Matanzas sin esclarecer

Si los primeros conquistadores españoles hubieran tenido motosierras, ¿se les hubiera ocurrido descuartizar a indígenas con ellas? Posiblemente, pero para entonces transcurría el Siglo XVI.  Ahora estamos en el XXI, en un nuevo milenio, y tales cosas sí suceden. 

Es más, las sociedades–en plural–de Latinoamérica parecen seguir pensando que no es hora todavía de que rescaten los indígenas su dignidad como seres humanos. Sería peligroso que lo hicieran.  Es necesario contenerlos.  Se piensa, aunque no se diga, y hasta se dice.

Hoy, 5 de enero, informa MetroLatinoUSA que indígenas del Naya, en Colombia, peregrinan todavía buscando asentamiento después de la matanza que sufrieron en 2001.  Más de cien de ellos fueron atacados en silencio y asesinados.  "Aprovechando la oscuridad, unos 400 paramilitares irrumpieron en las rústicas viviendas de los indígenas y, sin mediar palabra, golpearon, decapitaron, mutilaron y lanzaron a los abismos a decenas de personas.  Funcionarios de la Defensoría del Pueblo en la zona dijeron en la oportunidad que a varias de las víctimas les abrieron el abdomen con motosierra, les cortaron la garganta y les amputaron las manos."

Los asesinos habrían tenido que contar con el apoyo de una base militar cercana.  El caso todavía no se ha esclarecido; el pueblo decimado deambula sin encontrar lugar dentro de su propio país.  ¿Cómo puede ser?  ¿Sería igual si 400 indios hubieran atacado con motosierras a un poblado de blancos?

Desde más al sur, nos llegan hoy también las últimas noticias sobre la lucha de un pueblo originario de Chile, los mapuche, por recuperar sus tierras.  Hay nuevos dueños de la tierra, a saber con qué titulos ostenten que les concedan la propiedad, que encontrarán justificacion en las leyes de la sociedad civilizada y los titulos en español.  Vea usted, la tierra no es de ellos, los indios.

Hace una semana se conmemoró en México la matanza de 1997 en Acteal, que queda también por descifrar.  Sólo en 2006 fue creada una fiscalía especializada para investigar el caso, en el que murieron 45 indígenas tzotziles–19 mujeres, cuatro de ellas embarazadas, 14 niñas y cuatro niños–los mayores casi todos simpatizantes del Ejército Zapatista de Libración Nacional (EZLN), mientras rezaban en una ermita. 

Las autoridades han ahora procesado y condenado a un número de autores materiales de la matanza, pero los autores intelectuales siguen sin ser descubiertos.  Los parientes de las víctimas acusan a funcionarios y militares del gobierno de Chiapas de entonces, pero el gobierno dice que fue cosa de pleito entre grupos vecinales.  Pelea de indios, al fin y al cabo.  Nada que demande mucha atención.

Hace poco vimos el video del ensañamiento por parte de tropas de choque jóvenes en Santa Cruz, Bolivia, con un transeúnte pacífico que nada había hecho, salvo haber nacido con facciones indígenas.  El señor andaba solo; la pandilla le acometió a golpes y patadas aún rendido sobre la calle.  Ni buses ni taxis lo admitían para que escapara, quizás por miedo, quizás por estar de acuerdo.  La violencia racista no es nada extraño en esa zona, centro de oposición al gobierno del presidente aymara, primer descendiente de los pueblos orginarios que preside ese país mayoritariamente indígena. 

Si sucedieran tales casos hoy en Venezuela, Cuba, Bolivia, Ecuador, sobre todo si se tratara de matanzas cruentas facilitadas por el gobieno, ¿cuáles serían las consecuencias internacionales?  No es difícil imaginarse el escándalo.   Por otro lado, el separatismo en Bolivia recibió el apoyo editorial del Washington Post, aunque este no mencionó la violencia cruceña, hablando más bien de una democracia que había que defender, aunque para los originarios–la mayoría–no haya jamás existido la democracia en Bolivia desde la conquista.

En España, el post-franquista José Aznar, dedicado sin que se le pidiera a rescatar la democracia en Latinoamérica, fustiga a lo que llama "indigenismo racista," implicando que antes de que se alzaran (de nuevo) los indígenas para defenderse, no existía el racismo–ni español ni criollo–y que los indígenas no tienen razón para demandar un trato diferente.

Existe el temor del contagio, de que se le meta en la cabeza a los indígenas que merecen igualdad con los demás y justicia ante la historia del continente que ellos poblaron primero.  A la vez, pregonan los temerosos la sociedad democrática de leyes que permita, si no la igualdad, la mejor explotación de los recursos naturales, y si es en tierras de los pueblos originarios, pues así es el progreso, por lo menos de algunos.

Para los que estuvimos aquí durante la lucha de los afro-americanos por lograr sus derechos civiles, el cuento nos suena conocido.  Vale tenerlo en mente ahora que es posible pensar en un presidente de padre africano.

***
P.D.:  Dos días despues de ser escrita esta nota, se dio a conocer la siguiente información:

Señalan nivel histórico de muertes de indígenas en Brasil
The Associated Press – 7 de enero

SAO PAULO, Brasil — Setenta y seis indígenas, la cifra mayor de la historia, fueron asesinados en Brasil durante el 2007, en un alza de 63% con respecto al año anterior, dijo un grupo promotor de los derechos indígenas el lunes.

La cifra supera los 48 asesinatos del 2006, el mayor número hasta entonces registrado en la nación, dijo el Consejo Indígena Misionero (Cimi), adscrito a la Iglesia Católica.

El grupo achacó los asesinatos al incremento de conflictos entre indígenas y agricultores y ganaderos que siguen quitándoles sus tierras.

"No se comprende que continúe este proceso cruel de exterminio… sin que se tomen medidas para detenerlo", dijo Cimi en un comunicado.

Según el censo más reciente, Brasil tiene unos 730.000 indígenas de 220 etnias y que hablan 180 idiomas.

You must be logged in to post a comment Login