Breve historia del horóscopo

"La culpa, querido Brutus, no es de nuestras estrellas, sino de nosotros mismos …"
Julio César, de Shakespeare. Primer Acto, Escena II.

Conocer el futuro ha sido siempre una obsesión para el ser humano. Yo diría que una de las obsesiones más ridículas si tomamos en cuenta que todos sabemos como y a cuantos pies bajo tierra terminarán nuestras predicciones.
Sin embargo, creo que nada ni nadie puede superar nuestra curiosidad, que aunque el dicho popular afirme que ha matado a más gatos que a otro tipo de criaturas, nos ha puesto al mismo nivel de riesgo, con el agravante de no tener más que una miserable vida.
Mi amigo, Jhonn Ó Conaill, un viajante irlandés a quien un adivino de su ciudad le vaticinó algo muy extraño: “Encontrarás tu destino en Bolivia”, fue quien me aclaró que la palabra horóscopo provenía del griego oros, horizonte, y skopeo, examinar.
Ó Conaill, quien luego tendría un largo periplo por todas las regiones de este país en busca de su destino, supo introducirme la fascinación que ya antes había abrazado en mis lecturas mitológicas en torno a oráculos y héroes.
A continuación y en homenaje a este porfiado súbdito irlandés, referiré algunas de sus historias, esperando que las mismas sepan dar renovado aprecio al tan despreciado arte de la adivinación.
Primera
Fue hace 25 o 10 mil años antes de Cristo. La posición lunar era ya una preocupación para los primitivos habitantes de nuestro planeta. Sobretodo porque afectaba de manera desproporcionada el clima de la tierra, provocando maremotos, lluvias de meteoritos y cosas semejantes.
Ante tal situación, para predecir el “clima” que les tocaría remontar, nuestros hermanos del pasado decidieron registrar las fases de la luna en pieles de mamut, lo cual les permitió tener una buena relación de lo que iba a suceder y muchos pudieron evitar que les caiga una roca incandescente en la cabeza antes de irse a acostar. A partir de entonces, nuestros antepasados ya no perdieron ni el sueño ni la testa a causa de razones climatológicas. Lo que si perdieron fue el aprovisionamiento de mamuts, quienes a falta de una exacta predicción de los acontecimientos y ante la continua demanda de papel para los horóscopos del tiempo, decidieron que ya fue suficiente y dejaron a nuestros antecesores abandonados a su suerte, sin pieles, alimento, y, lo que es peor, sin algo que les orientara si debían salir con o sin paraguas.
Segunda
Sargón “el viejo” comienza a realizar sus predicciones astrológicas 3 mil años antes de Cristo. Se tiene conocimiento que el que sería conquistador de los sumerios utilizaba representaciones gráficas de las posiciones planetarias en momentos en los cuales se preparaba a comenzar alguna de sus nobles empresas, y hasta algunas veces cuando sus empresas no eran tan nobles, como la vez que predijo que la única forma de llegar al trono sería quitándole la vida a su mejor amigo y quedándose con su mujer y sus riquezas, y todos al principio le vieron con mucha desconfianza. Luego se darían cuenta de la eficacia de sus métodos de pronosticación, los cuales llevaron a Sargón a vivir muchos años, admirado y temido por propios y extraños, que no tardaron en acuñar aquella celebre frase: “Más sabe Sargón por viejo que por adivino.”
Tercera
1800 a.C.: El Emperador chino Shun hace un sacrificio a los siete rectores (siete planetas) y muere de una extraña enfermedad a los pocos días, muchos dicen que maldecido por un octavo planeta de esos que nunca están de acuerdo con los rangos de selección de los sacrificantes.
Cuarta
Luego de deambular en Bolivia por aproximadamente dos años, Jhonn Ó Conaill llega a la parada a más de 4 mil quinientos metros sobre el nivel del mar, en una bicicleta, para recorrer el camino de La Paz a Yungas denominado “The most dangerous road in the world.” Cuentan muchos que lo vieron ese día, que fue uno de los descensos más rápidos registrados entre los visitantes al famoso circuito. Ó Conaill semejaba una saeta roja entre las nubes y luego bajo las hermosas cascadas con que cambia el paisaje camino a la selva boliviana, donde habitan los únicos descendientes de Africa llegados a estas tierras. Nadie sabe qué falló o qué fue lo que pasó el momento que desapareció en una de las peligrosas curvas del camino. Lo único que sabemos es que en la actualidad la primera parada del tour tiene como telón de fondo el serpenteante camino que es engullido por la espesura verde del paisaje, una lápida con el nombre de Jhonn Ó Conaill, y una inscripción que le da la razón a las predicciones de un viejo adivino dublinés.

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