Periodismo cultural necesita más autocrítica.

México.- El periodismo cultural mexicano necesita generar un ejercicio de autocrítica que le salve del encono en el que está, afirmó aquí el escritor y editor Nicolás Alvarado, autor del libro "La ley de Lavoisier. Ensayos (y errores) 1998-2007)".

En entrevista realizada a propósito de la aparición de su tomo, el autor dijo a Notimex que en México no se hace "un gran periodismo" en general y en particular no se elabora un "gran periodismo cultural", debido sobre todo a la falta de una buena formación en las escuelas especializadas.

"En México -acotó- no creo que hagamos un gran periodismo y en particular no hacemos un gran periodismo cultural, con sus muy honrosas excepciones, pues de entrada creo que muy raramente los periodistas generan sus propias notas y se suscriben a lo que les dice su fuente".

Y es que para el editor de la extinta revista cultural El Huevo, el periodismo está a expensas de lo que los actores marcan como agenda a través de conferencias de prensa, invitaciones a conferencias y otras actividades y pocas veces, "se decide a descubrir una nota" por sí mismo, lo cual "es lamentable".

"Creo -agregó- que hemos formado malos periodistas, que escriben mal, tenemos muchos vicios mal heredados de las escuelas de periodismo; la pobreza del lenguaje es mucha, por lo que sin duda haría falta un mayor ejercicio autocrítico".

Con la intención de someter a un análisis crítico (en ocasiones agresivo y socarrón) su propio trabajo, Alvarado reúne en su nuevo libro una serie de ensayos y artículos publicados a lo largo de casi una década, bajo una versión "violentamente crítica", de Paul Wasso, editor y antologador heterónimo (seudónimo), creado con ese objetivo.

Los textos reunidos son producto de 17 años publicando en diversos medios, que incluyen las revistas culturales El Huevo, Fahrenheit y Revuelta, y de los que el autor se siente "menos avergonzado".

En un momento, añadió, "se me ocurrió que era buena idea reunirlos en un volumen", además le sedujo la idea de crear un heterónimo y rescatar un personaje que había creado 10 años antes, quien se encargaba de escribir una columna de coctelería.

Paul Wasso, explicó Alvarado, es "una especie de dandy vienés; arrogante, con ciertos aires retro, muy ilustrado pero al mismo tiempo muy prepotente, al que me sedujo la idea de erigir en una voz crítica del libro, un poco parodiando a las ediciones críticas que se hacen de muchos textos".

Así, de la mano de su antologador y "presunto editor", quien incluye más de 400 notas al pie de página, el escritor transita de temas como la seducción femenina, los escarceos poéticos de Baudelaire a la presencia total de la cantante de pop Madonna sobre el escenario.

Con gran erudición, sentido del humor y autocrítica, Alvarado aborda además temas tan dispares como las telenovelas, la música popular o la imagen de la actriz porno Sylvia Kristel y se adentra en reflexiones sobre el cubano Guillermo Cabrera Infante o el pensador Giles Lipovetsky.

En este ejercicio, el autor nunca se libra de las certeras y viscerales críticas de Wasso, "creo que un texto nunca está acabado y normalmente uno siempre quisiera trabajar más en él, esa conciencia crítica de los textos la tengo siempre desde que voy escribiendo".

De esta forma descubrió al regresar a algunos de sus escritos, diversas inconsistencias, imprecisiones e incluso errores que a través de Wasso se perdona, no sin antes lanzar una fu

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