¿Un desfile que unifica a los salvadoreños?

Por Francisco Chacón

Con toda la conmoción que han causado con su viaje (y todo lo que esto implica), uno no puede dejar de conmoverse y dejarse llevar por esa misma conmoción para demostrar emociones que denoten nuestro sentir. Al regresar de ver practicar a los muchachos y muchachas de banda Nuestros Angeles de El Salvador en el Pasadena City College y la verdad, llegué maravillado, extasiado, ilusionado y orgulloso con todos esos jóvenes.

Nunca me sentí más "salvaguanatrucha" que el mismo atol shuco, que el Carbonero, que el guaro "Muñeco" o el volcán Izalco, que el mismo queso duro-blandito, que el mismo Xuc, que las mismas pupusas, incluso mas que la mismísima Ciguanaba y su despreciado retoño el Cipitín. Y no es para menos, si al hacer sonar los instrumentos, nuestros muchachos hacían que en la multitud ahí presente aplaudiera, gritara, vitoreara y lanzara elogios en los que se encerraban más intenciones que esas mismas, es decir, estos llevaban la intención de decirles a estos jóvenes…¡Gracias muchachos!, gracias por no amilanarse, por no sentirse menos, por levantarse y con sus acciones llenas de valentía, deseos, orgullo, entereza, convicción y gallardía, gritarles en la cara a aquellos traidores, cobardes e hipócritas que no creyeron en ustedes, que sí se puede cuando hay decisión, orgullo, valor y honor.

Gracias también por gritarle al gobierno salvadoreño que con la respuesta manifestada en esta ocasión hacia ustedes, ellos solamente nos están corroborando lo que todos sabemos: de "sentido humano"… ¡tienen lo que yo tengo de monje! Por eso es que el pueblo que asistió a esta ocasión gritaba: ¡Abajo Saca!, ¡Abajo Taca! ¡Abajo Arena! Coreando ¡si se pudo!, ¡si se pudo!, ¡si se pudo! Y no fueron unas cuantas docenas de personas, fueron cientos, tantos que con nuestros gritos y aplausos llenamos el ambiente desde el mismo momento que nuestros jóvenes empezaron a "calentar motores" en los patios del plantel educativo y que cuando se trasladaron al estadio para hacer su presentación, aquello fue una locura total, una emoción plena y general. Los aplausos y los vítores venían de todos los ángulos posibles: dentro del estadio, afuera de este, desde arriba en los altos estacionamientos, desde los árboles que rodean al lugar, de los pasillos, desde la calle.

Fue tanta la euforia causada por los sonares de los bonitos arreglos musicales del "Camino Real", de "Adentro Cojutepeque", de "La Bala", de "El Carbonero", del "Carnaval de San Miguel" que los no salvadoreños ahí presentes que habían ido a acompañar a sus bandas o los que manejaban la organización del evento, incluso los que trabajan permanentemente en el lugar, no podían evitar la curiosidad. La fraternidad reinó durante esos bellos momentos hasta que en gigantesco grupo acompañamos a nuestros jóvenes a los autobuses para que finalmente se retiraran a descansar, después de tanto ajetreo, de tanta incertidumbre, de tanta duda, de tan largo viaje, de tanta basura que soportaron durante los últimos días.

¿Cómo es posible que el gobierno salvadoreño sí tenga para mandar soldados a Irak y no para ustedes? Preguntó a los muchachos uno de los asistentes. ¡Gracias muchachos!, les dijo el hombre. Ellos le respondieron con un aplauso. Después de dar mi pequeña contribución a los responsables y encargados de traer a estos jóvenes a Pasadena, les comenté mi decisión de participar más plenamente con esa organización y me alejé, de regreso a casa, con el pecho henchido, con la alegría de haber presenciado una gesta que ha marcado historia para nosotros los bien nacidos "salvaguanatruchas" y que a mi, me ha dado una gran alegría.

Francisco Chacón, reside en Los Ángeles, California.

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