Rabia, impotencia, desesperación, todo en un cautiverio de seis años

(Primera de dos partes)

Por Edelmiro Franco
Notimex

Bogotá.- Sintió rabia, impotencia, desesperación, sintió tristeza al saber de la muerte de su marido y alegría cuando supo que nació su nieta, se apoyó en la Biblia y dice que ahora luchará por quienes siguen allá. detrás de los alambres de púas.

Consuelo González de Perdomo, relata con el alma su drama de seis años, tres meses y 10 días como rehén en las selvas del sur de Colombia; se come las lágrimas al recordar al "negro", su marido, sonríe al hablar de su nieta, se confiesa. se reconoce en libertad.

La ex congresista habla con Notimex ocho días después de ser liberada por las guerrilleras Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), y luego de decenas de entrevistas, cuenta lo que hasta hoy no había contado.

Un diálogo pausado de 35 minutos con una dirigente política del sur-occidente colombiano, en el apartamento en el que ha permanecido sin salir a la calle desde que llegó procedente de Caracas, el pasado 14 de enero.

Ella, junto con Clara Rojas, la ex candidata vicepresidencial también liberada, se convirtió en esperanza de otros 44 rehenes "canjeables" en poder de las FARC, que sobreviven en verdaderos campos de concentración en las profundidades de la selva.

Cuando Notimex le preguntó qué le gustaría decir que no haya contado ya en sus diferentes encuentros con la prensa en Caracas y en Bogotá, sonríe y tras unos segundos de silencio responde: el sentido de la solidaridad que hay en los hombres la Fuerza Pública.

Quiero Resaltar, dijo, "el altísimo grado de solidaridad y generosidad de la mayoría de los miembros de la Policía y del Ejército; resaltar esa valentía y ese coraje con que han enfrentado esta situación tan terrible".

"Creo que son dos factores que el pueblo colombiano debe conocer, porque a pesar de tanta dificultad que tienen que vivir, lo hacen con dignidad, con responsabilidad con sus familias, con su vida, con la institución", confió.

Sentada en una silla en la sala del apartamento de su hija, en un sector capitalino de clase media alta, donde aún destaca el árbol de Navidad, con un papá Noel y ramos de flores que recibió la noche que llegó de Caracas, Consuelo hace una crónica de su propio secuestro.

-¿Qué pensamientos tuvo la primera noche del 10 de septiembre del 2001, cuando fue secuestrada en el Huila (sur-occidente)?, fue la primera pregunta que arrancó el diálogo entre Notimex y una mujer en libertad.

(CG).- Mientras estábamos corriendo a velocidades altísimas no podía sino sentir un miedo inmenso y una angustia porque no sabía que iba a pasar. Después de la medianoche que logramos ubicarnos en un campamento, no pude conciliar el sueño pensando en lo que estaría sintiendo mi familia. Mis hijas, mi esposo, mi mamá, mis hermanos. Esa era mi preocupación.

Llega el momento de la primera pregunta difícil para el periodista, pero ineludible.

– NOTIMEX.- Su esposo, Jairo Perdomo, "el negro", como usted le decía, murió precisamente un año después de su cautiverio a causa de un infarto. ¿Cuáles fueron sus pensamientos el día que se enteró de su fallecimiento?

La respuesta fluye pausada: "Me parecía imposible y no podía creer que él ya no existiera. A veces, con rabia, le decía mentalmente que por qué no había hecho un esfuerzo para que me hubiese esperado.". En este punto de la conversación se abri&o

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