las mismas, y que poco a poco el alma humana se va evaporando como la capa de ozono y el rostro ilegible de Michael Jackson?
Pero las preocupaciones no terminan allí. Desde diferentes partes del planeta han llegado informes de personas que han dado a luz lágrimas de color, azuladas, amarillas y rojas fosforescentes, lo cual nos hace pensar que existe una clara tendencia a la división clasista/racista también en el hecho lagrimal, algo que ya nos lo había advertido hace mucho tiempo el músico cubano Miguel Matamoros, cuando cantaba su canción "Lágrimas negras", con un llanto tan blanco que todos dudaban de su sinceridad.
Por supuesto, no quiero terminar este triste alegato sin asegurar a mis lectores que mientras escribo estas líneas tengo unas ganas infinitas de llorar pero me aguanto, bajo el entendido de que mientras no regularice la situación de mis lágrimas no volveré a hacerlo, no vaya a ser que me tilden de inconsecuente, o lo que sería peor, me vean con compasión y digan: "Pobre, solía tener un llanto respetable, ahora ni eso."

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