Curas, Guatemala, El Salvador

Recuerdo haber visto hace mucho tiempo una película documental (no habían videos entonces) del sermón de un cura en Guatemala sobre cómo entender este valle de lágrimas que habitamos.  No digo cura guatemalteco, porque por su acento y aspecto era claramente español, cuya presencia pastoral en Guatemala mantenía la tradición comenzada por los conquistadores siglos atrás.  Los feligreses, eran todos indígenas, de los que pasaban la vida marginados y explotados por un racismo cruento, destinados cual bestias de trabajo a laborar en los latifundios de las pocas familias que eran dueñas del país; y por centavos, para acrecentar las ganancias de los señores. 

Vale recordar que a principios de los 1950 el gobierno de Jacobo Árbenz ensayó una tibia reforma agraria que pudiera aliviar un poco la injusticia sufrida por la mayoría maya de Guatemala.  Reforma muy tentativa era, porque ni el presidente ostentaba poder suficiente para romper definitivamente el sistema semi-feudal del país en esos tiempos, pero era algo muy a tono con los principios cristianos de compasión y solidaridad con los pobres y maltratados. 

En 1954 el gobierno de EU, preocupado por el mal ejemplo que esa reforma pudiera dar en un continente pleno no de gracia sino de similares situaciones, y cuyos altos funcionarios eran accionistas en la United Fruit Company, el principal patrón en Guatemala con sus plantaciones de banano, tuvo a bien ponerle fin al intento. (La Yunay contaba también con plantaciones en Colombia, Costa Rica, Cuba, Honduras, Jamaica, Nicaragua, Panamá y República Dominicana.) Se encargó la CIA de derrocar el gobienro electo, constitucional, y democrático, para sustituirlo con una retrógada dictadura militar que duraría unas tres décadas, dejando en el atraso y el oscurantismo al país. 

El peligro, explicaron el presidente Eisenhower y los hermanos John Foster y Allen Dulles, jefes a la sazón del Departamento de Estado y de la CIA, posteriormente honrados por el homónimo aeropuerto en Virginia, era el socialismo.  Mejor, decidieron, era la dictadura militar, para defender los derechos de…bueno, de los latifundistas explotadores.  No hay otra manera de ponerlo, porque la situación en Guatemala era tan extrema que es imposible verlo de otro modo. 

Vale señalar que John Foster, el canciller, había sido abogado de la Yunay (y de Prescott Bush, abuelo del actual presidente George W. Bush, cuya familia tenía sus propias plantaciones fruteras en el Caribe).  Como muchos otros funcionarios en ese tiempo de espléndidas ganancias sustendadas en la superexplotación de los campesinos, Dulles era accionista de la mentada platanera.  No es que hayan actuado por defender sus ganancias: lo hicieron, dijeron, por salvar a los guatemaltecos de la amenaza comunista.

Así era la Guatemala del tiempo de la película que menciono.  El sistema antes y después del golpe de la CIA era el capitalismo, aunque no vamos a decir que el capitalismo sea igual en todo tiempo y lugar: el proyecto de Árbenz era de un capitalismo actualizado.  Lo cierto es que los chapines terminaron en guatapeor, merced a la intervención del Buen Vecino. 

Pero volvamos al cura del cuento.  Parece que, para él, labraban los campesinos en las viñas del Señor, quien los cuidaba como a cualquier gorrión y lirio del valle.  Les aconsejaba–es decir, les predicaba con toda la autoridad aparente de Dios–que no se dejaran sentir la desconformidad y el rencor: más bien, que aceptaran serenamente su condición, esperando su turno de entrar al Paraíso que les tocaba a los humildes (y no, presuntamente, a los hampones terratenientes, aunque estos se codeaban siempre con obispos y cardenales.)  Me refiero, claro, a ese cura en particular; no a todos, porque siempre hay los que se ponen al lado del pueblo, como ahora la iglesia defiende a los inmigrantes.  Los indios, acostumbrados ya por los siglos de colonización, escuchaban cabizbajos.  Y, en realidad, ese era el punto: ¿qué pasaría el día que alzaran su mirada para ver con ojos de iguales, y hasta de mayoría?  Mejor postergarlo lo más posible.

Al sur de Guatemala por el Pacífico está El Salvador.  Las condiciones allí no eran muy diferentes.  En 1932, bajo circunstancias desesperadas para el pueblo, una sublevación de indígenas y comunistas que, delatada, no llegó a darse, fue brutalmente reprimida, con saldo de 30,000 muertos.  Los militares gobernaron desde entonces a nombre de las 14 familias, sin dar posibilidad de un reemplazo por la vía electoral, hasta que otra vez se alzaron los salvadoreños en 1980.  Todo intento anterior pacifico de lograr un mínimo de justicia social había fallado.  Diez años duró la guerra, en la cual EU tomó parte como financiador, proveedor, y asesor de las fuerzas armadas, y agente de cambio forzoso para la estructura feudal: le tocaba modernizarse, en lugar de reprimir con escuadrones de la muerte para mantener sus feudos.

La guerra terminó en negociaciones.  El anterior partido de los escuadrones de la muerte, con cara renovada, salió electo, con el apoyo total del Buen Vecino, y se ha mantenido en el poder de igual forma desde entonces. Como es el caso con cualquier país donde EU se mete en un conflicto local, se dió una migración masiva hacia el norte, desde donde los salvadoreños, incansables trabajadores, mantienen a flote la economía nacional con sus remesas.  En el país, no hay trabajo para ellos. Hay crimen y violencia de sobra, y maras entrenadas en Los Ángeles, y pocos ricos y muchos pobres.  Los chicos sobran en las calles, por lo cual se ganan la mano dura.  Un diputado, informa hoy este sitio, lavó 15 millones de dólares recibidos por digitar obras públicas a favor de particulares.  Recientemente, EU acorraló a los países de la región en un tratado comercial que promete, como recompensa por los estragos del neoliberalismo durante dos décadas, más de lo mismo, pero formalizado y aprobado por el gobierno.

El pueblo salvadoreño, luchador como pocos, de nuevo se alista para un cambio; esta vez, mediante elecciones, y a favor del partido heredero de la anterior guerrilla, de corte socialista. Esa es, según todos los informes, la preferencia popular. ¿Cómo evitarlo?  Una manera es amenazar con el paro de las remesas.  Pero vale recordar que aún en el caso de Cuba las remesas siguen, aunque en 2004 el señor Bush las limitó.  Y EU sabe bien que si para la entrada de remesas, se puede buscar una reacción mucho mas allá de la que se puede esperar del nuevo gobierno mientras EU actúe de forma cuerda, y reconozca–como reconoció antes que ya era hora de abandonar el sistema semi-feudal–que es necesario hacer reformas, y de que se exprese la voluntad popular. 

De no ser así, pudieran pensar los salvadoreños que tendrán permanentemente un país dividido entre los que emigran para mandar (o no) remesas, y los que se quedan para recibirlas.  Esa es la decisión de ellos. Yo no soy salvadoreño, y no pretendo decirles qué hacer.  Si quieren mantener la situación actual, así sea.  Pero, si desean un cambio, ellos que viven allá, soberanos en su tierra, solo les puedo decir: amén.

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