Visita de Bush da a Olmert un respiro en difíciles momentos políticos

Por Rubén Medina.
Notimex

Jerusalén.- El momento de la visita del presidente estadunidense George W. Bush a Israel no es ninguna casualidad, sino que fue calcualdo para ayudar al primer ministro Ehud Olmert en difíciles momentos políticos que pueden hacerle perder su gobierno.

Entre las sonrisas y los apretones de mano, entre los vítores de adolescentes y los calurosos halagos mutuos en ruedas de prensa, se esconde "un viaje bien planificado para echarle una mano a un amigo en necesidad", coinciden todos los analistas políticos israelíes.

Se trata de la deteriorada situación política interna del primer ministro israelí, quien se ve amenazado por el partido ultranacionalista Israel Betenu y el ultraortodoxo Shas, ambos en su gobierno, por negociar con los palestinos.

"En cuanto empiecen a negociar sobre las fronteras, los refugiados, sobre Jerusalén, nosotros sencillamente nos vamos", advirtió ayer el ministro de Turismo, Itzhak Aharonovich, de Israel Betenu.

Se refería al proceso de negociaciones que Israel y la Autoridad Nacional Palestina (ANP) protagonizan desde la conferencia de Annapolis efectuada a fines de noviembre.

Ese proceso, que Bush busca alentar con su visita a la zona desde el miércoles, es rechazado por ambos partidos, que de irse de la coalición parlamentaria dejarían a Olmert en minoría y lo obligarían a transferir el mando a otro gobernante o a convocar elecciones.

"Tonterías, son tonterías, no se van, por lo menos no en 2008", declaró el veterano comentarista político Yarón Dekel en su programa diario en la Voz de Israel, en medio de una entrevista al ministro Avigdor Liberman, líder de esa facción política.

Según Dekel, no ha llegado el momento para que los ultranacionalistas abandonen el Ejecutivo nacional porque Israel y la ANP están aún en pañales en las negociaciones y Liberman sabe que sólo desde adentro puede influir en el resultado.

Caso parecido es el de Shas, un partido religioso que no se opone a negociar pero sí a cualquier división de la ciudad de Jerusalén, donde la ANP quiere fijar la capital de su futuro Estado.

Bush es consciente de la postura de ambos partidos desde hace meses -Olmert se lo contó en una de sus reuniones en la Casa Blanca en 2007-, y por ello no es extraño que en el programa de la visita ambos estuvieran plenamente integrados.

Tanto Liberman como el líder de Shas, Eli Yishai, fueron objeto ayer, en la primera jornada de visita, de un trato especial por el presidente, quien en la bienvenida en el aeropuerto dedicó un tiempo más largo de lo habitual para charlar con ellos, lo que no pasó inadvertido a ningún comentarista en Israel.

Bush incluso se atrevió a decirle a Yishai, delante de las cámaras de la televisión israelí y en medio de la batería de personalidades que lo recibían: "Déjeme explicarle (después) por qué no abandonará la coalición".

Bush también dedicó una entrevista en privado al alcalde de Jerusalén, el rabino Uri Lupoliansky, algo que ni siquiera el jefe de la oposición y ex primer ministro Benjamín Netanyahu, líder del Likud, había podido conseguir hasta hoy -sólo anoche le confirmaron la reunión, que será más corta que la de Bush con Lupoliansky.

Roni Sofer, periodista de la edición por internet del diario Yediot Aharonot, destacó incluso que Olmert dijo ayer dos veces, en la rueda de prensa con Bush, la en él inusual expresión de "con la ayuda de Dios", en un aparente gui

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