Las ex rehenes de las FARC relatan la vida en la jungla

BOGOTA (AFP) – Las rehenes liberadas, Clara Rojas y Consuelo González, evocaron en radios colombianas las muy duras condiciones de detención que sufren actualmente sus compañeros de infortunio en manos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

“Los militares y policías viven encadenados todo el día. Tienen que cargar una cadena al cuello para hacer cualquier tipo de actividad”, relató Consuelo González en una larga entrevista en la radio privada Caracol.

“Se bañan encadenados. Lavan su ropa encadenados, comen encadenados. Y en la noche amarran la cadena a un tronco que fijan al lado de la cama donde duerme cada uno de ellos”, precisó.

Evocando la vida de sus 10 ex compañeros de detención, Consuelo González agregó: “todos están muy complicados de salud y con síntomas diferentes”. “Y lo más grave”, señaló, “es que ninguno sabe qué es lo que tiene afectado porque allí no hay alguna posibilidad de exámenes o consultas médicas”.

“La única manera de aliviar sus afecciones es con un guerrillero al que llaman el enfermero, quien lleva alguna pastilla para el dolor de estómago o la diarrea”, dijo.

González, rehén durante seis años y cuatro meses, recordó asimismo “las largas caminatas durante peligrosos desplazamientos de un campo a otro”. “Sentíamos las bombas a escasos metros de donde estábamos. Los helicópteros con sus ametralladoras disparando y nosotros muy cerca”, agregó.

“Vivir la guerra es un horror”, dijo, precisando que en caso de tentativa de liberación por parte del Ejército, “la orden que tenían era asesinarnos”.

“Nosotros éramos absolutamente conscientes de eso. Mucho más cuando estábamos encerrados, porque un intento de rescate en esa situación es imposible que salga bien”, explicó.

La ex colaboradora de Ingrid Betancourt, Clara Rojas, también contó a la radio colombiana “W” cómo intentó huir con su compañera y cómo se perdieron en la jungla.

“Empezamos a planear (la huida) y cuando se presentó la oportunidad nos fuimos, pero no contamos con suerte porque nos perdimos”, dijo.

“No alcanzamos a llegar muy lejos y salir del círculo (de seguridad de la guerrilla) en el que estábamos, porque lo hicimos de noche”, añadió.

Sin noticias de Ingrid desde hace tres años y en malas relaciones tras una disputa, Clara Rojas dijo que para castigarlas los guerrilleros las encadenaron como a los militares en su poder. “Nos pusieron las cadenas, primero durante quince días, y luego nos las dejaban sólo en las noches”.

Para disuadirlas de reintentar la fuga “los guerrilleros nos asustaban con tarántulas y culebras y empezaban a contarnos historias de gentes que se han perdido en la selva”, agregó.

Clara Rojas explicó, sin embargo, que aquella tentativa de fuga no fue la única.

En mayo de 2007 el suboficial John Frank Pinchao, ex compañero de detención de la ex rehén franco-colombiana, y recientemente evadido entonces, contó a la AFP que Ingrid Betancourt había tenido cinco intentos de fuga pero siempre fue reatrapada por los guerrilleros.

“Ingrid fue duramente castigada por esas tentativas de evasión”, dijo, precisando que los rebeldes le habían impuesto una serie de privaciones de alimentos y de radio.

En otra entrevista Clara Rojas hizo referencia también a las terribles condiciones en las que nació su hijo Emmanuel, el 16 de abril de 2004. Le fue practicada una cesárea sin anestesia por parte de tres guerrilleros sin experiencia. Su bebé se fracturó un brazo durante el parto y Clara necesitó 40 días para recuperarse. Ocho meses después fue separada de su hijo, al que aún no ha visto.

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