Viajar en autobús en la capital salvadoreña es un peligro extremo

Por Arely Muñoz
Notimex

San Salvador.- Esmeralda Castillo es una de las tantas personas que teme por su vida cuando viaja cada día, a realizar sus labores, en los autobuses de la capital salvadoreña debido a los "ladrones y limosneros a los que hay que mantener".

La joven madre y egresada de la carrera de idiomas narró a Notimex que ella y los usuarios del transporte público deben soportar las amenazas de delincuentes, pandilleros y hasta personas pobres que se enojan si no se les da aunque sea una "cora" (25 centavos de dólar).

Castillo, como otros miles de personas, también ha sido víctima de la delincuencia, ya que en tres ocasiones ha sido asaltada dentro de la unidad de transporte público, donde la despojaron de todas sus pertenencias.

El Salvador es considerado como uno de los países con los más elevados índices de violencia del continente y según datos de la Policía Nacional Civil, 2007 cerró con tres mil 424 homicidios, una tasa que pese a ser elevada, es menor en 464 casos a los de 2006.

Según la institución, en la zona metropolitana se concentró en 30 por ciento de todos los delitos a nivel general.

Subirse a un autobús o un microbús en San Salvador es una verdadera proeza de valentía, dice la profesional que imparte lecciones de inglés en un centro tecnológico al sur de la capital, porque "te expones a que te maten, si no les da nada".

Comentó que en una ocasión viajaba de regreso a su casa cuando se subieron dos hombres y una mujer, que comenzaron a decir a los pasajeros que no querían hacerles daño y mejor sacarán todo su dinero por las buenas.

"Nos dijeron que era obligación que todos les diéramos dinero porque ellos no querían robar ni hacernos daño y que era una obligación. Claro, atemorizados y viéndolos con ropa de pandilleros, sacamos el dinero. Uno lo hace por resguardar su vida", aseguró.

La mayoría de autobuses en esta ciudad, además de estar en malas condiciones -con asientos desgarrados y conductores temerarios-, son un lugar estratégico para la delincuencia ya que los agentes de seguridad no pueden hacer mucho.

Pandilleros y ex reos suben completamente armados, con navajas y otros objetos peligrosos, para atemorizar a los pasajeros y despojarlos de sus pertenencias, donde los teléfonos celulares y el dinero son los objetos más codiciados.

Pero allí también abundan limosneros y todo tipo de vendedores, que se unen a payasos, lisiados y personas que se hacen pasar por miembros de organismos de beneficencia que, según ellos, buscan una colaboración para sus actividades.

En realidad, "es un verdadero peligro viajar en un autobús, pero no hay otra manera de hacerlo", dijo Castillo al expresar su molestia porque si bien es cierto la pobreza y la falta de oportunidades son elevadas, hay gente que manipula para recibir dinero a cambio.

La joven madre de un niño dijo que hay muchos hombres y mujeres que se suben con sus hijos en brazos y comienzan a contar historias -la mayoría inventadas-, para conmover a los usuarios y recibir dinero.

Para ella, algo de cierto podría haber en esas historias, pero también muchos lo hacen para manipular al pasajero.

"Le aseguro que muchas de estas personas que piden en los buses reciben más de lo que yo gano trabajando. Yo sé que el salvadoreño tiene muchas necesidades, pero es cansado que en cada bus que uno se sube, ingresan hasta tres personas para pedir", manifestó.

"No estoy de acuerdo con los niños que suben a los buses a pedir, los padres los exponen a

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