¿Dónde está Deysi Benítez?

El 2008 inicia sin rastros de la madre salvadoreña, cuyo esposo asesinó hace diez meses a sus cuatro niños y se quitó la vida, en un poblado de Maryland. Muchos recordarán con esta columna los detalles de la horrenda tragedia, ocurrida en el condado de Frederick, a unas 50 millas de Washington, DC.

Alertados por una empleada de la escuela, que había notado la falta de las niñas a clases, la policía encontró el 26 de marzo de 2007 a Pedro Rodríguez colgado de la viga del segundo piso de la pequeña casa de la familia. A unos pasos, yacían los cuerpos de los menores. Elsa de 9 años; Vanessa, de 4; Angel, de 3, y Carena de apenas 1 año. El escenario era increíble.

Los pequeños estaban cada uno en sus camas, tapados de pies a cabezas con sábanas blancas. La madre: Deysi Benítez, de 25 años, estaba desaparecida. La última vez que amigos y compañeros de trabajo la vieron fue una semana antes de la tragedia. Y a casi un año de la tragedia todavía no hay señales de Benítez.

En ese entonces las especulaciones sobre el motivo del crimen iban desde revancha por celos hasta crimen de mafia, parecido al de las películas de terror. Hasta una vecina se atrevió a decir que toda la familia había sido asesinada en la casa y que la madre estaba enterrada en algún lugar. Otras suposiciones señalaron que los problemas económicos por los qué estaba pasando la familia, a punto de perder su casa, habrían llevado a Rodríguez al borde de la locura hasta cometer el homicidio-suicidio.

Los forenses determinaron que las tres niñas murieron asfixiadas y el niño, a causa de golpes en la cabeza. La policía afirmó que el padre había sido el autor de las muertes y se había colgado con un soga. La teoría de un crimen pasional se hizo más fuerte. Versiones de que Benítez tenía un amante y por tal razón abandonó el hogar, corrieron desde El Salvador a Los Angeles, donde viven familiares de Rodríguez. Hasta hubo falsas pistas de que la mujer estaba con el amante en Honduras.

Los investigadores negaron la suposición. Al paso del tiempo la búsqueda se enfría así como se desvanecen las pistas. Es como si la tierra se la hubiera tragado, tal como dijo a El Tiempo Latino hace unos días la cónsul general de El Salvador Margarita Chávez. Chávez afirma que las autoridades han hecho todo lo posible y que han buscado “en cielo y tierra” no sólo en Maryland sino en El Salvador y hasta Honduras, donde se creyó que la habían visto.

Sin embargo, no hay rastros de la mujer, cuyo nombre y otros seudónimos, como Estela Sedillo, fueron incluídos en la lista de “buscados” del FBI. Las autoridades nunca explicaron a la prensa el por qué añadieron los seudónimos, un elemento que agrega otro misterio al caso. En la mente de algunos corre la posibilidad de que algún día se encuentre el cuerpo en alguna parte. Pueda ser que Rodríguez la mató primero y se deshizo del cuerpo, dicen mentes perversas.

La Policía dice no tener ninguna evidencia de que Benítez esté muerta, por el contrario ha dicho que “sin hallar un cuerpo” se le considerará siempre viva. Pero dónde está? La frustración se apodera de los detectives. “No hay ninguna pista a seguir”, dijo en diciembre el sargento Bruce DeGrange, de la Policía de Frederick. Cuesta creer que tras la tan publicada muerte de sus cuatro hijos, la madre no haya hecho ningún contacto con los familiares. Parientes de Benítez, tanto en el pueblo de Sensuntepeque, en El Salvador, como en Maryland afirman que ésta no se ha comunicado con ellos.

La última vez que la hermana habló con Benítez fue una semana antes de la tragedia. La hermana, quien vive en El Salvador, dijo a esta periodista que Benítez le había dado a entender que tenía problemas con su esposo. Sin duda, que hallar a la madre significará encontrar la última pieza de este rompecabezas de misterio. Dar con su paradero no sólo archivará un crimen, sino que dará paz las familia y a toda una comunidad.

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