Pasó de optimismo a frustración movimiento inmigrante

Por Flavia Irene Rodríguez
Notimex

Chicago.- El año 2007 inició para los activistas pro inmigrantes de Illinois con la certeza de que una reforma integral en la materia era posible, pero concluyó con frustración y división entre ellos ante el fracaso de la iniciativa.

El desgaste en meses de cabildeos, marchas, mítines y llamadas telefónicas, al final sólo dejó más temor entre la comunidad inmigrante, mayoritariamente mexicana, consideraron sus líderes.

Entre ellos se culpan por el fracaso de la estrategia, la cual ni siquiera a nivel local logró beneficios concretos y estimaron difícil que en 2008 se reemprenda la lucha, aunque confían en que volverán a actuar en unidad.

Para los principales organizadores de las megamarchas de 2006, la división llegó debido a que se perdió el objetivo en el camino, coincidieron en entrevista.

Mientras que los activistas que se integraron posteriormente, estiman que no hubo la visión para sacrificar posturas en pro de una legalización "a costa de lo que fuera".

Omar López, uno de los iniciadores de este movimiento pro inmigrantes, señaló que la división se dio por una "embestida" de grupos corporativos que empujaron posiciones contrarias a la razón de las marchas.

Aclaró que fue un fenómeno nacional, pero a nivel local se refirió a la Coalición pro Derechos de Inmigrantes y Refugiados de Illinois (ICIRR), a la que criticó por apostarle a la propuesta de reforma Strive Act del congresista Luis Gutiérrez.

Dicho proyecto contemplaba el cumplimiento de numerosas medidas de seguridad antes de implementar un programa para nuevos trabajadores y la legalización de los indocumentados.

"Era una propuesta que seguía siendo una Sensenbrener pero diminuta, punitiva, que no tenía nada que ver con inmigración, pero todo con seguridad nacional", puntualizó López en referencia a la iniciativa migratoria impulsada por el congresista de ese apellido.

La propuesta del republicano James Sensenbrener generó polémica porque establecía considerar como delincuentes a los inmigrantes indocumentados.

Joshua Hoyt, director de la Coalición, consideró que en muchos grupos de activistas faltó visión y se perdió el objetivo en caprichosas formas de lucha que cada quien prefirió defender.

"No tenían el objetivo claro, hubo protagonismos y poca voluntad para empujar lo que se estaba obteniendo. Y acusarnos de esa manera sólo reafirma esto", señaló.

"Este tipo de organizaciones como el ICIRR van detrás del dinero y de sus intereses", valoró por su parte Jorge Mújica, coordinador del Movimiento 10 de Marzo, que agrupa a más de 200 grupos pro inmigrantes de Illinois.

Para Ema Lozano, directora de Centro sin Fronteras y la única mujer dentro del grupo original de iniciadores del movimiento, "a los que nunca tuvieron un plan de acción, se les facilita ahora voltear y señalar culpables".

Atrás de esa fuerza con la que inició el movimiento inmigrante, relató, estaban pequeñas batallas ganadas hasta llegar a la caída de la ley Sensenbrener un año antes.

Sin embargo, reconoció que "al incrementarse las redadas y deportaciones la gente entró en pánico, y las organizaciones no supimos integrar las iniciativas que llevábamos a cabo por separado en pro de la reforma migratoria".

Consideró posible la reunificación del movimiento sólo si es la comunidad inmigrante quien lo empuja: "ent

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