El ascenso de Obama.

Por Gilberto Rincón Gallardo

Notimex

Buena parte de la política de Estados Unidos es, de manera directa, política interior de México. En efecto, la fuerte vinculación de ambos países en tantos terrenos sociales hace que lo que suceda en ámbitos como el económico o el político, al norte de nuestra frontera, tenga efectos directos sobre lo que aquí acaece.

Por eso la primera fase de la carrera presidencial en los Estados Unidos comporta tanto interés para nuestra propia política nacional.

Y aunque es necesario reconocer que es limitada la influencia que una sociedad extranjera puede tener en procesos que casi siempre se dirimen con la mirada de los norteamericanos puesta en los procesos internos y no en el ámbito internacional, lo cierto es que en las elecciones de este tipo se juegan también intereses de primer orden de nuestro país.

El estallido terrorista de principios de este siglo tuvo, de manera inmediata, el efecto imprevisto de convertir la agenda migratoria en un tema de primera importancia para los norteamericanos.

Luego, esta agenda migratoria se redujo al tema de los inmigrantes indocumentados, sobre todo los de origen mexicano, que pasaron a ser vistos como un riesgo potencial para la seguridad nacional de ese país.

En esta conversión operaron muchos factores; entre ellos, no ha sido menor la acumulación histórica de prejuicios racistas, que ahora explotó bajo la forma de un lenguaje político sin matices y abiertamente esquemático.

Las veleidades del presidente George W. Bush, quien primero prometió una reforma migratoria y luego acabó sumándose a las posturas más conservadoras a este respecto, son un ejemplo de lo redituable que resulta hoy, en Estados Unidos, la retórica anti inmigrante.

Fue patético atestiguar cómo, en un debate televisivo entre los precandidatos republicanos a la presidencia, todos ellos se afanaron en mostrar que eran enemigos de los inmigrantes. Incluso muchos políticos del Partido Demócrata, cuya visión del fenómeno migratorio es menos injusta y esquemática, se han cuidado de no aparecer como "amigos de los inmigrantes".

En este contexto, a la sorpresiva aparición en la escena electoral del senador por Illinois Barak Obama, con una propuesta alternativa a la de la inicialmente favorita Hillary Clinton, se le puede sumar su abierta defensa de una política razonable a favor de los inmigrantes.

Obama, quien se ha distanciado del "stablisment" político de los Estados Unidos al rechazar de manera abierta y desde su inicio la aventura militar en Irak, también ha sido el más claro de los demócratas en cuanto a la necesidad de abrir una ruta seria de regularización de los millones de inmigrantes que, siendo un elemento productivo de la economía norteamericana, no reciben ni derechos ni protecciones en ese país.

Puede sonar sencillo y hasta productivo lo que este joven político está haciendo, pues tender la mano a los inmigrantes, y sobre todo a los de origen hispano, puede llevar a la explotación de un filón electoral nada desdeñable.

Pero la verdad es que ha tenido que existir en él mucha claridad política y mucho valor personal para atreverse a enfrentar el mito del peligro intrínseco del inmigrante y ofrecer algo tan sensato como la regularización de estas personas, en vez de su persecución policial.

Desde hace mucho, como otras clases políticas, la norteamericana vive prisionera del dictum de los medios de comunicación, y son muy pocos aquellos que se atreverían a ir contra un prejuicio tan asentado. Obama lo ha hecho.

Esta propuesta de Obama, junto con otras tan "impopulares" como la de ir en contra de la guerra de Irak, no lo han convertido en un paria político.

Todo lo contrario, en poco tiempo, y con menos recursos que Hillary Clinton, se ha convertido en el enemigo a vencer en la contienda interna de los demócratas.

Falta mucho para llegar a las candidaturas y, desde luego, mucho más para la presidencia, pero como mexicano quisiera agradecer desde ahora al senador Obama por su congruencia política y su sentido humano expresados en su visión de la inmigración. Gane o pierda este refrescante político, está dando una lección a todo un sistema. (Notimex) (El autor es analista político)

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